18 de Abril de 2011

El cantante del grupo Los Gedes recuperó la libertad luego de pasar tres años preso

"La sociedad no está preparada para los que salen de la cárcel"

"Pepo" Castiñeiras surgió en Tigre y, junto a su banda, conquistó el mundo de la cumbia. Fue detenido en 2008 por un intento de robo y estuvo alojado los penales de Marcos Paz y Ezeiza. Ahora, está de vuelta en los escenarios.

Tiempo Argentino

El grupo de cumbia que no toca en el Tropitango de General Pacheco no existe. Eso es ley para los "pibes" de las barriadas de la zona norte del Conurbano. Los Gedes -la banda encabezada por Rubén Darío "Pepo" Castiñeiras- fueron profetas en su tierra y llenaron varias veces el "Tropi". Corría 2002 y mientras el país estaba en llamas, los músicos de Tigre eran los reyes de la noche. Pronto el país les quedó chico y llevaron su ritmo a Uruguay, Paraguay, Bolivia y Chile. El punto más alto de esa gira fue el cierre en México, donde 25 mil personas asistieron a su recital. 

Con el apoyo de Pablo Lescano, líder de Damas Gratis y uno de los fundadores de la cumbia villera, llegaron a grabar seis discos y contaron con la colaboración de Cucho, cantante de los Auténticos Decadentes. También participaron los trompetistas de Los Pericos. Nada parecía detener el crecimiento de Los Gedes que eran recibidos con alfombras rojas en todos lados. Pero en 2008, antes de un fin de semana cargado de presentaciones por el Gran Buenos Aires, una bomba explotó en el seno de la banda: Pepo, el cantante, fue detenido por una tentativa de robo  calificado en Flores.

Era viernes a la noche y él caminaba armado cuando se cruzó con un vecino coreano. Lo amenazó e intentó entrar a robar a su casa. El asalto fue interrumpido por una comisión policial y en pocos días Pepo pasó del calabozo de la comisaría a una celda del penal de Marcos Paz. 

"Cuando caí en cana venía amanecido desde hacía tres días. Ni pensé lo que hacía. En dos horas estaba por hacer cuatro presentaciones", cuenta Pepo, de 34 años y la voz ronca de tantas noches.

Al penal entró de noche, como a los escenarios. Recién al día siguiente, el resto de los presos se encontró con el cantante del grupo de moda: los internos no podían creer que Pepo estuviera allí, junto a ellos, privado de su libertad. "Salí de la celda, viene un pibe y me dice: 'vos sos el Pepo'.  Se armó un revuelo bárbaro y me empezaron a preguntar qué hacía ahí. Les expliqué -recuerda- que había bardeado y que había encanado."

Luego de unos meses en Marcos Paz llegó el traslado al penal de Ezeiza. Estuvo tres años detenido y recuperó su libertad el 22 de marzo pasado. La condena la cumplió tranquilo porque se manejó con respeto. "Nosotros no 'tumbeábamos', me pedían que contara anécdotas y los pibes se despejaban. Por un rato, los sacaba a pasear en avión", dice Pepo, mientras un vecino que vuelve en bicicleta de trabajar, con el overol azul que usan los obreros fabriles, lo saluda con un fuerte apretón de manos. 

"Los Gedes no duermen, descansan" se lee en el antebrazo derecho de Pepo, que no se cansa de mostrar su sonrisa marca registrada. Sentado en una esquina de la Villa La Esperanza, a pasos de la parrilla "El Negro", en un rincón humilde del Gran Buenos Aires, el cantante dice que la noche era el peor momento en la cárcel. "Es cuando más 'cajeteás'. Pensás en las cosas que tenés afuera. Para el que está cana es jodido, yo soy un privilegiado. Cuando salen, muchos no tienen la oportunidad que tengo yo con la música", reflexiona. 

Pepo sólo se pone serio al hablar de las condiciones de encarcelamiento que actualmente existen en la Argentina. "La sociedad -opina- no está preparada para los que salen de la cárcel."

"Hablan de inseguridad pero lo único que hacen es construir más cárceles. Pero a los pibes que salen nadie les da trabajo y terminan muertos en un tiroteo o vuelven a la cárcel. El artículo 18 de la Constitución dice que las cárceles de la Nación serán sanas y limpias. El Estado pasa 6000 pesos para comida por preso -se enoja- pero no comés por esa plata. Cuando llega la Procuración te dan pollo, pero cuando se van, te dan una bacha con suero, diez papas y tres huesos para 50 personas. Si no tenés visita, te cagás de hambre. Por eso, los pibes salen resentidos, porque no los reinsertan a la sociedad", sostiene. 

Un día después de dejar el penal, el 23 de marzo, Pepo regresó a los escenarios, otra vez de la mano de Pablo Lescano. Ahí sintió que la vida le daba otra oportunidad y tenía que salir a "comerse" el escenario. La nueva chance lo encontró más preparado. Con ganas de recuperar el tiempo perdido. 

 

-¿Cómo eras antes de ser famoso?

-Era un atorrante, me gustaba ir a la cancha, salir todos los días. Trabajaba de limpieza en Ciudad Universitaria pero me gustaba vivir de joda. 

-¿Qué cosas viviste en tu época de éxitos?

-Siempre había tenido que pagar por el alcohol, la droga, y de repente me encontré con gente que me invitaba a todos lados. Alfombra roja en todos los boliches. Llegaba y tenía tres botellas de champán esperando. Iba a la oficina de los dueños y me esperaba un plato de cocaína. Ahí se complicó porque yo venía con mi adicción.

-¿Te dio más chapa en el ambiente haber estado preso? 

-Chapa en cana tiene el chorro. Yo en el escenario soy cantante, estoy para divertir a la gente.

-¿Te arrepentís de algo?

-Me cuesta todavía, perdí tres años de mi vida. Lo trabajé con la psicóloga. Ahora volví a la casa de mis viejos, ellos empiezan a verme de otra manera. Les cuesta confiar pero ya me dieron las llaves de casa. Les tengo que dar un poco de felicidad y que ellos se sientan orgullosos de su hijo. <