Editorial

Saldo de una jornada de ¿huelga?

09.07.2013 | OPINIÓN

Una de las "enseñanzas" del paro de ayer es que existe plena vigencia de la Libertad Sindical en Argentina. De hecho, Hugo Moyano expresó que era un paro contra el gobierno y la medida fue ejecutada sin trabas. El reclamo fundamental, en lo gremial, sería la eliminación del Impuesto a las Ganancias para los trabajadores asalariados.


Está claro que en ese terreno se pueden discutir propuestas y contrapropuestas. Así también, como se podría llevar a cabo el remplazo de esos recursos en caso de su eliminación, pero la huelga de ayer y su acto posterior, no estuvieron dirigidos a plantear un escenario de discusión sobre reivindicaciones gremiales y políticas de Estado. Por el contrario, fue un acto político de un dirigente opositor al gobierno, porque no otra cosa es la frase: "El 27 de octubre vamos a votar por la solución política para que desaparezcan todas las injusticias." Es dable destacar además que el escenario que planteó la plaza tiene como resultado que desde que Moyano se pretende constituir como un ariete opositor al gobierno, su capacidad de movilización disminuyó y quizá debiera pensar por qué. Desde lo político, el acto ha adolecido de lo mismo que afecta a toda la oposición: no hubo propuesta sino simplemente crítica desde el lado de la demagogia conservadora. Sacar el "peronómetro" al lado de Francisco de Narváez, Gustavo Ferrari; De la Sota; Pepe Scioli es muy complejo. Se dice que el gobierno ha cambiado y ha ido en contra de los intereses de los trabajadores, pero sólo se puede esgrimir la crítica al Impuesto a las Ganancias y la falta de generalización de las asignaciones familiares, ambas cosas discutibles. Si tenemos en cuenta que año a año se negocian salario y que el salario mínimo vital y móvil es el más alto de América, pasando por que los 21 puntos que la CGT llevó al gobierno en 2003 se fueron cumpliendo todos uno a uno, quizá y sólo quizá, cierto sector sindical debería tener otra interpretación de la historia actual. Ello nos lleva a pensar que, pareciera ser, las apetencias personales de algunos dirigentes les han hecho perder el norte de un camino colectivo hacia una sociedad más justa e inclusiva.

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