
Por:
Oscar Laborde
Hoy, están ulitilizando esta nueva modalidad de los “golpes suaves”, pero el objetivo es el mismo: continuar saqueando a nuestros pueblos.
Como ya se han desprestigiado los golpes militares, el imperio buscó nuevas formas de imponer su dominación, como lo ha hecho a lo largo de las historia. El proceso histórico presente, en América Latina y la articulación de los gobiernos populares molesta a la derecha y a los grupos concentrados de la economía. El problema que tienen se debe a que los partidos tradicionales de derecha no son creíbles y han perdido su representación social para poder ganar elecciones democráticamente.
En estos días, se ha mencionado el tema de los “golpes suaves”. La idea de este tipo de golpes preventivos, institucionales o blandos, no es nueva. Desde hace unas décadas, no sólo se han implementado sino que se ha teorizado sobre el tema, desde instituciones como la Albert Einstein Institution (AEI).
Su objetivo es utilizar herramientas no violentas (y aun violentas), para atacar los pilares de los gobiernos que no siguen las directivas de Estados Unidos. La AEI trabaja, en lo distintos países, con sectores juveniles de la derecha y la clase media, aportando entrenamiento y asesoría en las técnicas de golpe suave.
Según la investigadora Eva Golinger, articulan unas 200 acciones y estrategias de desestabilización social, política y económica, que incluyen huelgas, manifestaciones pacíficas en las calles y el intenso uso de Internet y los medios tradicionales de comunicación para magnificar las acciones.
En la estrategia del golpe suave, que también se ha llamado “una revolución de colores” se utilizan “nuevos” actores sociales como los estudiantes en Venezuela; pueblos originarios en Bolivia; la policía en Ecuador; ambientalistas en Brasil y Perú; los agroganaderos (“el campo”) en Argentina.
El objetivo de los mismos es hostigar, desgastar o derrocar a gobiernos que no coordinan su estrategia con los Estados Unidos. Para lograrlo, ponen en escena a actores que expresan disconformidad y se movilizan por reclamos o reivindicaciones que muchas veces son justas. Aparentemente, esas reivindicaciones son concretas y no tienen teóricamente un tenor político. Sin embargo si lo tienen, pues sirven para crear un ámbito permanente de inestabilidad y caos.
Actualmente han avanzado con un “nuevo rol” del Parlamento y del Poder Judicial, donde están enquistados sectores conservadores. El Parlamento paraguayo derrocó a Lugo y en Brasil, realizó dos pedidos de impeachment a Lula. La justicia de Honduras avaló la destitución de Zelaya y en Venezuela fue cómplice de los golpistas contra Chávez.
¿Es creíble que los que han invadido países con miles de muertos, no tengan un plan para América Latina? Resulta muy difícil. Desde algunos medios hacen aparecer como intrigante esta posición de profundizar sobre el por qué de estos sucesos destituyentes, pero como dijo Michel Foucault: “El hecho de que sea paranoico no quiere decir que no me persigan.”
El juez Osvaldo Otheguy hizo lugar al pedido presentado por el bloque de Nuevo Encuentro y sostuvo que los decretos no pueden legislar en materia tributaria. Se suspende la aplicación de algunos artículos y como no se puede modificar un DNU se cae todo. Las fallas jurídicas del DNU.







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