Tiempo Argentino

Edición: 25 de Abril de 2014 | Ediciones Anteriores

25 de Abril de 2014

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Historias de reencuentros

Tiempo Argentino asistió a una de las emisiones del ciclo de América donde cada día familias se reencuentran tras años de no verse. La palabra de los productores que se encargan de chequear y seleccionar cada relato y de la conductora que vive cada emoción como sus protagonistas.

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Rendidor como ningún otro, allá por febrero de 2011 se reavivó la sangre del talk show que supo darle momentos gloriosos a la tevé nacional. Andrea Politti desembarcó en las tardes de América para sacarle el jugo a Los unos y los otros, un programa de reencuentros que llegó justo cuando había quedado atrás esa costumbre noventosa de los ciclos con "gente común" hablando de las penurias de su vida privada.
Tiempo Argentino vivenció el detrás de escena de este programa que se emite de lunes a viernes a las 15:30, que mide alrededor de 6 puntos cada tarde –un rating soprendente para los programas de América– y habló con Andrea Politti sobre los entretelones del ciclo.

DISTINTOS. Lejos de asemejarse a las megaproducciones televisivas donde los trabajadores corren ansiosos por los pasillos del canal ultimando detalles, en la producción de Los unos y los otros se respira otro aire. Todo parece estar finamente detallado, chequeado, armado y, a pesar de tratarse de un programa en vivo, los responsables de la salida al aire del ciclo llegan sobre la hora. Sólo hay micrófonos que verificar, luces por probar y una jornada por delante.
El programa de Andrea Politti trata un tema diferente cada tarde. Al principio, los tópicos giraban en torno a conflictos domésticos que se resolvían con la presencia de especialistas en el panel, encuestas callejeras y visitas al estudio de los familiares involucrados.
"El programa fue mutando porque cuando empezamos con el tema de las búsquedas, la respuesta de la gente fue mucha. Mandaban mails todo el tiempo y de a poco fue atendiendo estas necesidades, los programas se iban haciendo y nos íbamos sorprendiendo de la gente que aparecía después de ver los programas. Es como Gente que busca gente, donde lo curioso es la gente perdida en esta era de la tecnología", describe Andrea Politti.
"Era algo así como una solución alternativa y diferente a conflictos que cualquiera podía tener en su casa", explica uno de los productores históricos del ciclo, casi riéndose del "Mi hijo no quiere tomar la leche" o "Mi marido no me deja salir de casa" que se planteaban en ese momento como eje central del progrma.
La producción revela que recibe más de 100 mails por día y un equipo experimentado es el encargado de filtrar la información. Chequea las historias, elige si hay algún tema no tratado, se fija que las historias no sean inventadas ni almibaradas y ¡empieza a trabajar!
Los "productores de casos", como los llaman, tienen una semana de plazo para armar las historias que sucederán en el programa a la semana siguiente. Divididos en mini equipos de dos o tres personas, cada uno tiene asignado un día.
"No es fácil estudiar un caso para que salga en televisión. Tenemos una primera noción de la historia por lo que la gente nos cuenta cuando nos escribe, pero cada equipo tiene mucho trabajo de producción después de que se decide que esa historia tiene que formar parte del programa", explica Pablo, uno de los productores, que hace hincapié en el entusiasmo y la perseverancia que cada miembro del equipo le pone a la actividad asignada para obtener más detalles de la historia.
No menos de diez llamados telefónicos y varias charlas con familiares y allegados de la persona en cuestión son necesarios para comprobar que efectivamente la historia sucedió, hasta que realmente sale al aire.
No hay extensas reuniones de producción ni demasiados detalles que solucionar a último momento porque dicen tener todo "muy aceitado" dado el paso del tiempo. Por eso, casi sobre la hora, mientras Politti deja su belleza en manos de una maquilladora, un peinador y la vestuarista, los productores ejecutivos entran al camarín de la conductora para ultimar junto con ella detalles del programa al que le faltan apenas minutos para salir al aire, y contarle de qué se trata la historia del día que ya tiene resumida en un papelito pegado en el espejo de su camarín.
"Esta es la rutina del programa. Los productores irrumpen en el camarín porque me vienen a contar lo que va a haber hoy. Si me involucro siento que tengo que hacer que la persona que está contando algo muy íntimo se sienta cómoda y se olvide de las cámaras de televisión, por eso me gustan estas reunioncitas que tenemos", revela Politti y agrega: "Hay días que salgo 'cargadita' del estudio y me tengo que encerrar en el camarín para relajarme, sobre todo cuando las historias son pesadas. Es que no se puede tomar de otra manera, porque si me pongo fría como los médicos, sin sensibilidad, no se vería bien del otro lado."
EL VIVO. A diferencia de lo que muchos creen, Los unos y los otros va en vivo. El programa arranca a las 15:30, pero desde media hora antes ya están ubicados en los silloncitos del estudio los seis integrantes del público que atestiguarán las historias y que no hablan ni hacen morisquetas. Inmutables, permanecen sentados en sus butacas durante las casi dos horas de programa.
Jarrita en mano, una asistente rellena con agua las copitas de donde se sentarán los protagonistas, la locutora ensaya su libreto de las PNT (publicidad no tradicional) sentada en un rincón del estudio, los camarógrafos hablan sobre planos y secuencias para el arranque, mientras suena la voz de "venimos" y los que merodeaban por el medio de la escena, se esfuman detrás de la línea de cámaras.
Politti, siempre preocupada por ser ingeniosa y sensual, saluda con un beso a los compañeros que no vio y no puede contenerse el chiste fácil mientras acomoda su vestido a rayas que combina perfectamente con aretes y zapatos.
Por si la historia no quedó clara o los nombres se le olvidan, Politti tiene todo anotado en las famosas cartulinas que escriben dos frenéticos productores, ubicados estratégicamente detrás de los silloncitos de los invitados. Y al otro lado, en un estudio contiguo, una situación similar: el invitado sorpresa espera sentado, escuchando lo que pasa en el programa, mientras aguarda la orden para aparecer en acción.
En el estudio hace frío. Por eso en cada corte, Politti se retira y va detrás del decorado donde una asistente la espera para darle su saquito y un vaso con agua, mientras se escuchan de fondo sus carcajadas.
Después de cada pausa, aplausos inducidos, un director –por demás entrenado para captar las lágrimas de los protagonistas– y ágiles jefes  de piso corren ultimando detalles de la próxima sorpresa del programa.
El ciclo va llegando a su fin, los protagonistas pudieron contar su historia, los avisos comerciales fueron cumplidos a rajatabla y sólo resta que aparezca desde una puerta corrediza el nieto de la señora que hace instantes reencontró a su hijo de 47 años. El tiempo no alcanza, las cámaras se apagan y el momento de abrazos y emociones queda para las pupilas de los que aún permanecen en el estudio enrrollando cables y hablando ya del programa de mañana.  « 

