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Edición: 16 de Abril de 2014 | Ediciones Anteriores

16 de Abril de 2014

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Entrevista a Mariano Peluffo

 Esta noche, el popular conductor estrena Perdidos en la tribu, un “docureality” semanal de Telefe que muestra cómo tres familias intentan adaptarse a las costumbres y ritos de comunidades primitivas en Indonesia,  Etiopía y Namibia.

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Si la convivencia suele ser una experiencia de difícil resolución, imaginen cómo será el día a día en medio de una tribu autóctona de una región muy alejada a tu casa, que habla un idioma que jamás escuchaste y que además, te impone costumbres alimenticias y de subsistencia que ni se comparan con los campamentos con fogones en tus vacaciones familiares. 

Perdidos en la tribu, el docureality que se estrena hoy a las 22:15 por Telefe, con la conducción de Mariano Peluffo, propone tamaño desafío: tres matrimonios y sus hijos (los Moreno, los Villoslada y los Funes) viajan a vivir la experiencia de adaptación con comunidades de costumbres bien distintas a las argentinas. La primera familia llegará a Indonesia para conocer a la tribu Mentawai, la segunda será recibida por la tribu Hamer de Etiopía, y la tribu Himba de Namibia albergará a la tercera.

Al llegar a sus destinos, los consejos tribales les darán la bienvenida y, por única vez, un traductor les ayudará a comprender cuáles son las principales reglas de cada comunidad.  “Cuando a una familia le sacás todas los comodidades de la cultura occidental, aflora lo mejor, lo peor, lo más lindo y lo más feo del estilo de vida que tenemos. La tribu los recibe y arrancan de cero”, detalla Peluffo.

 

–¿Cuánto tiempo de sobrevida tendrías vos en un entorno sin confort?

–Creo que como ellos. Un mes sería mi máximo. Yo los entrevisté cuando salieron y los volví a ver al regresar a la Argentina. Vi cómo les cambió la cabeza a todos. 

–¿En qué sentido?

–Vuelven movilizados. En Etiopía hay que caminar siete kilómetros para buscar agua en un pozo donde también beben animales y lo que llevás es el agua de todo el día. Las costumbres son distintas,  duermen sobre un cuero. Hay una familia que tiene que levantarse su propia choza que construyen con bosta recién hecha. O por poner otro ejemplo, un padre tiene que realizar un combate como ritual donde pelea con un joven de la tribu. El desafío del programa es cumplir con todas las costumbres, sus rituales y ser además aceptados por ellos. 

–¿Nadie sabe a lo que se enfrenta?

–Saben que tienen que ser aceptados por ellos, pero no saben si hay juegos o no. El desafío real es adaptarse a la tribu. El campamento de la producción está alejado y se les da una cámara a las familias para que graben cada momento. Es una experiencia fuerte.

–¿Qué creés que implicaría mayor adaptación: que una familia criada en la civilización vaya a esos lugares, o que una familia de esas tribus venga a la ciudad? 

–Me parece que sería tan fuerte para unos como para otros. De hecho, en la segunda temporada en España, la tribu fue a Madrid. La atracción es el cruce de culturas.

–Estas tribus siguen viviendo en condiciones prehistóricas aún sobre la corriente de globalización mundial. ¿La intención es mostrar ese contraste?

–Sí. Ellos viven en las mismas condiciones de hace miles de años. Estas culturas no entran en el concepto de globalización o de aldea global; son distintas etnias que viven en aldeas. Para poder ir a grabar, la producción hace un contacto con el gobierno y hay un contrato con el jefe tribal y se acuerda un intercambio. La tribu recibe herramientas, plata, medicamentos, logística o apoyo. Se trata de cuidar y respetar sus costumbres, la idea es intervenir lo menos posible pero documentar esa forma de vida que todavía sigue así.

–¿Cómo se presenta el material de los tres destinos en el formato de 13 capítulos?

–Se entrecruzan las tres historias. En el primer episodio vamos a ver las llegadas de las tres familias y en cada capítulo se ve al avance… y los contrastes. Vamos a ver a unos con problemas para proveerse la comida, se toma un tema para abordar y se muestra las distintas opciones de cada tribu. Unos están a siete kilómetros del agua y otros viven al lado del mar, entonces cambia la dificultad y en Indonesia las chozas están elevadas porque abajo hay pantanal.

–La adaptación no es sólo social.

–No. Es climática, alimenticia. En Etiopia procesan un grano como el sorgo y lo hierven para comer.

–Tampoco es adaptarse al entorno, o superar pruebas como las de Expedición Robinson.

–No. La primera experiencia fue desde el punto de vista antropológico y se transformó en un reality con familias, por lo rico de la experiencia. La primera vez que se hizo fue en Bélgica, como una experiencia documental que mostraba cómo viven en una tribu aislada del mundo. 

–Tenés tres hijas, como padre, ¿qué característica crees le aporta a un niño el ser educado en un entorno natural?

–Uno debe educar a los hijos en el entorno en el que se van a desenvolver. Si es natural, vos vas a querer que tus hijos se muevan en ese entorno. Ahora, si yo crío a mis hijas en la pradera como Heidi y cuando tienen 18 se van a vivir a Nueva York, sería un choque. El entorno tendrá que ser armonioso, para estas tribus su entorno es armonioso y esas son sus costumbres. Hay una tribu donde los hombres comen,  y si queda comida luego comen las mujeres y los niños. 

–Eso sí es extremo. ¿Hay algún análisis de lo que  la civilización nos ha hecho perder?

–Yo creo que las familias lo encuentran.

–¿Por ejemplo qué?

