Tiempo Argentino

Edición: 20 de Junio de 2013 | Ediciones Anteriores

20 de Junio de 2013

+Buenos Aires

T2° H86%

Luchó tres años para probar que el asesino de su familia no estaba loco

En 2009, un amigo que solía visitar su casa masacró a puñaladas a su mujer y a su hija con un cuchillo de caza. Después le confesó a un policía: "Maté a mi suegra y a mi novia". El 9 de octubre fue condenado a 32 años de cárcel. 

ENVIAR NOTA


Info News
Info News
Info News

 

Carlos Baltazar no tiene motivos para creer en Dios: no supo de milagros cuando los necesitó. Pero el hombre –viudo y padre amputado desde que un amigo de la familia asesinó a la mujer y a la segunda de sus hijos– le concede cierto favor a la Virgen de San Nicolás. Después de todo, fueron muchos años de peregrinar, de manejar dos horas hasta la iglesia para agradecer lo que se tenía. Aun después, cuando parece todo perdido, el rito es más fuerte.

El 24 de septiembre de 2009, alrededor de las 20:30, sobre el 228 de la calle Sáenz Peña de Remedios de Escala, en el partido de Lanús, ocurrió una tragedia. Federico Nicolás Schimpf dio muerte en turnos a la joven Gisela Baltazar y a su madre Alicia Hadad. El asesino, de 23 años, usó una cuchilla del tipo de caza o combate: el acero templado para descarnar, para desgarrar a la presa o al enemigo. Concretar su plan criminal no fue un problema para Schimpf, que conocía de memoria los movimientos de sus víctimas y del resto de la familia. Los Baltazar le habían abierto las puertas y lo habían sentado a su mesa desde que fue presentado como el amigo favorito de Gisela, alguien con quien había salido un tiempo en época de secundario y que ahora se había transformado en confidente.
UNA MENTE CRIMINAL. Schimpf no tuvo piedad. En una sala de la casa apuñaló a Gisela en el cuello, abdomen, antebrazo y mano izquierda. No le interesó que a escasos metros, en la cocina, Silvia estuviera preparando la cena y que el hijo menor, de 14 años, estuviese concentrado en la tarea del colegio.
Pese a la saña, Gisela no murió rápidamente. Cruzó por delante de su madre y su hermano, y salió al patio trasero. Antes de perder el conocimiento, la chica alcanzó a nombrar al verdugo: "Fue Federico", balbuceó. Gisela fallecería unas horas después en una cama de terapia intensiva del Hospital Evita de Lanús. El parte médico informó que ingresó a la guardia en shock y que la herida en el cuello había perforado la yugular derecha. Sufrió dos operaciones de urgencia. La segunda no la resistió.
Alicia no dudó y encaró a Schimpf. Durante el forcejeo estuvo más preocupada en que su hijo varón más chico no interviniera, gritándole que se fuera de ahí. La distracción fue demasiada ventaja para el matador: 16 veces atravesó la carne de la mujer con el cuchillo de caza.
La secuencia fatal fue oída por otra de las hijas de Carlos Baltazar, Daiana, que estaba encerrada en su pieza, en la planta alta de la casa. Los gritos la convencieron de escapar por los techos y pedir ayuda a un vecino, que enseguida llamó a la policía.
Los agentes Vilchez y Fernández fueron los primeros en llegar. Fernández entró a la casa y se cruzó con Schimpf que salía. Vilchez, vestido de civil, esperó en la calle. El autor de los homicidios jamás imaginó que el hombre que estaba parado junto a él era policía y no un curioso más, que a esa altura se amontonaban cortando el tráfico de la calle Sáenz Peña.
"Me mandé una cagada grosa", le dijo Schimpf a Vilchez en tono de desahogo. Cuando el policía le preguntó qué había hecho, el joven confesó: "Maté a mi suegra y a mi novia."
Ya esposado, en la Comisaría Primera de Lanús, Schimpf justificó: "No me va a joder más. No me va a tomar más de boludo."
 
LA VOLUNTAD. Sentado a la mesa de la cocina, en la casa que le cuesta ocupar, y a días de haber logrado una condena contra el asesino de su hija y su mujer, algo que parecía improbable por los esfuerzos de la defensa para presentarlo como inimputable, Carlos Baltazar jura que no se reprocha nada.
"El pibe daba el aspecto de no matar a una mosca. Nunca en mi vida me lo hubiese imaginado. Cuando no estaba en mi casa, él llamaba a Gisela todos los días y ella siempre le contestaba, hablaban como media hora por teléfono. Eso quiere decir que estaba todo bien entre ellos, que nunca la maltrató. Pero él sabía que yo trabajaba de noche con el taxi y que a esa hora no iba a estar en casa. Fue todo planeado, si incluso trajo la cuchilla en una mochila", explica.
 
