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Edición: 21 de Mayo de 2013 | Ediciones Anteriores

21 de Mayo de 2013

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Nevados de Acay: en la Ruta 40, la más alta de América del Sur

Por el abra de Acay pasa la ruta más alta de América, superior al pico más alto de Europa: el Mont Blanc, en los Alpes suizos. Cerca de los nevados, cuya cumbre alcanza los 5716 metros, exploramos la Puna, los celestes puros de su cielo y el dorado ceniciento de sus cerros. A uno y otro lado de la quebrada, los cardones lucen sus flores blancas y el aroma a palam palam. 

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Todavía no había aclarado cuando salimos en la 4x4 con rumbo al Acay. Primero por la Ruta Nacional 68 y después por la 51, recorrimos el mismo camino que realiza el safari, cruzando Cerrillos, La Merced, Campo Quijano y demás poblados somnolientos hasta ingresar a la Quebrada del Toro.

El enigma de Santa Rosa: a uno y otro lado de la quebrada, los cardones lucen sus flores blancas y el aroma a palam palam (planta muy tóxica utilizada como alucinógena cuyas hojas son cicatrizantes) se distingue sutilmente en el ambiente. 
Nos detuvimos en El Alizal y en Chorillos para observar las obras de ingeniería del ramal C14, los rulos y zig-zag que permiten al Tren a las Nubes ascender varios metros en pocos kilómetros. 
Paramos cerca de las 9 en Santa Rosa de Tastil para desayunar. Este pequeño poblado, antesala de la puna, no deja de fascinarnos por su pasado. Entramos al Museo Arqueológico, donde desde 1978 se exhiben hallazgos preincaicos, como la momia del salar de Hombre Muerto, de alrededor de 600 años.
La guía de museo tocó una melodía en el "listofón" que se encuentra en el museo. Este instrumento musical se compone de piedras de la zona, que por su concentración de cuarzo resuenan al golpearlas. "Tastil" significa piedra que suena. 
Hacia la montaña sagrada: seguimos viaje con rumbo al córdon del Acay. Estábamos ingresando a la quebrada de las Cuevas y el sol brillaba sobre el celeste puro del cielo puneño. A medida que ascendíamos, empezamos a sentir los efectos de la altura. Es bueno hacerle caso a los parroquianos y tomarse un té de coca o empezar a coquear antes de ingresar a la Puna. 
Mientras avanzábamos, nos acompañaban las llamas y vicuñas, reinas absolutas de las alturas. 
En Abra Blanca alcanzamos los 4080 metros y desde allí pudimos divisar el volcán de Llullaillaico y el nevado de Chañi. Ambas formaciones junto con el Acay, que posee 5716 metros sobre el nivel del mar, son consideradas montañas sagradas porque en ellas se encuentran los santuarios de altura construidos por las culturas indígenas. 
Las rutas que transitábamos fueron las mismas que durante el siglo XI trazaron los incas, parte de una fantástica red que superaba los 2500 kilómetros de extensión y que permitía consolidar su imperio. 
En lo más alto: la Ruta Nacional 51 nos conducía ahora a la estación ferrocarril de Muñano, punto en el que nos desviamos hacia el sur por la 40. Unos kilómetros más y alcanzamos los 4897 metros del abra de Acay, nuestro punto culminante.
Esta abra es un hito de altura que sirve de bisagra entre las planicies de la puna y las del valle Calchaquí. Por la pared sur del nevado de Acay, descienden las aguas de deshielo que se convierten en el río Calchaquí, cuya cuenca representa la más larga del país, dado que desemboca en el Juramento y se transforma luego en el río Salado. 
 
 
La Poma, el pueblo de Eulogia Tapia
Bajamos 2000 metros para seguir 79 km  en dirección a La Poma.
En el camino nos encontramos con Juana, que vive con su madre en una casita entre los cerros. Iba desandando la montaña a paso lento para llegar al poblado más cercano a vender sus quesos de cabra.
El pueblo de Eulogia Tapia: entramos a La Poma por el Pueblo Viejo, destruido en el implacable terremoto de la Nochebuena de 1930. Un callejón enmarcado por dos pircas de abobe de unos 500 metros de largo encierra parte del caserío que fue reconstruido. Pero la mayoría de los habitantes del pueblo se trasladó a un kilómetro de distancia junto al río Peña. 
Es la tierra de doña Eulogia Tapia, a la que el poeta Manuel Castilla y Cuchi Leguizamón le dedicaron la canción nacida de los carnavales de La Poma. “La tierra nos cría y la tierra nos come” sentenciaba Eulogia a sus 67 años; y así pasó en La Poma, pero ni el terremoto ni el tiempo pudieron con sus encantos. 
En la hostería nos recibieron Aida y Juan para almorzar. 
Después de una provoleta regional exquisita y las tradicionales empanadas, Juan nos convidó con té de pétalos de rosa, cáscara de naranja, hojas de coca, muña muña y rica rica, todos yuyos medicinales que crecen a más de 3000 metros de altura. La infusión resultó casi mágica y, al rato de hacer efecto, nuestro estado físico ni recordaba el apunamiento.
Camino a Cachi: nos costó arrancar de la siesta pomeña para dirigirnos a Cachi. Cuando salíamos, divisamos los volcanes Gemelos, de sólo cien mil años de edad pertenecientes al periodo cuaternario. Estos volcanes poseen lavas basálticas que causaron el taponamiento del río y formaron lagos temporarios. 
Nos desviamos para conocer Los Graneros, una cueva con silos circulares y rectangulares, en teoría construidos por los incas para acopiar principalmente maíz. 
Dejamos La Poma y solo nos detuvimos para apreciar como caía la tarde en el valle Encantado. 
 