–Cuando vuelven, los hijos te dicen: “Nunca hablé tanto con mis papás o los abracé tanto.” Acá se encuentran los cuatro en una choza a la luz de las estrellas y envueltos en un cuero. Y uno piensa: ¿Es necesario? Al llegar dicen: “Me voló la cabeza”, y cuando les pregunté si volverían, nadie me dijo que no y eso me pareció fuerte.

–Antes hablabas desde tu experiencia de padre. ¿Cómo enseñas a tus hijos el valor de lo que tiene si no conocen otras realidades?

–Es un gran desafío hacerles entender que hay otros que no tienen lo que ellas tienen, porque el extremo quizás es tener agua y alimento suficiente, pero hay millones de diferencias entre todos. Es un gran desafío hacerles entender que su realidad es distinta que la de otros. En Perdidos en la tribu las diferencias culturales son abismales. 

–¿Los locales llegan a comprender la frustración que viven los visitantes? 

–Creo que sí. Se dan cuenta por qué se ponen a llorar. Hay cierta exigencia en un idioma inentendible, hay tareas que no les sale o no pueden hacer. Los de las tribus desconocen las comodidades en la que nosotros vivimos.

–¿Cuál es la tribu de Mariano Peluffo?

–Mi mujer y mis tres hijas. No necesito nada más.<

 

Un premio de $ 300 mil

 

Luego de casi 30 días de convivencia, cada consejo tribal hará saber a los participantes si son admitidos como auténticos miembros de las comunidades. Hay un premio de 300 mil pesos para repartir entre las familias que lo logren. 

El formato ya se realizó en Holanda, Bélgica, Alemania, Noruega, Nueva Zelanda, Australia y España. 

Aquí es una es una coproducción de Telefe junto a la gente de Eyeworks Cuatro Cabezas.

 

 

De encierro en la Casa a la adaptación en condiciones extremas

 

Luego de Gran Hermano, Peluffo adopta un rol distinto como conductor. “Acá soy una especie de relator y funciono como nexo para poder hilar las historias y las realidades de las tres familias y tribus.”

 

–¿Tu relación con Telefe terminó con Gran Hermano?

–Yo tengo vínculos por proyectos con el canal. Terminó el vínculo con Gran Hermano y ahora establecí un nuevo vínculo contractual por Perdidos en la tribu.

–¿Nunca te hizo falta continuidad laboral?

–La llevo bien. Tengo una productora, Salta Violeta. Hace poco estrenamos un documental para Nat Geo que es Obsesión. Vivir con Miedo. Me mantengo  todo el año como productor. Elegí independizarme como productor y trabajar como conductor cuando se da. 

–¿Qué ventaja te dio tu experiencia de productor en el momento de ser conductor?

–Empecé en televisión como productor en Cablín, en el año ’94. Siempre trato de pensar como productor y no como conductor. Cuando me cuentan Perdidos en la tribu no lo pienso como celebrity; trato de tener claro qué puedo hacer como productor y qué no. Telefe me da Gran Hermano, Perdidos en la tribu, y yo por otro lado tengo la productora donde hago otro tipo de productos. Quizás algún día se junten y yo sea el productor de mi propio show.

–¿Cómo viviste la transición en la conducción de Gran Hermano una vez que renunció Rial? 

–Lo tomé como algo natural. Me encantó hacerlo. Cuando Jorge decide bajarse, o tomaba yo las galas o venía alguien de afuera. También hubiese entendido si el canal elegía a alguien distinto a mí. Me parece que eligieron la previsibilidad. Gran Hermano no había arrancado derecho, lo más lógico era que lo siguiera contando alguien que desde el principio estaba, me pareció una decisión lógica, quizás carecía de espectacularidad, pero a mí me gustó, me sentí a la altura de las circunstancias. Fue un lindo desafío. 

–¿Qué pasó con el público? ¿Gran Hermano es un formato que ya no interesa? 

–No creo que no interese.

–¿Entonces por qué no fue tan exitosa en rating esta edición?

–Yo te compararía esta edición con la anterior y así cada una con los tres ciclos. En 2001 se hizo el primero y explotó. Se hizo el segundo que ganó Roberto Parra y estuvo bien. Después se hizo el tercero y cumplió, y luego hasta el 2007 no se volvió hacer. Puede ser que en tres o cuatro años se arme de nuevo.

–¿El éxito depende del casting?

–Tiene que ver con otro contexto. Arrancamos en noviembre pero quizás si se hubiera salido más adelante y no chocábamos con Marcelo (Tinelli) era distinto. Fue el Gran Hermano más largo de todos y fue el que tuvo el premio más grande en dinero. Y terminó después de lo que estaba pautado originalmente porque se extendió 12 días más. Esta edición de Gran Hermano no explotó, pero cumplió. También hay que entender que si explota, copás la pantalla y que si no explota, lo tenés que terminar dignamente y esperar al próximo.

Todos a cantar

En Talento Argentino, Peluffo ya viajó por el país en busca de artistas. Aun frente a la referencia directa de parecidos con el Soñando por cantar que está haciendo Mariano Iúdica para El Trece, él marca diferencias: “En Talento no sólo se presentaban cantantes, y que hayas hecho primero un recorrido por el país no invalida que se haga después. Talent shows hay muchos, como American Idol y Operación triunfo. Yo lo veo más parecido a La Voz, que es una audición de cantantes y que acá va a conducir Marley. Allí también hay cuatro jurados y la búsqueda es por un cantante.”

¿Cuándo?

 

LOS LUNES. Perdidos en la tribu va los lunes a las 22:15 por Telefe. Son 13 capítulos.

 

 

 

 

 

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