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29 de Julio de 2014

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Ratones infieles y animales criminales: el periodismo científico es eje de debate

En un libro cuestiona la divulgación científica masiva. "Que la ciencia está produciendo novedad y revoluciones todo el tiempo es una fantasía", dice. Y afirma que traducir el discurso duro de la ciencia al gran público es imposible.

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Ratones infieles, genes que determinan el futuro de las personas, o animales con instintos criminales, el periodismo de divulgación científica recurre a veces a figuras que no siempre reflejan cabalmente el estudio en el que se basan, y en ocasiones la necesidad de colocar un título efectivo o "ganchero", se aparta de lo que intenta comprobar el hallazgo difundido. Esto es lo que plantea el doctor en Ciencias Sociales y Humanidades, magíster en Ciencias y docente de Filosofía, Héctor Palma, en su libro Infidelidad genética y hormigas corruptas (editorial Teseo), en el que se dedicó a analizar decenas de artículos periodísticos de los medios masivos, nacionales y extranjeros, para señalar esta tendencia y a su vez desmitificar a una ciencia que puede aparecer como omnipotente. "Eso de que la ciencia todo el tiempo está produciendo novedad y revoluciones, es una fantasía", advierte.

 
–¿La comunidad periodística científica tomó el libro como una provocación?
–Yo sólo tengo referencias indirectas, no tengo pruebas. Tengo comentarios de gente allegada y lo que generó es algún nivel de incomodidad y molestia difícil de evaluar, pero lo interesante o simbólico es que una de las personas, que es la que a mí me cuenta esto, ofreció mandar el libro para que lo leyeran. Lo cual es todo un dato.
–La fama del libro precedió al libro.
–Pero vos fijate que en el libro no se nombra a un solo periodista, fue una decisión metodológica. No importa quién escribe sino cómo funciona el sistema periodístico. Inclusive algunas son traducciones de artículos del exterior. No es un problema del periodismo argentino, sino mundial.
–¿El carácter provocador del libro es para encender el debate?
–El libro tiene varios registros. Uno es el inmediato, vos leés los artículos y te das cuenta de que están mal escritos, tienen un sesgo ideológico, o algunos son absurdos, hasta da risa. Hay otro registro más profundo, que tiene que ver con llamar a un debate que no existe. El periodismo científico no debate de fondo sobre qué es lo que se divulga. Ahora, habría que hacer una salvedad de que este libro no se refiere a todo el periodismo científico, sino al de los medios masivos. Hay otro que se hace con más calidad, más responsabilidad. Y habría otro registro más que no está desarrollado, pero está esbozado, que es qué tiene que ver lo científico con esta parte, y hay como una responsabilidad que habría que evaluar de parte del sistema científico.
–Parece haber una paradoja ya que sin el periodismo, la ciencia no tiene muchas posibilidades de salir al gran público.
–Yo creo que hay paradojas, pero no tengo una visión tan negativa del periodismo científico. Lo que yo creo es que tiene que transitar por otros carriles. La lógica periodística está muy lejos de lógica científica. Eso de que la ciencia todo el tiempo está produciendo novedad y revoluciones, es una fantasía. El trabajo científico es mucho más tranquilo, pausado y aburrido de lo que a uno le gusta suponer. No hay revoluciones todo el tiempo. Entonces, como la lógica periodística requiere de novedad, de algo interesante para enganchar al lector, hay como un desfasaje. Ahora, yo creo que si lo que se pretende es traducir la ciencia para gente que no es especialista, es imposible.
–¿No hay científicos que caen en la trampa, o entran en esa lógica? 
–Por eso digo, yo lo que creo es que la divulgación científica debería ser un nicho académico, perfectamente legítimo y genuino, con una formación integral. Porque si no terminan siendo periodistas inquietos que les cae de casualidad que tienen que hacer una nota científica porque otra no hay, científicos fracasados, o científicos premiados. Algunas cosas se están haciendo en este sentido, formación en historia de la ciencia, en filosofía de la ciencia, este tipo de cosas debería tener alguien que se dedica al periodismo científico, tampoco pretendemos que un periodista se convierta en un físico, pero sí con una mirada externa especializada.
