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Tiempo Argentino
Que la música clásica sea "elitista" es "la mentira más grande del mundo". Eso aseguró ayer el pianista y director Daniel Barenboim, que con su orquesta, la West-Eastern Divan, quiere contribuir a desmontar esa falsedad.
El músico argentino llegó ayer a Madrid procedente de Ginebra para presentar la grabación en directo de las sinfonías completas de Beethoven, testimonio de su proyecto Beethoven for all, con el que él y la orquesta están llevando la música del alemán por todo el mundo. Una de las paradas de Barenboim en Europa iba a ser hoy en Madrid, en la Plaza Mayor, pero la "crisis" se llevó por delante la cita, aunque sí se mantiene la del 18 en Sevilla, la provincia española donde la "Divan" –como se refiere a ella su director– tiene sede, en la Fundación Pública Andaluza Barenboim-Said.
Beethoven, explicó Barenboim durante una conferencia de prensa, es "la columna vertebral" de la orquesta desde que él y el fallecido filósofo palestino Edward Said la fundaran en 1999, porque, recordó, la primera vez que se reunieron en un ensayo fue para tocar su Séptima sinfonía.
Cada año la orquesta interpreta a Beethoven, porque su música, según Barenboim, tiene "de todo". "Es dramática, lírica, poética y nada superficial ni coqueta. Sólo se ocupa de lo esencial y por eso es realmente un hilo conductor de la orquesta", detalló.
Desde que comenzaron la gira Beethoven for all en el Teatro Colón de Buenos Aires, en 2010, tocan el ciclo completo por todo el mundo. El año pasado fue el turno de las ciudades asiáticas y ahora, de las europeas.
La Divan es un proyecto "extraordinario" y "lo más importante" que Barenboim ha hecho en "toda su vida", no sólo por el espíritu de conciliación entre judíos, palestinos y árabes que la anima, sino porque esta orquesta "de primerísimo orden" busca la conexión entre la música "y todo lo demás". El proyecto, que primero se instaló en Weimar, luego en Chicago y en 2002 en Pilas (Sevilla), trata de desarrollar la curiosidad "para escuchar y oír el narrativo del otro" y, al mismo tiempo, busca ofrecer a sus miembros una educación musical "que no se da en las escuelas" ya que se trata de una formación cultural integral.
Barenboim insistió en que la Divan no es un proyecto político, sino humano, el de pueblos profundamente convencidos de tener el mismo derecho de vivir "en el mismo pequeño pedazo de tierra". "No hay otra solución que vivir juntos o lado a lado, pero no espalda contra espalda", enfatizó. Los miembros de la Divan, ha precisado, no son "chicos", sino músicos con edades entre los 15 y 43 años, provenientes de todo el mundo, que en los últimos años tocan, entre otras, en la Filarmónica de Berlín o en la Bavaria de Munich, y de los que ha aprendido "mucho". «
Efe
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