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30 de Julio de 2014

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El Rodrigazo no fue un proceso inflacionario

Aquel programa llevó al endeudamiento, a la desindustrialización, a la desocupación y a la crisis que estallara en 2001.

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En los últimos días se ha escuchado a empresarios, economistas y sindicalistas referirse al Rodrigazo lanzado el 4 junio de 1975 por el gobierno de María Estela Martínez, popularmente conocida como Isabel. En todos los casos el término pretendió mostrar una similitud de las actuales circunstancias inflacionarias con aquel intento orgánico de generar una brutal transferencia de recursos entre sectores sociales en claro detrimento de los asalariados y de modificar abruptamente la estructura económica del país. El Rodrigazo no fue un eslabón del proceso inflacionario sino un shock de ajuste como arranque de un proyecto incumplido por la reacción popular y cuya verdadera ejecución se puso en marcha el 2 de abril de 1976 con la llegada al Ministerio de Economía de José Alfredo Martínez de Hoz.
El Rodrigazo tuvo como autor intelectual a Ricardo Mansueto Zinn, un economista y empresario ligado al Grupo Macri que fue funcionario de los gobiernos de los presidentes Roberto Marcelo Levinsgton, Alejandro Agustín Lanusse, María Estela Martínez, Jorge Rafael Videla y Carlos Saúl Menem. Como elaborador de la propuesta que llevó adelante Martínez de Hoz entre 1976 y 1981 continuó trabajando en la misma dirección con el menemismo en materia de privatizaciones de empresas públicas, algo que había quedado pendiente durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, ya que los militares obstaculizaron el propósito del ministro de Economía de deshacerse de todas las empresas públicas, defendidas por los golpistas por ser su particular coto de caza. Por ello, Zinn continuó con su obra y así encontró la muerte el 4 de mayo de 1995 en un accidente de aviación cuando acompañaba al empresario boliviano-argentino José Alberto Estenssoro, entonces presidente de la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales, en proceso de privatización. En consecuencia, toda una coherencia ideológica de patadas con las actuales circunstancias en las que el Estado, aunque parcialmente, volvió a retomar una política directriz en áreas estratégicas como la hidrocarburífera.
Así es que cuando se habla del Rodrigazo debe tenerse en cuenta el eje de ese plan y no caer en la simplicidad y el equívoco de considerarlo el mero resultado de un proceso inflacionario que se había ido generando en la Argentina luego del fallecimiento del presidente Juan Domingo Perón que devino en el desplazamiento de la conducción económica del ministro José Ber Gelbard y su equipo, del que formaron parte algunos talentosos funcionarios como Carlos Leyba, Alberto Biagosch, Alberto González Arzac, Miguel Ángel Cuervo y Horacio Giberti, entre otros. El desplazamiento de Gelbard fue impulsado por el ministro de Bienestar Social José López Rega, principal influyente en la entonces jefa del Estado, en combinación con una dirigencia sindical que dejó de lado la exitosa estrategia del Pacto Social que, impulsado por el propio Perón, concretaron Gelbard y la dirigencia de la Confederación General Económica con la cúpula de la Confederación General del Trabajo liderada por José Ignacio Rucci y Adelino Romero.
El abandono del Pacto Social por parte de Alfredo Gómez Morales, sucesor de Gelbard, rompió el esquema de crecimiento ordenado, con los naturales problemas de todo plan, sobre todo por la crisis petrolera mundial desatada en ese mismo 1973 de puesta en marcha del Plan Trienal, y generó complicaciones que incluyeron un crecimiento inflacionario. Ello generó la excusa para que algunos sectores apalancaran una brutal política de ajuste que no tenía como fin frenar la inflación, sino la transferencia de ingresos comenzando por una tremenda corrección de los precios relativos, el desarme del poder sindical y una reprimarización y financiarización de la economía, entre otras cuestiones básicas. Fue lo que algunos llamaron el "Plan de los Tres Chiflados", en alusión al cabo retirado de policía autoascendido a comisario general López Rega; el ingeniero Rodrigo, funcionario que sentó el antecedente de viajar en subterráneos, y el citado Zinn, integrantes de la orden esotérica "Los caballeros de fuego".
Zinn, antiperonista contumaz, reconoció abiertamente que su plan tenía como cuestión de fondo la destrucción del esquema político social implementado a partir de 1944 y que tuvo una fuerte reactivación desde 1973 con la llegada al gobierno de Héctor José Cámpora. Cuenta el viejo sindicalista Alberto Manuel Delfico, a la sazón director de la revista Dinamis de los trabajadores de Luz y Fuerza, que en medio de la batalla del Rodrigazo, Zinn convocó a los presidentes de las empresas estatales para discutir las políticas salariales. Allí, varios, como Luis Santos Casales, de la Flota Fluvial, hicieron saber que habían accedido a los reclamos sindicales que rondaban el 120 por ciento. En esa circunstancia, el titular de la autogestionada Segba, con la que se había abierto el camino de la transformación de las empresas públicas para su gestión por trabajadores y usuarios, era Juan José Taccone, quien concurrió acompañado por Delfico. Taccone llamó a la reflexión a los otros presidentes sobre el desajuste que ello iba a implicar con su consecuencia sobre las tarifas. Zinn avaló ello pero agregó que para una verdadera solución era necesario terminar con el peronismo pero, contra lo presumible, el que reaccionó duramente fue el propio Taccone, quien insultó al viceministro y lo corrió por la sala del Palacio de Hacienda donde se desarrolló la reunión. Curiosamente, el entonces ministro de Trabajo y dirigente sindical metalúrgico Ricardo Otero protagonizó un hecho similar persiguiendo a otro alto funcionario alrededor de una cuestión parecida.
Fue el Rodrigazo el programa económico que durante las casi tres décadas posteriores, con gobiernos de diferente tipo, marcó las pautas a seguir en el país. El programa que llevó al endeudamiento, a la desindustrialización, a la desocupación y a la crisis que estallara en 2001 poniendo fin a la presidencia de Fernando De la Rúa. Se trató del golpe mortal que también puso fin a un derrotero iniciado en 1944, con gobiernos de diferente índole, que había permitido un importante crecimiento de la Argentina aun con interregnos de fuertes ajustes tendientes a la concentración de la riqueza como el aplicado por el ministro Federico Pinedo durante el interinato de facto de José María Guido. -<dl

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