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23 de Julio de 2014

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"No me agarró miedo porque soy colombiano y tengo cojones"

El hecho ocurrió ayer a la mañana en el centro porteño. Los delincuentes simularon ser clientes y cuando el gerente del comercio llegó al local entraron en acción. Tenían el dato de que se pagaban los sueldos. Huyeron sin concretar el robo.

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El colombiano Francisco Sepúlveda tiene 26 años y trabaja desde febrero como cajero del restaurante La Pasiva, en Corrientes al 1700, a metros de avenida Callao, en pleno centro porteño. Ayer, fue protagonista de una actitud que para algunos fue temeraria y para otros absurda: se trenzó a golpes con uno de los tres delincuentes que entraron a robar al local. “Hice lo que debía y lo volvería a hacer. No me agarró miedo porque soy colombiano y tengo cojones”, dijo.
Cerca de las 10 de la mañana, en el restaurante había más empleados –entre 12 y 15– que clientes. A nadie le llamó la atención la presencia de dos hombres que se sentaron en una mesa al fondo del local y pidieron dos cafés. Tampoco levantó sospechas otro muchacho que aguardaba sentado en una mesa que está junto a la puerta de entrada.
“Apenas llegué los dos que estaban atrás se pararon, sacaron sus armas y comenzaron a amenazarnos”, explicó a Tiempo Argentino Héctor Rodríguez, el gerente del lugar.
“Uno de ellos fue para la caja pero Francisco saltó la barra, se le tiró encima y le empezó a pegar”, agregó Rodríguez.
La secuencia quedó grabada por las cámaras de seguridad. En las imágenes se ve claramente como Sepúlveda se pelea con uno de los ladrones armados, que este lo golpea con la pistola en la cabeza, hasta que intercede otro de los asaltantes y el propio Rodríguez también intenta hacerlo. La pelea termina con un cruce de insultos.
El gerente detalló que los dos delincuentes que estaban en el fondo tenían pistolas pero no pudo asegurar lo mismo respecto del que tenía el rol de hacer de "campana".
Rodríguez también quiso intervenir pero uno de los ladrones le advirtió: “No te muevas que te tiro”. “Tirame”, respondió Rodríguez sin quedarse atrás.
Los investigadores y el gerente creen que los delincuentes habían realizado cierta inteligencia en el negocio: sabían que Rodríguez estaba por pagar los sueldos y que el dinero estaba en la planta alta del local. “Vamos para arriba”, fue lo primero que le dijo al gerente el ladrón que llevaba la voz cantante.
“La reacción de Francisco me enorgullece, estoy muy emocionado. Tenían datos precisos de todo. Estamos en un gremio donde a veces tenemos muy pocas defensas. No tenemos armas, sólo cámaras de seguridad. De mi parte, si me vuelve a suceder vuelvo a reaccionar igual”, añadió Rodríguez.
“Quise defender lo que es mío, este es mi trabajo y es lo que me da de comer”, contó Sepúlveda. “Hace muchos años fui campeón juvenil de lucha en Colombia. Ojalá aquí quede como un colombiano héroe, nadie es profeta en su tierra dicen”, añadió.
“Los delincuentes se fueron porque creyeron que ya era una causa perdida. Uno de ellos me dijo: 'quedate ahí' y ahí nomás nos dijimos vulgaridades. Nos calentamos, como se dice”, concluyó Sepúlveda.
Los delincuentes escaparon rápidamente sin concretar el robo y entonces Rodríguez llamó a la policía. Pese a que varios patrulleros llegaron al local enseguida, no lograron dar con los ladrones. En tanto, el cajero fue atendido por médicos del SAME debido a los golpes que sufrió en el rostro y el cuero cabelludo, aunque no hizo falta hospitalizarlo.

–¿Por qué crees que no te dispararon?
Francisco Sepúlveda: –Realmente no lo sé. «

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