
Por:
Mario Rapoport
El discurso de la presidenta en la UIA ha suscitado adhesiones y controversias. Frente a un mundo que está en llamas, con una crisis que no trae soluciones nuevas desde los países ricos; y en donde el stock financiero cuadruplica el producto global, Cristina atacó el modelo de especulación propio del neoliberalismo -que define como anarco- capitalismo- y la incapacidad de superarlo que manifiestan los más poderosos del mundo.
Sin embargo, las llamas internas se encendieron luego, cuando se pronunció en contra de la intervención del Estado en la distribución de la ganancias entre empresarios y trabajadores, volviendo a la idea de un Pacto Social y no a la imposición por ley de determinadas soluciones.
También destacó la derrota del comunismo frente al capitalismo con la caída del muro de Berlín, pero añadió que ese hecho derivó en el Consenso de Washington y las políticas neoliberales que arrasaron en América Latina y con el Estado de Bienestar en los países desarrollados. Hoy economistas del FMI reconocen que las inequidades y desigualdades de este modelo fueron la causa última de la crisis actual, a la que algunos llaman ya la "Gran Regresión". Pareciera ser que el Muro de Berlín no se cayó de un solo lado.
La presidenta cree en que con un modelo productivo en el que la industria, el mercado interno y la innovación tecnológica jueguen un rol relevante se encontrará un capitalismo virtuoso. Lo que requiere atender las señales del mercado, aunque también exige reconocer el poder político que surge de la voluntad popular.
Valora el rol del capital extranjero y critica a quienes pretenden controlar la remisión de sus utilidades pero apela a que se reinvierta en el país. Es cierto que estamos atados por una serie de convenios firmados por gobiernos anteriores y que esa maraña financiera, vinculada a la injerencia de tribunales extranjeros, es muy difícil de desenredar. ¿La sintonía fina del modelo productivo podrá caminar por este estrecho desfiladero que le marca sus límites? ¿O deberá superarlo? ¿Existe una burguesía nacional para llevar adelante ese proceso? ¿Acompañaran los trabajadores? Ese es el verdadero dilema.