El periodista francés Hervé Kempf pasó por Buenos Aires y presentó sus dos nuevos libros sobre ecología

"La única solución para la crisis ambiental es salir del capitalismo"

El especialista brinda su pronóstico para la Tierra y se diferencia de quienes adscriben a la corriente de pensamiento que instala el problema del cambio climático como el único a resolver. "Los ricos destruyen el planeta", dice sin vueltas.

La única solución para la crisis ambiental que enfrenta el planeta es salir del capitalismo y del individualismo extremo." La frase del periodista francés Hervé Kempf resume el eje de su propuesta, una posición que cinco años atrás podía resultar quimérica, pero que hoy tiene cada vez más peso entre los especialistas del medioambiente y la crisis ecológica global. En diálogo con Tiempo Argentino, el autor de Cómo los ricos destruyen el planeta y Para salvar el planeta salir del capitalismo, los dos libros editados por Capital Intelectual que vino a presentar a Buenos Aires, explicó por qué las energías renovables son una coartada y el "crecimiento verde" una salida falsa a la crisis, y más esperanzador, advirtió: "El patrón del individualismo exacerbado está cambiando. Es difícil definirlo pero vemos que hay un redescubrimiento del bien social, que hay un deseo de volver a entablar un espíritu colectivo. Comenzamos a ver los límites de este sistema económico y social."
-¿Cuál es su diagnóstico de la crisis ecológica?
-Todos los indicadores demuestran mayormente un deterioro continuo y rápido de la situación ecológica, así sea del cambio climático, la biodiversidad o la contaminación de los ecosistemas. Lamentablemente, hay muy pocos aspectos donde se observan mejoras.
-¿Hay consenso sobre este diagnóstico?
-Hay un consenso muy claro entre los científicos, tal vez no haya un consenso político. Si nos atenemos al cambio climático, no hay un verdadero debate. Los "climatoescépticos", como se los suele llamar, no tienen argumentos sólidos, ni validados por los demás especialistas y en muchos casos son personas financiadas por entidades u organismos que sí tienen una agenda y un programa político. Después, existen diferencias entre países. El caso extremo es Estados Unidos, donde la oligarquía se impone tanto que ya han perdido el sentido del bien común. Pero en otras sociedades, como la alemana, francesa, inglesa, casi todo el aparato político está de acuerdo en aceptar las dimensiones de la crisis ecológica. Allí lo que hay es un verdadero problema de prioridades políticas: algunos piensan que la ecología debe ser lo primordial y otros creen que antes se debe atender a temas como el empleo, la economía.
-En sus libros advierte que no debe limitarse el problema al cambio climático, ¿por qué?
-El cambio climático es una parte de la crisis ecológica global, para la que el capitalismo no tiene solución. El comportamiento de nuestro sistema económico provoca al mismo tiempo la destrucción de los ecosistemas, de los bosques, de la biodiversidad, la degradación de los océanos, y el aumento de la emisión de gases del efecto invernadero. Es el mismo sistema el que genera todas las crisis.
-En 2006, denunció por primera vez que la causa de la crisis ecológica es el modo de producción capitalista, ¿hoy existe más conciencia sobre ese vínculo?
-Cómo los ricos destruyen el planeta se publicó antes de la crisis financiera de 2008. Se suponía que los banqueros, los especuladores, los agentes bursátiles, todos los que causaron la crisis, iban a cambiar de comportamiento y que los estados iban a retomar el control de las sociedades financieras, y orientar la política hacia una dirección distinta. Pero hoy vemos que los especuladores tienen el mismo poder de siempre y que la oligarquía rechaza cualquier cambio, así sea en lo ecológico o en el ámbito de la distribución de la riqueza. Hay un sistema que se está crispando, tensionando. Pero al mismo tiempo, desde hace tres o cuatro años, hay una evolución en la manera de pensar de las sociedades. La cuestión de las desigualdades se ha hecho evidente y se consolidó la conciencia ecológica. En Túnez y Egipto, hubo verdaderas revoluciones populares, en Chile vemos un movimiento similar. Europa también está siendo agitada por muchos movimientos sociales que se están despertando, en Grecia, en Italia y en Francia también.
-Pero aún persiste la separación entre los movimientos sociales, políticos y los ecológicos, ¿a qué se debe esa lejanía?
-Porque lleva tiempo. Hace seis años, los partidos de izquierda decían que los problemas ecológicos eran una cosa de burgueses y los ecologistas ignoraban la cuestión social, pero hoy en día es muy claro que no se puede separar las dos problemáticas, que están articuladas. Si uno mira la secuencia en Chile comienza contra las represas, después hay un escándalo por el sistema bancario y después comienza el movimiento estudiantil. Todos hablan de lo mismo, del bien común. La naturaleza, la educación, se ve que lo que hacen es criticar al sistema chileno de la misma manera: la concentración de las corporaciones, las ganancias, la exportación de capitales. Obviamente sigue habiendo esa distancia, pero hay cada vez más formas de alianza.
-¿Cómo responder a la acusación de que el movimiento ecologista es conservador?
-No tiene mucho sentido, creo que es un insulto para tratar de debilitarlo. Pero hay que ver el fondo de la cuestión. El movimiento ecológico sigue mirando hacia el futuro. Tal vez se le puede decir que es pesimista. Pero los conservadores son los que creen que todo va a poder seguir igual que en los '60. No quieren cambiar el American Way of Life. En su momento fue maravilloso, pero ahora estamos en un mundo diferente.
-¿Por qué sostiene que las energías renovables son una coartada y que el crecimiento verde es falso?
-Las energías fósiles no van a ser remplazadas por energías nuevas hasta dentro de dos o tres décadas, si se conserva este nivel de consumo. Los países del norte tenemos que disminuir el consumo de energía. El segundo aspecto, es que las energías renovables por el momento son interpretadas por las empresas capitalistas como un modo de generar nuevos mercados y nuevas ganancias, pero sin cambiar la lógica del sistema. No podemos negar que hay un lazo entre un sistema técnico, un sistema social y la crisis ecológica.
-Pero eso significa también cambiar todo un patrón cultural, ¿cómo se lo modificaría?
-Los patrones culturales no se van a modificar sólo porque alguien diga que lo vaya a hacer. En el avance del capitalismo de los últimos 30 años, hubo un desarrollo del individualismo exacerbado. Me parece que eso está cambiando. Comenzamos a ver los límites de este sistema. Es difícil definirlo, pero vemos que hay un redescubrimiento del bien social, que hay un deseo de volver a entablar los lazos sociales y el espíritu colectivo. Sigue siendo difícil, porque la televisión sigue siendo muy poderosa en inculcar este espíritu pero estamos llegando al final de este sistema, porque genera una frustración muy grande y una sensación de soledad compartida. Hay que ver cómo se hace el paso a la aplicación política hay una justificación de la comunidad para decir que podemos incluir en la cuestión colectiva. Es muy importante, por ejemplo, que haya dos o tres canales que no estén inspirados en la cuestión de la ganancia sino por la idea del bien común.<