 

 

un caso de apropiación y reencuentro que emocionó al país

De todas las historias que pasaron por Los unos y los otros, la que más marcó a los productores fue el caso de los hermanos Russinyol.
"Me acuerdo cuando presentamos el caso que todos nos mirábamos y decíamos 'la madre no va a aparecer pero está buena la historia'. Era difícil porque tenía que ver con la época histórica de la Argentina y de golpe tuvimos la sorpresa de encontrar a la madre", cuenta emocionada Andrea Politti.
El caso resonó. El 26 de marzo, los hermanos de crianza Diego y Pablo Russinyol, de 32 y 30 años respectivamente, contaron la historia de sus vidas en el programa: nacieron en los años oscuros de la dictadura militar, fueron bebés apropiados, vivieron un verdadero infierno con su familia adoptiva. Según contaron practicaron con ellos diversas modalidades de tortura, los obligaban a trabajar en su criadero de perros, los maltrataban física y psicológicamente. En Misiones, una señora descubrió puntos en común entre el relato de los hermanos y su propia y trágica historia y llamó a la producción del programa. Tras la corazonada, ella lloró y dijo frente a sus hijos: "Ese chico es mío." El 6 de junio volvieron al programa los hermanos Russinyol y la misionera donde rememoraron su historia, ella contó la suya, se cotejaron las coincidencias y abrieron el resultado del ADN: el análisis de maternidad entre Clara y Diego dio positivo.
 

 

 

 

Los números del programa

-<dr 942 personas pasaron por el programa buscando familiares y amigos perdidos.

-<dr 100 fueron los reencuentros que pudieron llevarse a cabo en total durante el año pasado en el programa.

-<dr 40 padres fueron reencontrados con sus hijos y 16 amigos se volvieron a unir gracias al programa.

-<dr 37 lazos de paternidad se pudieron unir con éxito gracias a los ADN realizados en vivo.

-<dr 27 hermanos fueron reencontrados a lo largo de las emisiones, producto de las investigaciones de producción.

-<dr 15 personas trabajan en la producción de los casos que salen a diario en el programa.

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