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31 de Julio de 2014

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La importancia de la industria en el modelo económico argentino

Un repaso sobre las principales características del crecimiento industrial registrado todos estos años y los desafíos a mediano plazo para un sector clave del desarrollo.

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Frente a lo que el economista alemán Albert Hirschman llamó “la industrialización doblemente tardía” en las naciones latinoamericanas –para diferenciar los procesos de industrialización tardía de algunos países de Europa y Asia en la segunda mitad del siglo XX– el vertiginoso crecimiento industrial de la Argentina en apenas nueve años resulta digno de destacar. La expansión del sector fabril, a un promedio anual de 9,5% en el período 2003-2010, incluso se ubicó dos puntos porcentuales por encima del crecimiento del PBI “a tasas chinas” durante el mismo lapso. Así, pareciera que celebrar el día de la industria en la Argentina actual cobra sentido y valor, a diferencia de otras épocas cuando el recuerdo de la fecha en un país donde cerraban fábricas y se desmantelaban parques industriales era casi un absurdo. 

Tras la salida de la Convertibilidad, por lo tanto, la industria se ha convertido en uno de los motores del crecimiento agregado de la economía. El establecimiento de un tipo de cambio diferenciado mediante retenciones ha posibilitado su mayor incidencia en el PBI frente a una coyuntura internacional de persistente elevada cotización en los precios de las materias primas, que tensiona en sentido contrario a la industrialización. Lo propio puede decirse de la incidencia de la industria en el comercio exterior, con una participación de las manufacturas de origen industrial (MOI) en el saldo total exportable cercano al 35%, hecho sin precedentes en la historia económica argentina reciente. 
Lo conseguido hasta aquí abre la posibilidad de un repaso sobre las principales características del crecimiento industrial registrado todos estos años e introduce una serie de desafíos a mediano plazo para un sector clave del desarrollo, relegado por décadas entre aquellos que buscaron consolidar un país eternamente agroexportador y para pocos.
 
LOGROS Y ALCANCES. Algunas características del crecimiento industrial han tenido efectos concretos en la mejora de la distribución del ingreso. El empleo industrial aumentó más de un 170% desde el 2003. Según datos del Ministerio de Industria, uno de cada cinco empleos generados provienen del sector manufacturero. La expansión fabril se verifica también en el impulso a las pymes, con la creación de 140 mil nuevas empresas donde el último año el 75% consiguió incrementar sus inversiones. En el 2011 hubo anuncios de inversión por más de u$s 41.000 millones, duplicando los valores del 2010, y más del 80% fueron destinadas a la generación de nuevos proyectos productivos o ampliaciones de plantas. 
La creación de parques industriales, indudablemente, ha sido otro de los rasgos más relevantes de todo este proceso. La cantidad en los últimos nueve años se incrementó en un 275%, con 300 parques industriales que en la actualidad representan 18.294 empleos en todo el país.
En la reciente jornada “Financiamiento Bancario para el sector productivo”, organizada el último martes por la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA) y la UIA, se repasó la actualidad del Programa de Financiamiento Productivo del Bicentenario, un plan creado en el 2010 como mecanismo crediticio a largo plazo para dar impulso a proyectos de inversión de pymes. La normativa del Banco Central prevé préstamos de 5 años de plazo (que incluye hasta 12 meses de gracia para la amortización de capital), y una tasa fija del 9,9% anual, con financiamiento en pesos hasta el 80% de la inversión. La Unidad de Evaluación de Proyectos (UEP) del Ministerio de Industria ha aprobado hasta el momento 462 proyectos, que representan créditos por $ 9.537 millones, de los cuales el 62% fue dirigido a pymes. El objetivo es crear 30 mil puestos de trabajo e incrementar las exportaciones en $ 16.423 millones, sustituyendo importaciones por aproximadamente $ 5.800 millones.
La estrategia a largo plazo para la industria está planteada en los objetivos dispuestos en el Plan Estratégico Industrial Argentina 2020 presentado en el 2011. En nueve años se proyecta la creación de 1,5 millones puestos de trabajo para llevar el desempleo al 5%. El sector de la construcción tendrá un papel fundamental, en tanto representa el 40% del empleo industrial contemplado en dicho plan. El textil, automotriz y autopartista también cumplirán un rol destacado y serán sectores a priorizar en breve.
 