 
RIO JURAMENTO: COBRANDO GRANDES EJEMPLARES
El Tunal: pescar dorados en medio de la selva salteña
La selva salteña recibe del Nevado de Acay, situado en la precordillera salteña y a casi 6000 metros sobre el nivel del mar, distintas y laberínticas lenguas de agua que, unidas bajo el nombre de río Calchaquí, desembocan en el hermoso dique Cabra Corral, ubicado en el centro de la provincia de Salta. De sus aguas nace encajonado un río cuyas paredes parecen pintadas por la brocha de un pintor. Es el Juramento y lleva sus aguas corriente abajo hasta el dique El Tunal para luego atravesar la provincia de Santiago del Estero y llegar, con el nombre de Salado del Norte, hasta Santa Fe donde, luego de cientos de bañados y lagunas, vuelca sus aguas en la cuenca del río Paraná que concluye finalmente en el Río de la Plata. De la alta montaña al inmenso delta, el dorado remonta toda la cuenca y llega hasta aguas abajo del dique El Tunal. En estos sectores del río se encuentran verdaderos paraísos en los que es posible disfrutar la pesca deportiva. 
En tiempos en que los dorados no abundan y cada vez pesan menos, pescar en el Juramento significa tener la posibilidad de encontrarse con los más grandes dorados que aún sobreviven en nuestro país. Verdaderos abuelos del río que, de una dentellada, son capaces de cortar en forma instantánea el sedal. 
Finalmente llegamos al lugar de partida y las balsas apoyaban sus narices a orillas del río. Alejandro Haro y Marcelo Zambrano no sólo son dos experimentados guías de pesca, son, por sobre todo, amantes de una naturaleza que está en vías de extinción y que guarda en estos rincones del norte argentino sitios únicos que todavía pueden disfrutarse. 
Según Marcelo, los primeros kilómetros sirven para familiarizarse con el equipo y sobre todo con el tiro. El tiro debe ser preciso y justo, los dorados se encuentran en los huecos que forma la orilla, esperando la aparición de sus presas. Tanto con cucharas como con señuelos o moscas, los lances deben realizare río arriba para luego ir recogiendo el engaño a la misma velocidad que se desplaza la balsa. Los grandes dorados habían sido la excusa perfecta para acercarnos a uno de los lugares más vírgenes que tiene la selva salteña. La pesca y devolución es uno de los lemas que este ambiente no debe perder jamás, aunque algunos todavía no hayan conocido sus ventajas y beneficios. 
 
 
Datos útiles
RAFTING Y CANOPY: 
Duración: Medio día. 
Dificultad: Baja. 
Cómo llegar: De la localidad de Cnel Moldes se toma el desvío por la Ruta Provincial 47 y después de recorrer 34 km se accede a la base.
Horario: Todos los días a las 10. 
Contacto: Salta Rafting y Canopy, Cabra Corral - Ruta Provincial 47 Km. 34, Salta, Tel. +54 387 401-0301
 
LA RUTA 40: 
Duración: Todo el día. 
Dificultad: Baja. 
Horario: Salidas garantizadas miércoles y sábados a las 6. Llegada 21:00. 
Para tener en cuenta: Como se llega a 4895 metros sobre el nivel del mar, si anteriormente no ha estado en lugares de altura, es recomendable consultar a un médico. Hay que llevar ropa cómoda y de abrigo porque, aún en verano, el viento y la altura bajan considerablemente la temperatura. Tampoco hay que olvidar el protector solar,  aconsejamos tomar un té de coca antes de salir y, si se anima, mascar algunas hojas antes de ingresar a la puna, para evitar el apunamiento y disfrutar mejor la excursión.
 
PESCA EN LA SELVA: 
Se recomienda llamar con anterioridad a la fecha programada para asesorarse sobre las condiciones climáticas. Por más kilómetros que deban recorrerse, el viaje se justifica 100%. Los dorados están, son enormes y luchan como para no olvidarlos fácilmente. 
Contacto: Marcelo Zambrano, Los Quilmes 76, Salta.
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