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24 de Abril de 2014

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Las declaraciones del genocida Videla demuestran que Kirchner tenía razón

 El mensaje del represor, que desató el inmediato repudio desde todos los sectores, es la mejor muestra de que el país dejó en 2003 la senda de la impunidad por la de la memoria y justicia, tal como lo dijo el ex presidente en la ex Esma en 2003.

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Por:
Tiempo Argentino

 Opinión I

 

Un camino que comenzó Néstor

 

 

Victoria Montenegro

Nieta restituida.

 

 

Leí, como tantos otros, la nota del dictador, condenado por crímenes de lesa humanidad, Jorge Rafael Videla. Habló y mucho, diciendo más de lo mismo. Nada que no se esté investigando en los juicios por crímenes de lesa humanidad que el Estado argentino está llevando a cabo gracias a que ya no existen las leyes de impunidad.

No me impresionó la frialdad con la que expresaba lo actuado en aquellos años de plomo, sino el modo que utilizó para hacerlo. 

Leyendo esas líneas tuve la sensación de estar escuchando nuevamente el adoctrinamiento con el que crecí. Sentí que ese ser siniestro se sabe en el final de sus días y tuvo la oportunidad de dar una charla de formación a los nuevos cuadros de las Fuerzas Armadas, haciéndolos herederos forzosos de crímenes que no cometieron. Apelando a que reaccionen a defenderlas del supuesto sentimiento de venganza que mueve a los Kirchner. Puede resultar extraño pero la mención que hizo de la República desaparecida me llenó de esperanza. Que uno de los peores genocidas reconozca que esa República, que construyeron en base a secuestros, torturas, desapariciones, fusilamientos, robos de bebés, empresarios aniquilando la industria nacional y la Iglesia bendiciendo las armas que mataron al pueblo, está desaparecida, quiere decir que vamos por buen camino. 

Un camino que comenzó Néstor Kirchner. Ese presidente que fue el primero que tuvo la entereza de pedir perdón en nombre del Estado argentino por los años de impunidad, cuando nombró a los genocidas como asesinos repudiados por el pueblo argentino, cuando con justicia social nos devolvió la dignidad que nos habían robado, cuando nos ayudó a muchos a entender de qué estaban hechos aquellos jóvenes que el Estado terrorista hizo desaparecer, cuando abrazó a las Madres y a las Abuelas y ellas lo abrazaron como a un hijo, cuando nos dejó las mil flores que se inician en la militancia con un Estado que los convoca y los protege, lejos de aquél que él comandaba tirando criaturas al mar por considerarlas irrecuperables, peligrosas, contagiosas, infectadas de ideología apátrida como solía escuchar en las charlas del cuartel. 

Saber que la República que anhela el genocida Videla está desapareciendo, me llena de alegría. Entendemos que el lema de “Dios, Patria y Hogar” ya no es el que sostiene nuestra bandera. Hoy gracias a que los Kirchner nunca abandonaron sus convicciones, los argentinos volvimos a tener Patria y nuestra bandera la reconstruimos con Memoria, Verdad, Justicia, democracia y soberanía como dijo nuestra presidenta.

Nada de eso sería posible si nos motivara la venganza. Nos motiva el sentimiento de justicia que nos inculcaron las Madres y Abuelas; nos motiva encontrar a los nietos que todavía no llegaron a casa; nos motiva el recuerdo de Néstor, que vive en el corazón de los que nos sabemos personas comunes capaces de construir nuestra propia historia; nos motivan los sueños de los 30 mil compañeros que hoy, gracias a los Kirchner florecen cada día. 

Si tuviera que responderle algo al señor Videla, me alcanza con ver a mis hijos levantando sus banderas de Kolina. Felices y orgullosos de sentirse parte de un proyecto nacional y popular, para contarle que a pesar de todo, ¡no nos han vencido!

 
 
Opinión II
 
Las sentidas palabras de Kirchner, nuestro otro hijo
 
Taty Almeida
Madre de Plaza de Mayo - Línea Fundadora.
 