–¿Cómo siguió todo?
–La causa me tuvo bastante ocupado, anduve un montón de acá para allá. Yo pensaba que era otra cosa, que lo dejabas en manos de los abogados y listo, pero tenes que estar encima, tenes que agarrar vos la manija porque si no perdiste.
Carlos estuvo muy cerca de perder. Su intervención a tiempo en el caso impidió que el expediente se cerrara sin un juicio contra el asesino: la justicia estaba decidida a internar a Schimpf en un psiquiátrico.
"Cuando fui al UFI 3 de Lomas de Zamora –recuerda– para hablar con la fiscal María Laura Alfaro, que llevaba la causa, me preguntó qué pensaba hacer, porque ella tenía que despachar el expediente. Los peritos habían dicho que Schimpf era inimputable y que ya no había más nada para hacer. ¿Sabés lo que siempre me decía la fiscal? Que yo no necesitaba abogados, que para ayudarme estaba ella. Eso me quedó grabado. Su ayuda era que el asesino de mi mujer y mi hija no pague."
El diagnóstico que le permitiría a Schimpf evitar la cárcel fue elaborado por la perito oficial Carmen Mansilla y avalado, como era de esperar, por la consultora técnica propuesta por la defensa, Ana Spinetti.
De acuerdo con el dictamen compartido, el imputado padecía "una alteración morbosa de sus facultades" que llamaron "trastorno de ideas delirantes".
Ese delirio fantástico, explicaron, se fue instalando a lo largo de varios años, fundamentalmente desde que Schimpf comenzó a aficionarse a juegos de rol, creándose distintos alter egos (apodos o 
nicknames) "para conocer lo que los demás pensaban de él".
Como Carlos no podía hacer frente a los honorarios de un estudio privado, aceptó de buena gana la abogada que le asignó la Dirección de Asistencia a la Víctima que depende del Estado provincial. Así se constituyó como particular damnificado.
"Reaccionamos y pedimos que se eche todo lo actuado para atrás porque nosotros como parte no habíamos sido notificados nunca de las pericias a Schimpf. Por suerte el juez nos dio la razón y aceptó nuestro pedido", cuenta.
Los nuevos estudios al acusado se realizarían en La Plata y era conveniente para la querella llevar a un perito propio. Por los turnos dobles arriba del taxi y por la mano que le tendió la intendencia de Lanús, Carlos logró contratar a la psiquiatra Nélida Sterle que, junto a sus colegas de La Plata, concluyeron en 2010 que Schimpf era una persona que sabía lo que hacía y que intentaba manipular a los demás.
"La defensa pidió que se vuelvan a realizar nuevas pericias porque estábamos uno a uno. Cuando me dijeron que se iban a hacer en la Capital me volví loco. Tenía mucha desconfianza porque no entendía el cambio de jurisdicción, si el hecho había ocurrido en provincia. Dije: 'chau, este zafa de vla cárcel.'
Carlos tenía que presentarse de nuevo con un perito, pero ya no tenía dinero para pagarlo. Encima, sabía, el resultado iba a ser decisivo. No dejó un despacho oficial sin visitar pidiendo ayuda, pero siempre se le negó. Desesperado, se fue hasta el edificio donde funciona el Cuerpo Médico Forense del Poder Judicial de la Nación y pidió que lo recibieran. No recuerda quién lo atendió, pero sí que era de los más viejos del lugar. Después de relatar su penuria, a Carlos lo tranquilizó escuchar que no debía temer porque ellos hacían las cosas bien.
"Y tenían razón. A mediados de 2012 determinaron que el tipo no estaba loco. Y para demostrarlo presentaron todos los estudios que le habían realizado: mapeos de cráneo, encefalogramas, lo que se te ocurra. La defensa ya no tenía nada y al fin la causa se elevó a juicio", recuerda Carlos, y lo cuenta de una manera como si aún estuviese sorprendido.
En el mediodía del 9 de octubre se leyó el veredicto del TOC 10 de Lomas de Zamora que sentenció a Schimpf a la pena de 32 años de prisión por los homicidios de Gisela y Alicia. El fallo también obligó a que el condenado reciba tratamiento psicológico durante su detención.
Pero Carlos no se conforma. Ni siquiera siente alivio. Todavía el rencor es mucho.
"Después de lo de mi familia, un amigo me llevó a un estudio en Avellaneda. Cuando llegué y vi la oficina impresionante ya supe que no lo iba a poder pagar. El abogado que me recibió me dijo que si ponía la plata, que era una fortuna, me iba a quedar en mi casa cruzado de brazos, que ellos se encargaban de todo, que tenían peritos, psicólogos y encima me aseguraban 30 años de cárcel para el pibe. Ahí te das cuenta de que para el que tiene plata es todo más fácil. Y eso de que la justicia es igual para todos es una mentira más grande que una casa. Si vos tenes plata haces lo que querés."  «
 
