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20 de Abril de 2014

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la avanzada conservadora

  Detrás de los negocios que el alcalde de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, y el gobernador Antonio Bonfatti le entregaron al Grupo Clarín, puede vislumbrarse la matriz de una verdadera alianza conservadora.

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 Negocios e intereses políticos han sido históricamente dos caras de la misma moneda en la Argentina. Esto explica por qué frente a la ausencia de un liderazgo político opositor, este espacio lo ocupa un grupo económico hegemónico. El CEO  del Grupo Clarín, Héctor Magnetto, se ha transformado en los últimos años en el verdadero cerebro de la avanzada antikirchnerista. De esta formación conservadora en ciernes participan un sector de la justicia, empresas como el Grupo Techint y la entente integrada por la Sociedad Rural Argentina y la Federación Agraria, un círculo financiero pequeño pero poderoso, y la clase política ejecutiva, encabezada por Macri, el gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota y la dupla santafesina Hermes Binner-Antonio Bonfatti. No se trata de una quimera. La nota periodística que acompaña esta opinión muestra a las claras los vínculos económicos que el Grupo Clarín armó con Macri y Bonfatti, pero también este tipo de negocios se hacen extensivos a Córdoba. Magnetto ha encontrado la fórmula precisa para sustituir la pérdida de la televisación del fútbol, entretejiendo acuerdos con algunos caciques provinciales. Bonfatti  y Macri les entregaron en bandeja un negocio de más de 230 millones de pesos, y a cambio se aseguraron un buen tratamiento y un plafón por parte del principal multimedios del país. 

Más allá de las diferencias de tiempo, envergadura y contexto político, es el mismo mecanismo que el Grupo Clarín implementó en la dictadura militar cuando hizo silencio y a cambio recibió, junto a los diarios La Razón y La Nación, el control de Papel Prensa y, por añadidura, el monopolio del papel, el principal insumo de los diarios.  
Algo similar surgió del acuerdo tácito que Clarín selló a principios de los '90 con el entonces presidente Carlos Menem, cuando el multimedios avaló y acompañó las políticas neoliberales y recibió a cambio Canal 13. 
Sin embargo, ahora la situación es distinta, Magnetto ya tiene un multimedios conformado y ante la ausencia de un recambio político a la carta, se ha transformado en la cara invisible de la cruzada neoconservadora en la Argentina.  Aprovechando el poder de fuego de su grupo, en la última década el CEO de Clarín ha disparado contra todas las políticas económicas, sociales e institucionales que impulsó el kirchnerismo; la Asignación Universal por Hijo, la reestatización de las jubilaciones, la renacionalización de YPF, el proyecto de retenciones agropecuarias móviles conocido como la 125, el proceso de reindustrialización mediante la sustitución de importaciones y, más recientemente, los atisbos de política antiinflacionaria que esboza el acuerdo de congelamiento de precios. En esta misma línea, el multimedios también lanzó agresivas campañas para desacreditar al Consejo de la Magistratura y la reforma del Código Civil y Comercial, e incluso saboteó aquellas políticas y organismos dirigidos a mejorar  la lucha contra el lavado de dinero o abocadas a lograr una mayor democratización del sistema financiero como la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. Sin embargo, el nuevo desafío que se ha impuesto hoy Clarín es más ambicioso: avanzar hacia la construcción de un polo político opositor de carácter neoconservador, que coloque en el centro del escenario y reinstaure las políticas neoliberales que la Argentina construyó desde la dictadura hasta principios de este siglo. En este contexto, uno de los logros principales de los últimos años, desde el punto de vista de la conciencia colectiva, es el de colocar en el centro de la discusión el concepto tradicional republicano de poderes (que usualmente incluye al Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial) y poner sobre el tapete, a la vista de todos, que en la construcción del poder real se encuentran los grandes grupos económicos. Por ello es necesario comprender que lo que está en juego cuando se discute la posibilidad o no de una reelección presidencial, no es la continuidad de un sujeto político, encarnado hoy en la figura de Cristina Fernández de Kirchner, sino la consolidación de derechos políticos, sociales y económicos –que exceden con creces  al kirchnerismo– como construcción política, frente a la nueva misión conservadora que encarnan los grandes grupos económicos como Clarín, solapados detrás de la figura de los Binner, los Macri, los De la Sota. E incluso algunos gobernadores e intendentes semioficialistas que, disfrazados de corderos, alimentan y representan con sus políticas la avanzada conservadora. Los negocios de Clarín con Macri y Bonfatti son una muestra patente de que la democracia real no está supeditada a la alternancia del poder entre partidos políticos sino a la supremacía del interés colectivo por sobre el poder de las corporaciones.   
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