Las declaraciones del 
exgeneral genocida Videla, llamemos las cosas por su nombre, nada de “señor general”, en realidad no nos han sorprendido. Se trata de lo mismo que siempre dijo; es lo que siente. Con esas palabras demuestra una vez más el odio, la sed de venganza que siente por todos aquéllos/as que por años venimos exigiendo JUSTICIA, pero legal, jamás justicia por mano propia, brindándoles la oportunidad de defenderse, asistiéndolos en caso de enfermedad; todas las consideraciones que ellos no tuvieron con nuestros hijos.
Entre las respuestas, o mejor dicho, entre su monólogo, porque el periodista Ricardo Angoso, de lamentable postura, no repreguntaba y lo dejaba hablar, Videla hizo un repaso sobre el accionar de los presidentes Alfonsín, Menem, por supuesto rescatando lo que para él fue positivo y en un momento llega a “los Kirchner”, así los llama. 
Las aberrantes opiniones que manifiesta sobre nuestros queridos Néstor y Cristina no hacen más que corroborar, afirmar sin la menor duda, las sentidas palabras que nuestro otro hijo, Néstor, pronunció cuando recuperamos la ex Esma: “Pido perdón en nombre del Estado por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia tantas atrocidades.” Con estas palabras, y dichas en ese lugar donde hubo tanta muerte, tanto horror, sentí como los 30 mil le decían ¡PRESENTE! ¡AHORA Y SIEMPRE!
 
Opinión III
 
El rostro del odio
 
Luis Hipólito Alén
Subsecretario de Protección de Derechos Humanos.
 
La revista española Cambio 16 acaba de publicar un reportaje a Jorge Rafael Videla. Nada de lo que dijo el asesino que encabezó el genocidio en la Argentina es nuevo: ni la constancia de que las violaciones masivas y sistemáticas de los Derechos Humanos comenzaron antes del fatídico 24 de marzo de 1976, ni la exposición pública de la complicidad de políticos, empresarios y eclesiásticos en la mayor tragedia de nuestra historia son datos desconocidos; las palabras del dictador sólo confirman, una vez más, lo que ya se sabía.
Tampoco es nueva su reivindicación de la muerte como política oficial, que desplegó desde la jefatura del Estado terrorista. Cada vez que alguno de los genocidas ha elegido hablar, han reiterado, una y otra vez, que están orgullosos de sus crímenes y no vacilarían en repetirlos, si tuvieran la oportunidad. Así lo hicieron Menéndez, Bussi, Acosta, Astiz y demás delincuentes al hablar ante los tribunales que los juzgan.
Sus opiniones sobre los distintos gobiernos que, entre 1983 y 2003, se sucedieron en la Argentina, no son nuevas ni difieren de las que desparraman los voceros de la muerte en cuanta oportunidad se les ofrece. Claro que preferirían el olvido cómplice de la impunidad que quisieron imponer a la sociedad, para construir una pseudo democracia débil y sometida a los intereses en cuyo nombre asestaron el golpe criminal.
El veneno que destilan sus palabras, cuando se refiere a Néstor Kirchner y a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, es la reacción del criminal que ve truncado el goce de la impunidad frente a quienes, recogiendo las banderas inclaudicables de los organismos de Derechos Humanos y al reclamo social mayoritario, impulsaron el proceso de Memoria, Verdad, Justicia y Reparación que restituyó la dignidad a los argentinos y permitió la reconstrucción ética del Estado.
La perversión de palabras como democracia, república, orden institucional, equivalentes en su oscuro pensamiento a tiranía, entrega y genocidio, no pueden sorprendernos. El juzgamiento de los crímenes de la dictadura es hoy política de Estado, impulsada no sólo desde el Ejecutivo sino acompañada también por los otros poderes, y forma parte necesaria del contrato social de los argentinos. La defensa de la soberanía, la recuperación de la capacidad de decidir libremente nuestros destinos, la igualdad de derechos y oportunidades, la libertad de expresar opiniones y buscar y difundir informaciones no pueden ser gratas para quien conculcó los derechos fundamentales, entronizó el poder de unos pocos para disfrutar de las riquezas de todos y sometió a la patria al designio de intereses ajenos, dictados desde los centros del poder internacional.
¿Qué puede decirse, entonces, sobre las palabras del asesino, que no haya sido dicho ya? Y sin embargo, algo conmueve cuando nos enfrentamos a un Videla que expresa libremente su ideología, aunque lo haga desde la prisión en la que la democracia lo mantiene como fruto de sus crímenes. Lo que nos impacta, lo que nos mueve al rechazo más profundo, es la comprobación de que estamos frente a frente con la encarnación del mal que, lejos de la banalidad que Hanna Arendt creyó encontrar en su mirada sobre Eichmann, no le vino impuesto anónimamente sino que fue fruto de su decisión consciente, de una elección deliberada de los mecanismos del terror para “disciplinar” a una sociedad y así imponer su proyecto de dominio.
Lo que nos conmueve, lo que nos lleva a reiterar nuestro compromiso con la defensa irrestricta de los Derechos Humanos, con la construcción definitiva del “Nunca Más” como imperativo categórico, es vernos frente a frente con esa cara de Videla que es, nada más y nada menos, que el rostro del odio.
 
