La Antología de cuento político latinoamericano que acaban de publicar los escritores y antólogos Enzo Maqueira y Juan Terranova tiene la virtud (o el defecto, según quien lo mire) de acompañar a los gobiernos de la región que se jactan de recomponer los tejidos políticos de un subcontinente eminente, tradicionalmente político. Cada escritor elegido por los antólogos narró u ofreció un pronóstico en clave política y ficcional de su propio país: así, los hay de Michel Encinosa Fú y Jorge Enrique Lage (Cuba); Mayra Luna (México); Pedro Cabiya (Puerto Rico); Denise Phé-Funchal (Guatemala); Georgina Vanegas (El Salvador); David Cruz (Costa Rica), y Rodrigo Blanco Calderón y Slavko Zupcic (Venezuela). Además, Margarita García Robayo (Colombia); Eduardo Varas (Ecuador); Diego Trelles Paz (Perú); Cristino Bogado (Paraguay); Giovanna Rivero (Bolivia); Andrea Jeftanovic (Chile); Inés Bortagaray (Uruguay); y los argentinos Hernán Vanoli y Héctor Kalamicoy. “Todos los autores son muy buenos y fueron seleccionados después de un proceso de más de dos años”, dice Maqueira. “Destaco la heterogeneidad: hay relatos donde el guaraní se mezcla con el español, cubanos que demuestran que se puede hablar de la revolución con una mirada original, relatos que dialogan con los medios de comunicación, otros muy humorísticos…”
–¿Comparte este volumen el ánimo, tan actual, de deplorar a quienes han escrito en los ’90, un poco como acusándolos de ser cómplices de un modelo que sin embargo fue refrendado por los argentinos en dos ocasiones, y mayoritariamente?
–En absoluto. En parte, si se condena la producción literaria de aquella época, es porque hubo una tendencia a producir desde una torre de marfil. Nosotros, en este libro, no atendemos a esa década. Preferimos atender a lo que ocurre todos estos años, de despliegue de una producción rica y variada en Latinoamérica, y en la producción eminentemente política. Esa política que es herencia en el continente desde Esteban Echeverría, Mariano Azuela o Martín Luis Guzmán, por poner apenas algunos ejemplos.
–Justamente, ¿qué noción de “política” subyace en la propuesta de volcar de un libro hecho con “cuentos políticos”?
–El más amplio. Desde luego, es posible decir que todo es político. Sin embargo, usamos la palabra, y se la transmitimos a los narradores sin ofrecer explicaciones o teorizaciones. El resultado ha sido la apropiación que ellos les han dado al término “político”. Y verán que hay cuentos desde una perspectiva de vida cotidiana, otros con aspiraciones a lo fantástico, unos eminentemente políticos, en el sentido tradicional del término. La idea es que todos los cuentos fuesen leídos en clave política. Existe un fenómeno en la literatura política del continente que se presenta como caja de resonancia de la nueva situación política en América Latina. La producción de Cortázar, por ejemplo, es diferente a lo que escribe nuestra generación, puesto que vivimos menos atados a las demandas del mercado.
–Eso, leí que dijiste, abre puertas a nuevos proyectos, al trabajo de editoriales independientes, como la que dirigís…
–Luego de la crisis de 2001, hubo una explosión de movimientos de autogestión, que encabezó Eloísa Cartonera, siguió con iniciativas como la de Milena Caserola y continúa con la nuestra, Outsider, y con muchas otras, donde se comienza a publicar a escritores marginales del país y de América Latina. La existencia de estas editoriales pequeñas es un hecho político. Se trata de editoriales alternativas que salen al mercado con una estrategia que podríamos equiparar con la lucha de guerrillas. Si bien el público es limitado, sirven, sobre todo, por el trabajo del escritor, en un medio que en general no es alentador. Hoy existen lazos de amistades que promueven las redes sociales, donde se ven conectados escritores del continente <
Una marca generacional
Además de editor, Maqueira –nacido en 1977– es docente, músico, actor y escritor. Su primera novela fue Ruda macho (2010) y el año pasado publicó El impostor. Ahora está escribiendo sobre su vínculo con el kirchnerismo. “Se trata de un recorrido, diría, generacional: aquellos que votábamos a la izquierda o a la centroizquierda, pero nos sentimos incluidos en un movimiento que se define como peronista, con todas las contradicciones que eso nos genera.”