–¿Qué puede generar en la sociedad una percepción distorsionada de la ciencia?
–Conformar una imagen deformada, ideológica de la ciencia y de sus potencialidades. Igualmente no creo que eso sea resultado del periodismo científico, sino que refuerza y toma algunas de las ideas que están arraigadas en la sociedad, probablemente también parte del discurso científico tiene que ver con eso. La imagen ingenua de que la ciencia progresa todo el tiempo, que lo que viene siempre es mejor que lo anterior, que más tecnología es mejor que menos tecnología, ahí hay una cosa que puede ser serio, sobre todo en las ciencias biológicas, una fantasía acerca de la determinación genética en las principales conductas. Por más que sea en general una falsedad científica abona una idea tecnocrática de la vida y que finalmente los problemas humanos se van a resolver tecnocráticamente.
–¿Si un artículo habla del gen de la infidelidad, quizá el trabajo científico no?
–En algunos casos no, en otros sí, pero inclusive ahí hay como un salto porque en general todos los estudios que se hacen sobre infidelidad se hacen sobre ratones. ¿Qué promesas rompen los ratones?
–Bueno, los etólogos dicen que las ratas tienen conductas sociales parecidas a los seres humanos.
–Sí, pero lo que hay es una moralina filorreligiosa, ¿por qué tener varias parejas es ser infiel? Hay un artículo que dice "la infidelidad es un defecto de muchos animales". ¿Por qué es un defecto tener muchas parejas? Eso depende de dónde vos te pares culturalmente. Yo no soy periodista científico ni voy a dar las recetas, pero veo que la lógica periodística es que cada día que hay una nota haya un descubrimiento para mostrar y la verdad es que no pasa eso. Revoluciones científicas hay muy de vez en cuando. 
–De la misma manera llegan a las redacciones estudios presentados como grandes descubrimientos y desde el punto de vista meramente informativo son imposibles de explicar.
–Sí, porque además muchas veces son estudios preliminares, exploratorios, que quizá puedan conducir en algún futuro a un desarrollo importante, pero claro, ahí hay una lógica en la cual tenés que mostrar que eso puede ser útil, por ejemplo, para curar una enfermedad, lo cual le sirve al lector, pero también al científico, para justificar que alguna agencia esté poniendo plata. Ahí también hay en muchos casos una actitud perversa de los científicos que necesitan mostrar y a veces lisa y llanamente lo que anuncian no tiene nada que ver con el trabajo.
–¿Cómo ves la intervención en el tema de las pandemias?
–Yo no lo trabajé particularmente, pero uno se remite a las pruebas. Nos íbamos a morir todos cacareando con la gripe aviar, o revolcados en el chiquero con la gripe porcina, y no pasó nada. Y detrás de todo eso parece haber un interés de un laboratorio. Ahí, el periodismo en general contribuyó a generar pánico.
–¿El periodismo difundió este libro?
–Yo publiqué muchos libros y me han hecho notas, en Página/12, en cables. Por este libro, el primero que vino sos vos. No es que esté mal, no tienen por qué venir a hablar conmigo, tampoco creo que esto vaya a revolucionar al periodismo científico. 
–¿Has escrito artículos en medios?
–No mucho, pero sí, escribí un par. Algún reportaje me hicieron, también.
–¿Y te cambiaban los títulos?
–No, no (se ríe). Artículos de divulgación escribí poco. Algún libro escribí sobre divulgación científica, uno sobre Darwin, que se llamaba Darwin en Argentina. En alguna revista de la universidad también, a propósito del año Darwin. Volviendo al libro, yo diría que si el libro tiene alguna importancia es promover un debate sobre lo que dice y además sobre lo que es el periodismo científico, que no es sólo una crítica burlona a estos artículos. El objetivo no es ridiculizar a algunos periodistas sino llamar la atención sobre un estilo de periodismo científico que se autojustifica al decir que el conocimiento científico es patrimonio de la humanidad y debe ser divulgado; que en una cultura científico-tecnológica la gente tiene que saber porque eso le permite operar mejor en la sociedad. Dado que la ciencia está tan metida en nuestras vidas es necesario que la gente sepa para poder tomar decisiones con conocimiento. Hay una batería de argumentos, pero no cumple con ninguno. «
 