 
Opinión IV
 
Romper los pactos de silencio
 
Charly Pisoni
Militante de H.I.J.O.S.
 
Videla habló, pero no dijo todo lo que sabe. Volvió a ser noticia, porque estamos acostumbrados a que los genocidas callen y prolonguen los pactos de silencio. Es lo que hace la mayoría de ellos en las audiencias de los juicios por delitos de lesa humanidad. Los pocos que hablan revindican sus crímenes, como Videla en el juicio en el que fue condenado a prisión perpetua en Córdoba y ahora continúa haciéndolo en el juicio por el robo de bebés. Queremos escuchar a Videla, queremos que los verdugos digan la verdad. Ya esperamos mucho: 36 años. Es hora de que nos digan dónde están los cuerpos de nuestros viejos y sus compañeros, qué hicieron con ellos, quiénes tienen a nuestros hermanos apropiados, nacidos en cautiverio. Estamos alcanzando la memoria y la justicia, pero nos falta la verdad.
La complicidad civil en el terrorismo de Estado está al descubierto. Los dichos del reo asumen lo que sostenemos desde hace rato: el golpe de Estado no fue realizado por unos “militares locos”, sino que fue cívico-militar, con el apoyo de la cúpula eclesiástica, los grandes grupos empresarios, los principales partidos políticos, el poder judicial, los medios de comunicación, entre otros. La larga lucha contra la impunidad también está empezando a dar sus frutos en este sentido: ya fue condenado el integrante de la Iglesia Von Wernich; los genocidas civiles Martínez de Hoz y James Smart, y los jueces Miret y Romano van a estar pronto en el banquillo de los acusados; se está investigando la complicidad de grandes empresas, como Mercedes Benz, Ford, Ledesma, Techint, Acindar y Loma Negra, que se beneficiaron y fueron partícipes del terrorismo de Estado, e incluso algunas usaron sus instalaciones como centros clandestinos de detención y torturas.
El mensaje de Videla es claro: propone la amnistía, la reconciliación, la impunidad. La condena a sus palabras es unánime, pero debemos recordar que su mensaje de amnistía fue propuesto por varios candidatos a presidente en las últimas elecciones. Los dichos de Videla no son sólo ideas del pasado.
Si Videla critica este momento histórico, producto de una larga lucha iniciada en plena dictadura, quiere decir que estamos en el camino correcto. Desde el movimiento de los Derechos Humanos nunca bajamos los brazos, ni siquiera con los duros golpes que fueron las leyes de impunidad y los indultos. En 1998 escrachamos a Videla por primera vez, estaba libre y caminaba tranquilo por el barrio de Belgrano. En ese momento, Astiz decía que estaba entrenado para matar y Patti era candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. Lo imposible sólo tardó un poco más: hoy los tres están condenados a prisión perpetua.
El odio visceral de Videla hacia el proceso de Memoria, Verdad y Justicia que es política de Estado en nuestro país por la decisión histórica de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, es entendible: Videla y sus camaradas gozaron de la impunidad durante los gobiernos de Alfonsín, Menem, De la Rúa y Duhalde.
¿Es necesario aclararle al genocida Videla que esto no es venganza? No. Sabemos que lo dice para intentar reavivar apoyos caducos de la sociedad civil. Venganza hubiera sido que hoy pase sus días en un centro clandestino, torturado; que hubiésemos violado a su mujer; que hubiésemos robado sus pertenencias y nos apoderáramos ilegalmente de sus inmuebles; que hubiésemos robado a sus hijos y a sus nietos. Venganza hubiera sido eso y mucho más. Y nada de todo eso sucedió ni sucederá. Todo lo contrario, este reo, como los genocidas que están siendo juzgados, gozan de todos los derechos y garantías que no tuvieron nuestros padres.
Siempre militamos para que los genocidas sean juzgados y condenados. Cuando regían las leyes de impunidad los escrachamos y tampoco era venganza. Nuestra única venganza es ser felices. Porque a pesar de todo el horror causado, las ausencias forzadas, todo lo que le hicieron a nuestro pueblo, no pudieron robarnos la felicidad de estar juntos, de ser compañeros, militantes, luchadores. La mejor respuesta a cualquier intento de desprestigiar la memoria es esta realidad de justicia que estamos viviendo y que vamos a defender siempre.
 
Opinión V
 
Un intento imposible
 
Eduardo Jozami
Director del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti - Carta Abierta.
 