 
Los testigos clave de la causa
Carlos Baltazar hijo tenía 14 años cuando presenció el asesinato de su madre y de una de sus hermanas. Pese al trauma, según los abogados de la familia, "el chico declaró como un adulto".
En su testimonio frente al tribunal relató que "vio a Gisela caminando hacía el fondo agarrándose la zona abdominal, con gotas de sangre que caían sobre el piso". Que cuando se acercó a su hermana, ella le dijo que "tenía frío y que no sentía las piernas".
Luego contó que fue hacía la parte delantera de la casa y que vio a su madre peleando con Federico. Describió que el joven forcejeaba con la mujer empuñando un cuchillo mientras repetía: "Ya está."
"Después mi mamá me dijo que llame a la policía y cayó ahí, en la piecita", recordó.
Daiana, otra de las hijas de la familia, tenía 19 años al momento de los hechos. Aunque no presenció la faena criminal de Schimpf por estar a salvo en su habitación, aportó detalles de los momentos previos.
"Ese día –declaró– estaba raro. No saludó a nadie. A mí ni siquiera me dijo 'hola', solo 'qué miras'. Por ahí lo hacía de chiste, pero ese día no me pareció que estuviera bromeando."
 
 
"No hay alteración"
"En estos momentos Schimpf estaría internado por una supuesta enfermedad que no tiene y Carlos estaría sin justicia y con la familia destruida. Nosotros entendimos que no se podía tener miramientos con un asesino de esta clase", afirma la abogada Karina Gindren, quien junto a su colega Christian Ferreyra asumieron la representación de los Baltazar.
"Esto fue como El proceso de Kafka", repiten al unísono, en referencia a la complejidad del caso. "La autoría nunca estuvo en duda, lo que había que probar era que el autor entendía la criminalidad de sus actos. En poco tiempo nos volvimos especialistas en psiquiatría", agrega Ferreyra.
Durante el juicio quedó demostrado que la conclusión del mundo delirante del imputado era errónea "porque los juegos, los nombres, la forma de vestirse de la cultura dark, es una cuestión etaria, de moda, propia de los jóvenes". También que "era una persona que sabía lo que hacía y tuvo la voluntad de llevar adelante su acción." 
Una de las psicólogas que entrevistó a Schimpf afirmó que tiene una estructura de personalidad borderline, que no es neurótico ni psicótico y que no encontró delirio. Agregó que tiene escasa empatía, niveles de frialdad y conciencia de la realidad. También que no hay alteración del juicio ético, es decir, que sabe lo que está bien y lo que está mal. 
Los peritos fundamentaron y concluyeron sobre la ausencia de psicosis entendida como enfermedad mental, ausencia de delirio o ideas delirantes crónicas y ausencia de amnesia. 
Las únicas opiniones en contra fueron la de la perito oficial Mansilla y la de la psiquiatra propuesta por la defensa. Sobre esta última uno de los jueces del tribunal tuvo una consideración: "No puedo dejar de resaltar la liviandad con la que la perito Spinetti hizo sus afirmaciones sin sustento alguno para luego no concurrir al debate."
La especialista estaba de viaje por Turquía.
 
 
 
 
La defensa
Apelará el fallo
La defensa de Federico Schimpf ya adelantó que va a apelar el fallo ante la Cámara. En los próximos días formalizará el planteo. Los abogados dicen que el joven no estaría en su sano juicio y es inimputable. 
 
 
El dato
16 puñaladas
Alicia, la madre de Gisela Baltazar, no dudó en defenderla. Pero Schimpf la atacó de forma feroz con su cuchillo de acero. 
Info News
Info News
Info News

COMENTARIOS 1

Escribir un comentario:

InfoNews no tiene responsabilidad alguna sobre comentarios de terceros, los mismos son de exclusiva responsabilidad del que los emite. InfoNews.com se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios injuriantes, discriminadores o contrarios a las leyes de la Republica Argentina

ardibal
2012-10-21 23:50:27 hs

Votar

0

Responder |Denunciar

Ultimas Noticias

Desde INFOnews.com

Tiempo en Facebook:

MÁS NOTICIAS