
Por:
Sebastián Hacher
Erica Soriano lleva 23 días desaparecida y todavía no hay pistas firmes sobre su paradero. La joven embazada de dos meses fue vista por última vez el 21 de agosto cuando, según su pareja, salió desde Lanús para visitar a su madre en Villa Adelina. Allí, en la puerta de la casa a la que se dirigía aquella mañana, la familia organizó el sábado a la noche una vigilia que se extendió varias horas, en la que los más íntimos se reunieron para pedir su aparición.
"Estoy bien, pero no me busquen: voy a seguir escondido." Palabras más, palabras menos, ese fue el mensaje que en los últimos días hizo llegar a sus familiares Daniel Lagostena, el hombre con quién Erica iba a tener un hijo y que desde hace una semana también está inhallable.
El domingo pasado, el hombre dejó una carta en que aseguraba que se iba porque "no quería ser el chivo expiatorio del caso". Desde esa clandestinidad autoimpuesta, envió mails a algunos medios de comunicación y dijo que la investigación estaba llena de irregularidades y que había presiones políticas para convertirlo en culpable.
Los familiares de Erica habían señalado que su actitud frente a la desaparición de su novia era extraña. "Lo invitamos a participar de las marchas y a sumarse, pero él nunca apareció. Y todo lo que sabemos de las últimas horas de ella pende, del relato de él", dijo durante una entrevista la madre de la joven desaparecida. Los allegados a la pareja también sostienen que el hombre tenía una actitud "posesiva y controladora" con Erica, y que la pareja solía tener discusiones porque el hombre intentaba controlar todos los movimientos de la joven, a la que le lleva veinte años.
El día en que Erica desapareció, sin embargo, su actitud controladora desapareció y se mostró despreocupado cuando la madre de la mujer lo llamó inquieta porque su hija no llegaba: primero no respondió sus llamados, y cuando lo hizo dijo que quizás Erica "se había perdido".
Pero el hombre nunca fue considerado sospechoso por la justicia. Recién tras su huída, los investigadores ordenaron allanar la casa que compartía con Erica y tres propiedades de su padre: una funeraria, un galpón y un lavadero de autos.
En el hogar de la pareja, la justicia encontró manchas de sangre que están siendo comparadas con muestras tomadas a la madre de la joven. En el galpón y el lavadero, los investigadores secuestraron distintos elementos que están analizando para ver si tienen relación con la causa.
Hasta el momento, Lagostena sigue sin ser considerado sospechoso en el expediente que tramita la Fiscalía Nº 7 de Lomas de Zamora por la desaparición de Erica. La única causa que lo tiene como protagonista es una por averiguación de su paradero en la UFI 4 de Lomas de Zamora, y que comenzó con una denuncia de su padre, Héctor Lagostena.
"Lo que sabemos es que se sigue con los rastrillajes en el Riachuelo, las vías del tren y las búsquedas puerta a puerta con preguntas y fotos. Lo que cambió es que ahora ya no buscan a una sola persona, sino a dos", dijo a Tiempo Argentino la hermana de Erica, Verónica Soriano.
La familia de la chica promete seguir con movilizaciones y vigilias hasta que aparezca. <