Por qué habló Videla? Quizás no valga la pena hacerse esta pregunta. No es raro que un condenado por la justicia aproveche cualquier circunstancia para hacer oír su voz, si está arrepentido para manifestarlo y si no lo está, como en este caso, para ratificarse en sus convicciones. Quizás sería más pertinente preguntarse porqué la revista española creyó que era momento para la entrevista, (¿por el debate sobre el franquismo que generó en España el caso Garzón?), pero tampoco vamos a analizar eso. Lo que nos importa es lo que Videla dijo.
Las referencias históricas que, a su juicio, permiten justificar el golpe, la alusión a la conducta que, en las vísperas, tuvieron los empresarios,  la Iglesia y los partidos políticos, se diferencia de  declaraciones anteriores de los responsables de la dictadura. La idea es la misma, demostrar que el golpe contaba con el apoyo o el visto bueno de las principales instituciones, pero en lugar de la amarga queja que aparece en las declaraciones del Tigre Acosta contra esos dirigentes que los habrían abandonado, Videla es cuidadoso en las referencias a quienes trata como posibles aliados.
Por eso, cuando invoca la adhesión de la Iglesia, “cumplió con su deber, fue prudente”, admite que hubo excesos que justificarían los reclamos del Episcopado, con el que –de todos modos– habría mantenido una excelente relación. Compromete notablemente al gobierno derrocado y a Ítalo Luder cuando afirma que este último les había dado “autorización para matar”, pero es cuidadoso en sus referencias al peronismo y a su líder. Hasta Isabel no queda del todo mal parada: “una buena alumna de Perón” a la que habrían faltado fuerza y conocimientos para el combate. Videla deja de lado su antiperonismo raigal porque, aunque las fuerzas de Eduardo Duhalde y el Momo Venegas siguen en retirada, el dictador no está en condiciones de renunciar a ningún aliado.
La referencia a Balbín, que exaspera a los radicales, muestra una actitud de diálogo con los golpistas que se repitió más de una vez durante la dictadura.No permite inferir que el líder de la UCR haya apoyado el golpe sino que lo consideraba inevitable y que se abstuvo de cualquier pronunciamiento en contra:“hay soluciones pero yo no las tengo”  declaró 24 horas antes del derrocamiento de Isabel Perón. Pero donde la prudencia de Videla llega a límites inimaginables es cuando hace referencia a Raúl Alfonsín. En un principio transita por el camino previsible, calificando al ex presidente como un socialdemócrata que habría sido abogado del ERP. Pero, con una amplitud de criterio que olvida la condena del juicio a las Juntas, opina favorablemente sobre las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Para Menem también hay un reconocimiento, “cumplió con los indultos y los perdones”. Esta amabilidad en la referencia a múltiples sectores y figuras del arco político –se agrega el reconocimiento a la colaboración de los empresarios y no necesita alejarse mucho de la verdad– se explica mejor cuando el dictador coloca al kirchnerismo como el enemigo principal. “Nuestro peor momento” considera Videla al de los dos gobiernos kirchneristas.
El punto donde el relato del dictador se vuelve casi incomprensible, balbuceante, es el que se refiere a los desaparecidos. La declaración de Videla evoca, necesariamente, aquella de otros tiempos que dio vuelta al mundo, ante audiencias escandalizadas frente al desparpajo con que el jefe de la dictadura se contestaba la pregunta ¿qué es un desaparecido? Pero en aquella ocasión Videla seguro de su poder, sobrador, actuaba con seguridad y se permitía el lujo de nombrar aquello que no es prudente nombrar. Como si alardeara frente a su auditorio, “fíjense lo que me animo a decir”. Sólo el cinismo iguala aquella declaración con la de hoy, pero conciente de que el tema de los desaparecidos es el talón de Aquiles de cualquier argumentación que intente defender la dictadura, llega en su incoherencia a decir que fue un error aceptar el término <desaparecido>, como si evitando la palabra pudiera modificarse la ominosa realidad.
La referencia a desaparición de la República es igualmente escandalosa. En el lenguaje de la derecha argentina, la metáfora republicana hace referencia a un agrupamiento de ciudadanos ilustres antes que a una sociedad cuyas instituciones funcionen democráticamente, pero el exabrupto de Videla no pudo ser aceptado ni siquiera por las corrientes más reaccionarias del arco político. Expresiones como esta muestran que aunque Videla quiera vestirse de oveja, la ferocidad de la dictadura no se olvida. El intento de mostrarse más político, buscar aliados y golpear al kirchnerismo se revela como imposible. La sociedad lo rechaza, también porque desde 2003 hemos profundizado el trabajo de memoria en todos los órdenes de la vida social. ¿Cómo no va odiar Videla a Néstor y a Cristina Kirchner? 
 
 

 

 

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