DESAFÍOS. Argentina enfrenta actualmente dos problemas diferentes, aunque relacionados entre sí. Por un lado, la necesidad de evitar un estrangulamiento del sector externo, para lo cual, en el corto plazo, se impone continuar fortaleciendo al sector exportador, tratando de aumentar las cantidades vendidas para evitar los problemas de la restricción externa o la eterna tentación, fogoneada desde sectores del establishment, de volver a los mercados internacionales de crédito a cualquier costo. Por otro lado, resulta necesario aumentar la competitividad de los sectores con mayor densidad tecnológica, hecho que no solamente atañe al desarrollo en el corto o mediano plazo, sino, fundamentalmente, a la dinámica de la acumulación de capital en términos estructurales y al rol del país en la división internacional del trabajo.
Durante el neoliberalismo, el déficit en el intercambio comercial de bienes industriales se consolidó fruto de la apertura económica, la baja de los aranceles y la apreciación cambiaria. Esta situación se revirtió desde el 2002, pero en el 2007 se volvio al déficit industrial, luego de una importante expansión, en parte, por la utilización de la capacidad ociosa que venía de la década previa. En efecto, mientras que entre 2003 y 2010 las exportaciones de manufacturas se expandieron en un 13% anual acumulativo, las importaciones lo hicieron en un 22,4%, achicando el superávit inicial. De allí que un importante desafío sea profundizar el proceso de sustitución de importaciones acompañando orgánicamente el crecimiento de la actividad económica y la producción. 
Por otro lado, si bien se han incrementado significativamente las exportaciones industriales, con el consecuente aumento del valor agregado que constantemente se pondera como vector de competitividad, entre los complejos exportadores que intervienen en las exportaciones de manufacturas –salvo algunas excepciones– persiste una tendencia a la especialización productiva sobre la base de ventajas comparativas estáticas y recursos naturales, lo que revela que crecimiento y diversificación no son procesos automáticos ni complementarios. En promedio, en los últimos años solo cinco grandes complejos (oleaginoso, automotriz, agroindustria, petrolero-petroquímico y minería) han explicado el 83% de las ventas externas del sector, mientras que durante los noventa el porcentaje era del 77%. A su vez, dos de las cinco ramas (automotríz y petróleo-petroquímica) son altamente deficitarias a nivel intrasectorial.
El nivel de concentración, además, también se expresa a nivel empresario. Por ejemplo, entre 2003 y 2008, más del 80% de las exportaciones de bebidas, autos y minerales se explican por la elite de las 200 empresas con mayores ventas del sector no financiero. Si bien se ha fomentado la expansión de pymes con créditos y beneficios fiscales, el poder de veto que continúan ostentando algunas grandes firmas industriales las coloca en inferioridad de condiciones para lograr un proceso real de acumulación de capital.
Finalmente, la extranjerización, un sesgo estructural de la economía argentina en gran parte explicado por políticas neoliberales que garantizaron marcos jurídicos propicios a la extranjerización económica, difíciles de revertir. Durante el decenio del 2000, las firmas extranjeras que integran el selecto grupo de las 100 compañías de mayor envergadura explicaron dos terceras partes de las ventas de esa elite empresaria y el 50% de las exportaciones industriales totales. En este punto, sectores de notable expansión reciente, como la minería, juegan un papel central, al ser mercados ampliamente dominados por el capital extranjero, lo que entre otras cosas provoca una continua remisión de utilidades sobretodo en momentos de crisis internacional y de falta de divisas en naciones del centro. Por lo tanto, se impone desde el Estado una mayor capacidad de disciplinamiento a empresas y empresarios para forzar mayores niveles de reinversión privada en la industria local. En este escenario seguramente jugará un rol destacado la recuperación de la soberanía hidrocarburifera con la expropiación de YPF a la española Repsol. 
En suma, se trata de logros y desafíos de una industria que hoy celebra su día con renovado protagonismo dentro de un proceso político que la fortalece e impulsa. «
 
 
¿Por qué un día de la industria?
En un país con una historia industrial tan marcada por rupturas y discontinuidades, que durante años disputó con el “campo” la orientación del perfil productivo nacional, celebrar el Día de la Industria desde 1941 es una manera de tener presente que la Argentina puede –y debe– ser mucho más que un país productor de alimentos o materias primas. La efeméride remite a un 2 de septiembre de 1587, cuando la historia cuenta que partió desde Buenos Aires una embarcación llamada San Antonio rumbo a Brasil, con el primer cargamento exportable de los que se tengan registros. Los productos eran los característicos para la época: mayormente textiles regionales (lana, frazadas, lienzos, sombreros, etc.) y manufacturas de las zonas de Tucumán y Santiago del Estero.
El hecho constituye todo un antecedente ante la decisión de aquellos comerciantes por generar una producción que excediera su propio consumo, con el objetivo de abrir mercados y expandir las fronteras comerciales. Luego de años en donde se priorizó la exportación de productos con nulo valor agregado, hoy la gran preocupación parece estar centrada en fortalecer el sector externo como proveedor principal de divisas, aumentando cantidades exportadas pero también incrementando el valor agregado a la producción, de manera de encarar el desafío de la competitividad que asoma como el gran reto en el intento por revertir la inserción subordinada en el comercio internacional que caracterizó a la producción exportable argentina durante décadas. 
 
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