EL PROYECTO DE LEY DE RIESGOS DEL TRABAJO

Un parche que no soluciona problemas

Una iniciativa que divide aguas y fue la excusa para la ruptura entre Moyano y Héctor Recalde.

El proyecto de ley de riesgos del trabajo que el Poder Ejecutivo envió al Congreso es un punto de inflexión. Lo es porque se trata de un articulado redactado en función de los intereses de los empresarios y en detrimento del de los trabajadores y porque no subsana las tachaduras de inconstitucionalidad que la Corte Suprema de Justicia hizo a la 24.557. Pero además, porque pone en aprietos a varios funcionarios del Poder Ejecutivo que soñaban con una reforma integral de la ley, concebida en el seno del neoliberalismo privatista y flexibilizador del menemismo, y también a los diputados de extracción sindical del Frente para la Victoria que están tironeados entre la defensa de los derechos de los trabajadores y la lealtad a los designios del bloque que integran. Lo mismo les ocurre a muchos sindicalistas oficialistas, quienes puestos a "defender el modelo" deben aceptar este parche a la legislación, que no fortalece la prevención de accidentes, que elimina la doble vía y que obliga a quienes se animen a ir a la justicia a recaer en el fuero civil.
Esta serie de contradicciones fue expresada a los gritos por el titular de la CGT Azopardo, Hugo Moyano, quien eligió al diputado Héctor Recalde como la personificación de la traición y la entrega de los derechos de los trabajadores. El martes, el líder camionero terminó de romper los lazos que le quedaban con quien fuera su amigo, aliado y asesor legal por los últimos 20 años, y lo hizo de la peor manera. "Nos tendrías que haber dicho, Recalde. No podés ser tan servil al poder. Invitarnos para decirnos que está todo cocinado. Es una falta de respeto a los trabajadores y la historia los va a juzgar", le espetó Moyano al diputado en la reunión de Comisión de Trabajo con el micrófono en la mano. Recalde –presidente de la comisión– escuchaba sin dar crédito a lo que oía. Moyano no podía desconocer que el dictamen del proyecto –que ya cuenta con media sanción de Senadores– había sido firmado la semana pasada y dos diputados muy cercanos (su hijo Facundo y el canillita Omar Plaini) ya estaban al tanto.
Y lo que el camionero también debía saber y aun así omitió es que Recalde no rubricó la iniciativa del Poder Ejecutivo, a pesar de las recomendaciones del ministro de Trabajo, Carlos Tomada, y del titular de la bancada oficialista, Agustín Rossi. Por el contrario,  presentó un dictamen de minoría, que no es otra cosa que el proyecto redactado en el seno de la CGT que conduce Moyano, que sí busca una reforma integral del sistema de riesgos del trabajo y que ya había sido ingresado en 2006, 2008 y 2010. Es por eso que el espectáculo que ofreció el martes el camionero en Diputados se parece más a una puesta en escena que a un exabrupto.
Desde las huestes moyanistas reconocen que la reacción de Moyano "no se esperaba". La manera de explicar semejante acusación pública para con Recalde es que el camionero "tenía la esperanza" de que si concurría con sus aliados a la reunión de comisión, el dictamen podría modificarse. Otra de las interpretaciones que llegan desde el moyanismo es que la "actitud tibia" de Recalde "hace rato" que viene ofuscando al titular de la CGT Azopardo. "Recalde dijo que el aporte que hiciera Moyano podía incluirse como modificación en el recinto. Pero eso es una chicana", se quejaron cerca del camionero.
Después de varias horas de apagados los ecos de los gritos que Moyano le propinó a Recalde y con la sangre más fría, los moyanistas admiten la desmedida y sorpresiva reacción del camionero, pero se mantienen firmes en que, más allá de haber presentado un dictamen de minoría, el problema de la actitud del abogado es que igual dará quórum para tratar el proyecto. Allí radicaría principalmente, entienden ellos, la traición de Recalde.
