
Por:
Tiempo Argentino
Lara Abigail Borosky tenía siete años cuando la mataron. Ocurrió el 1 de abril de 2007, entre las cinco y la siete de la mañana. La nena fue embriagada con alcohol y luego violada. El sometimiento, brutal, le produjo la muerte. Ese mismo día la policía detuvo a un adolescente de 17 años. En 2009, la justicia de Río Gallegos condenó a 30 años de prisión al joven, pero un error procesal le permitió al abusador y asesino recuperar su libertad un año después. Lo sorprendente del caso es que la madre de la víctima recién ahora se enteró de que el asesino de su hija está en libertad.
Clara Borosky no tenía previsto salir aquella noche de 2007, pero la insistencia de su vecina le hizo cambiar los planes. Recién a las tres y media de la mañana abandonó la casa Nº 118 del Barrio 152 viviendas de Río Gallegos, en Santa Cruz, para despejarse en un bar cercano. Antes le hizo prometer a Azucena Evaly que cuidaría bien de Lara. Evaly era la dueña de la casa, y Borosky y su hija le alquilaban una pieza. El trato incluía compartir la cocina y el baño, y junto con las mujeres vivía también el hijo adolescente de Evaly.
En agosto de 2009, la Cámara en lo Criminal de la Primera Circunscripción Judicial de Santa Cruz probó que durante la ausencia de Borosky, “Azucena Evaly, aprovechándose de la situación de convivencia preexistente con la menor y valiéndose de su condición de guardadora de la misma, facilitó el ingreso de personas no identificadas, permitiendo que su hijo y sus acompañantes, le suministraran alcohol a la menor, y abusaran sexualmente de la misma, accediéndola carnalmente por vía anal e intentando penetrarla por vía vaginal, todo ello en forma violenta”. La autopsia concluyó que “por consecuencia de la violenta dilatación anal, se produjo la muerte de la victima por inhibición vagal”, un fenómeno que los forenses definen como “una muerte inesperada”, que ocurre en segundos o minutos, después de un trauma o estímulo interno.
La investigación de las circunstancias alrededor de la muerte reveló que “el estímulo probablemente inició un reflejo inhibidor cardiovascular fatal”.
Sin embargo, Evaly, que durante el juicio afrontó la acusación de partícipe necesario de la violación seguida de muerte de Lara, resultó sentenciada apenas por encubrimiento. El lazo filial le alcanzó a la mujer para evitar la cárcel. A su hijo, en cambio, lo favoreció una desatención del poder judicial.
Una jueza que tuvo intervención en una instancia del proceso contra el adolescente también participó del tribunal que más tarde lo condenó, una “falta” que determinó la anulación de todo lo actuado y permitió que el violador y asesino de la niña espere un nuevo juicio en libertad. A todo esto se sumó que las abogadas de Borosky también cometieron errores a la hora de apelar y tampoco le informaron a su clienta que el asesino había sido liberado.
El enfermero Raúl Darío Martínez también resultó condenado en el mismo proceso. Martínez mantenía una relación amorosa con Evaly y, según probó la justicia, “fue quien asesoró sobre cómo desvirtuar cualquier indicio del hecho”. Martínez limpió y lavó a la niña, e hizo desaparecer los elementos que podrían ser incriminantes. En el debate se demostró también que “su celular había mantenido reiteradas comunicaciones con las líneas de sus consortes en la causa”. Fue sentenciado a tres años por encubrimiento agravado que es una pena excarcelable.<
Tras las revelaciones de Tiempo Argentino sobre la causa de lavado de dinero, el fiscal pidió al juez Torres, que instruye la causa por la autodenuncia del banquero arrepentido Arbizu, que amplíe el requerimiento a las autoridades estadounidenses para que informen sobre la cuenta de la accionista del Grupo Clarín.






