En burrito a la escuela, de Córdoba a Tecnópolis

Los títeres conmueven a los más chicos con la historia de un pastorcito

El grupo cordobés, fundado en 1997, presenta en el Encuentro Federal de la Palabra una bella pieza que tiene "sabor a tierra". 

Los títeres conmueven a los más chicos con la historia de un pastorcito

Los títeres conmueven a los más chicos con la historia de un pastorcito.

El teatro para niños está presente en el Encuentro Federal de la Palabra, en Tecnópolis. La compañía cordobesa Ulularia Teatro ofrecerá En burrito a la escuela, obra de títeres en la que dos maestras rurales relatan la historia del pastorcito Luis, que vive con su abuelo en las sierras. Una pieza deliciosa que trasciende belleza y sabiduría. Para el grupo Ulularia, fundado en 1997, "menos es más", desde una poética de efectiva sencillez. La función será el próximo sábado 12 de abril, a las 14:30, en la Sala I. La actriz Laura Gallo, integrante de Ulularia, reflexiona sobre la llegada de En burrito a la escuela a Tecnópolis.

–¿Qué significa esta obra en la historia de Ulularia Teatro?
–En burrito a la escuela marca un momento de inflexión en la historia del grupo. Significa entrar de lleno en el mundo de los títeres, al que nos habíamos acercado muy tímidamente en las producciones anteriores. Profundizamos en la exploración de este arte, nos relacionamos con el público a través de los muñecos. Como actores esto nos posiciona desde otro lugar, ya no somos el foco... Dejamos un poco de lado la dramaturgia grupal, porque el texto es de Carlos Piñero.
–¿El proceso de puesta es colectivo?
–Sí, un proceso creativo muy largo y enriquecedor, en el que con Marcela Albrieu (titiritera), Pía Lozada (artista plástica) y Carlos Piñero (el director) investigamos conjuntamente desde la acción y la exploración, para llegar al diseño, al movimiento, a la animación… Proceso que continuó un año más después del estreno… Esta obra nos ha permitido, profunda y ampliamente, cumplir con nuestro objetivo grupal: lograr el acceso de las niñas y los niños al Teatro como un derecho fundamental.
–¿Cuántas funciones llevan presentadas, en qué lugares?
–Estrenamos en julio de 2007. Recién ahora nos damos cuenta de que ya son más de 200 funciones. Con En burrito a la escuela viajamos a Chile, Bolivia, España (dos giras en las que recorrimos muchas ciudades), Chaco, Corrientes, Salta, Tucumán, Río Negro, Santa Fe, Misiones, Buenos Aires, Neuquén y el interior profundo de nuestra provincia de Córdoba.
–¿Dónde reside la magia de En burrito a la escuela?
–Hay algo de lo genuino, de lo local, sin ser costumbristas, una historia que nos conmueve, que logra llegar desde lo emotivo. En lo personal me gusta el tono  poético, como un sabor a tierra, que recupera elementos de nuestra identidad, no en un sentido tradicionalista, sino en la búsqueda de una renovación poética de esta identidad. Y algo que ya sabemos todos: los títeres son pura magia.
–¿Qué significa participar en Tecnópolis?
–Nos alegra enormemente que el Instituto Nacional del Teatro nos convoque para presentar  nuestro trabajo en este encuentro. Eso habla de federalismo y es muy bueno. Tecnópolis es un espacio de acceso a la cultura y las ciencias importantísimo. Estar aquí también significa la legitimación de nuestro trabajo, pero –y espero que esto no suene soberbio–, nos alegra tanto como ir al interior profundo y olvidado de nuestra provincia, cuando nos convocan del Movimiento Campesino de Córdoba, con el que venimos trabajando hace mucho tiempo.
–¿Qué esperan de los niños de las escuelas que los visitarán?
–Sabemos que a Tecnópolis vienen escuelas de todo el país, público del todo el país… Eso nos genera una mezcla de ansiedad, miedos, alegría, gran compromiso. Esperamos, como siempre, poder llegar a estas niñas y niños a través de este lazo sensible que es para nosotros el Teatro, que deseamos sea cada vez más repartido, más abrazador.   «