
Por:
Yésica De Santo
El inicio de la primavera recuerda la lucha mundial contra la enfermedad del olvido: el Alzheimer, una patología neurodegenerativa que en la Argentina afecta a 400 mil personas. Y lejos del picnic y el festejo estas 400 mil familias se enfrentan a un diagnóstico que cambió sus vidas para siempre. Olvidos frecuentes, fallas de atención, distracciones, repetir siempre lo mismo, acusar a otros de sus fallas, cambios de conducta, y depresión son algunos de los síntomas de la enfermedad. Sin embargo, los especialistas piden no confundirlos con los olvidos que puede tener cualquier persona adulta, porque "el Alzheimer no es parte del envejecimiento normal".
Desde el Instituto de Neurociencias Buenos Aires (INEBA) se comunicó que el olvidarse de algunas cosas no es el primer alerta de la patología. "Es normal no recordar algún nombre, objeto o un hecho sin importancia", destacó Ignacio Demey, jefe de la Unidad de Neurociencias Cognitivas del INEBA, y añadió que se debe prestar atención a los olvidos continuos y persistentes en el tiempo".
Hay que estar alertas y consultar al neurólogo ante situaciones tales como "las personas que repiten constantemente lo mismo porque no se acuerdan lo que dijeron o las que se olvidan a menudo completamente de lo que hicieron hace poco o qué hacer", explicó Demey. "Los primeros signos a los que debemos prestar atención para detectar el Alzheimer es la pérdida de memoria: por ejemplo, olvidarse el camino de casa al mercado o estar imposibilitado para recordar nombres y lugares" afirmó a este diario Gustavo Sevlever, director de Investigación y Docencia de la Fundación FLENI.
La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia entre las personas mayores, e involucra áreas del cerebro que controlan la velocidad de pensamiento, la memoria, el lenguaje, entre otros aspectos. Por lo general se manifiesta después de los 60 años y el riesgo de desarrollarla aumenta con la edad. El 5% de hombres y mujeres entre los 65 y los 74 años desarrollan la enfermedad, mientras que entre los que tienen más de 85 años, el porcentaje asciende al 50%.
La detección primaria es fundamental. "Si se lograra demorar su aparición unos cinco años, se reduciría drásticamente el número de personas enfermas ya que, en el momento de su estadío avanzado, los pacientes estarían alcanzando su expectativa de vida", dijo Facundo Manes, director del Instituto de neurociencias de la Universidad Favaloro y del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO). El especialista precisó que "se reduciría la prevalencia de la demencia 7% en 10 años y 9% en 30 años. Retrasar cinco años la aparición de los síntomas podría reducir la prevalencia 40% en 10 años y 50% en 30 años". "Cuanto antes se produce el diagnóstico la persona gana años de integración a su la familia, ya que la enfermedad tardará un poco más en dañarlos ", dijo Ignacio Brusco, presidente de Alzheimer Argentina a este diario. El profesional también destacó la importancia de "mantenerse mentalmente activos mediante juegos de ingenio".
Cuidar al cuidador. "A la hora de enfrentarse a la noticia de esta enfermedad, se siente como un tsunami, difícil de aceptar para el paciente, y muy complicado de sobrellevar para su entorno", explicó Silvina Ambrosetti, coordinadora del taller "Cuidar a los que Cuidan", destinado exclusivamente a cuidadores de pacientes con Enfermedad de Alzheimer. Para Silvina lo más importante que deben aprender los familiares es a mantener el buen humor.
Ana Maria Poggi sufre con su marido de 58 años a quién se le diagnosticó la enfermedad cuando cumplió los 53. Juan Domingo, ingeniero naval, empezó con algunos olvidos muy importantes como las hornallas encendidas, y fue empeorando. "Ahora habla con la televisión o con las paredes", cuenta Ana. "No tengo vida y me estoy enfermando, pero lo amo". «
consejos para prevenirlo
Factores de riesgo: para prevenir el Alzheimer, es central controlar los factores de riesgo vascular, como la diabetes, la presión elevada o la hipertensión arterial y la obesidad. El tabaquismo es otro elemento nocivo que debe evitarse.
En movimiento: la actividad física regular es importante. Se ha comprobado que caminar 30 minutos o más, 4 o 5 veces por semana, es un factor protector para el cerebro.
Buena alimentación: una nutrición saludable reduce las chances de sufrir demencia. Se sugiere consumir lácteos descremados, aceites crudos, cereales integrales, frutas y verduras de todos los colores, pescado y carnes magras. Además, evitar el consumo excesivo de sal y grasas animales.
Ejercicio mental: a través de diversas actividades, es fundamental para conservar un cerebro saludable.
Actividad intelectual: algunas formas de ejercitarse mentalmente, como elemento de prevención contra la enfermedad de Alzheimer, son: mantenerse activo intelectualmente, llevar una vida social activa y dedicarles tiempo a actividades recreativas placenteras.
Desafíos: estas actividades deben representar un desafío, ser algo diferente a las que se realizan habitualmente.
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