Pero el abogado laboralista informó a Rossi y a Tomada en una reunión que no votaría la iniciativa oficial y que reingresaría el proyecto de la CGT. En cuanto se conoció el proyecto, Recalde había adelantado que sus convicciones y su trayectoria no le permitían votar el articulado redactado para dar el gusto a la Unión Industrial Argentina de terminar con la "industria del juicio". Es por eso que el diputado indicó al jefe de la bancada oficialista que ponía su renuncia a disposición. Sin embargo, Rossi lo ratificó en el cargo y lo relevó de defender el articulado.
Recalde ya había tomado distancia del cacique sindical desde que Moyano decidió pararse en la vereda de la oposición, luego de años de alianza estratégica con el gobierno (y de ser servil a los intereses del poder cuando, por ejemplo, adelantó cuatro meses la paritaria de Camioneros para marcar la pauta de aumentos salariales), pero había evitado hablar públicamente de ese distanciamiento y mucho más todavía de criticar al camionero abiertamente.
A diferencia de Plaini y Facundo Moyano, él siempre optó por su lealtad a la presidenta, Cristina Fernández. Una de las pruebas más tangibles de esa elección fue en mayo pasado, cuando faltó a la marcha de la CGT en la Plaza de Mayo para reclamar la suba del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias y la universalización de las asignaciones familiares. Pero, hasta ayer, la ruptura no había quedado expuesta tan claramente. Ahora, no sólo es evidente la ruptura en términos personales, sino también profesionales. El letrado ya no representará a la CGT Azopardo ni a Camioneros.
La reacción de Moyano podría atribuirse, entre otras cosas, al intento de dar el salto desde el terreno sindical hacia la arena política. De hecho, ese fue el punto de quiebre con el gobierno. En ese intento, el líder camionero se convirtió en una de las voces más activas de la oposición, se permitió acercamientos a representantes de la derecha política, incorporó a su discurso de temas de una agenda que no puede ser considerada progresista y concedió varias entrevistas a medios de comunicación que antes integraban la lista de enemigos, entre otras sorpresas.
Ese salto a la política pone incómodos incluso a sus más férreos colaboradores. Uno de los dirigentes más cercanos al camionero dijo que el mundo de lo gremial es tierra firme, mientras que el terreno se va poniendo pantanoso cuando el destino es lo político.
"Para mí lo ideal es quedarse en el plano de lo sindical, porque allí sabemos con quién queremos estar. Y en lo sindical sabemos que queremos estar con el "Negro" (como se lo conoce cariñosamente a Moyano). Ahora en el plano político la cosa se complica un poco más. El Negro sabe que si va con algunos personajes, no nos vamos a quedar. Mientras la cosa se quede en lo estrictamente sindical no hay demasiado conflicto", indicó el dirigente.
Y un ejemplo de ese "quedarse en lo sindical" es el acercamiento que la CGT Azopardo tuvo con la CTA opositora, que conduce Pablo Micheli. Si bien desde el moyanismo confirmaron que no habrá un frente, lo que está claro es que habrá "unidad en la acción", es decir, aunar esfuerzos con fines determinados, como mantener el poder adquisitivo de los salarios frente a la inflación. Pero no estarían dadas las condiciones para armar algo más formal o para unificar las dos centrales. "Falta otro nivel de discusión", aclararon.
El proyecto de ley enviado por el Poder Ejecutivo es también un punto de inflexión porque generó la reacción que generó en Moyano y el silencio absoluto de las centrales obreras más oficialistas. De hecho, ni la CGT que lidera el metalúrgico Antonio Caló ni la CTA de Hugo Yasky concurrieron a la Comisión de Trabajo de la Cámara Baja a dar su opinión sobre la iniciativa. Aun cuando las invitaciones no hayan llegado en tiempo y forma e incluso cuando pudieran suponer que lo que tuvieran para decir fuera a quedar en el terreno de lo testimonial (argumento que esgrimió Moyano a gritos), algo deben tener para decir sobre este proyecto que, en su espíritu, inclina para el lado del empleador la balanza del derecho laboral, que tiene justamente la función contraria.  -<dl