 
Filósofo de la biología
Héctor A. Palma es Doctor en Ciencias Sociales y Humanidades; Magister en Ciencia, Tecnología y Sociedad y profesor en Filosofía (egresado de la Universidad de Buenos Aires). Fue Secretario de Investigación en la Universidad Nacional de San Martín y, actualmente es Vicedecano de la Escuela de Humanidades, e investigador del Centro de Estudios sobre la Ciencia y la Tecnología J. Babini. Se dedica a temas de historia y filosofía de la biología, principalmente evolucionismo y darwinismo. Sus últimos libros son: Metáforas en la evolución de las ciencias (J. Baudino Ed., 2004). Gobernar es seleccionar. Historia y reflexiones sobre el mejoramiento genético en seres humanos (J. Baudino Ed., 2005),  Filosofía de las ciencias. Temas y Problemas (UNSAMedita, 2008). Darwin en la Argentina, (UNSAMedita, 2009).
 
 
Con la mirada de un auditor crítico
¿Es la ciencia el último refugio de la verdad absoluta?
Existe una tendencia a respaldar tanto afirmaciones instaladas culturalmente, como novedades no siempre verosímiles, con supuestos descubrimientos "de la ciencia".
Sin embargo, la ciencia, a pesar de sus métodos y sus protocolos, está lejos de ser infalible.
"Doy cursos de Filosofía de la Ciencia en muchos lugares, y lo que hago en los cursos, lo que pienso, es desarmar este dispositivo ideológico por el cual la ciencia es la verdad, provisoria pero verdad al fin", señala Héctor Palma.
Para el docente, "tampoco hay que caer en que todo da lo mismo y la ciencia vale lo mismo que la magia y el brujo de la tribu, pero me parece que una actitud de auditor crítico de la ciencia es necesaria".
Además de sostener una mirada crítica del periodismo científico, Palma cuestiona ese lugar de reducto. "Sería una especie de dilema del hombre moderno. Ahí hay también una paradoja, no tengo más remedio que recurrir al especialista, a la ciencia, porque yo no sé y lo necesito, pero al mismo tiempo tengo que tener ese retiro crítico, esa mirada externa que me permita reflexionar."
 
 
Los genes
Determinismos
En sintonía con el determinismo genético, un artículo citado por Héctor Palma señala que fue hallado "el gen de la fidelidad conyugal" y el "del amor hacia los hijos y el de la personalidad romántica". Las conclusiones se basan en un estudio hecho en ratones.
 
 
La velocidad del corcho
Una crítica que se aprecia en el libro de Héctor Palma, Infidelidad genética y hormigas corruptas, es la de la divulgación de investigaciones "inútiles" que, a simple vista, no aportan absolutamente nada más que corroborar el sentido común.
-¿Realmente no tiene sentido investigar lo que se da por sabido para sistematizarlo?
-Bueno, ahí habría que hacer una salvedad. Yo en el libro tomé los artículos como si fueran la fuente. Porque esa es la actitud del lector. Es probable que algún artículo periodístico sea un mal calco de un buen trabajo científico. Puede ser y puede que no. Ahora lo que aparece ahí, claramente, a qué velocidad sale el corcho de champagne. Más allá de que sale a distintas velocidades, cuál es la necesidad de medir eso. Qué algún estado nacional ponga plata para investigar eso me parece vergonzoso. Quizá la investigación dice otra cosa. Pero cuál es la imagen que eso transmite hacia el lector.
 
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