
Por:
Dr. Juan Manuel Abal Medina Secretario de la Gestión Pública de la Nación.
La crispación, que parte importante del establishment mediático ha instalado respecto de cualquier decisión o acción política que tenga como protagonistas a Néstor Kirchner o a la presidenta Cristina Fernández, ha llevado a considerar de igual forma y con el mismo desprecio diferencias que pueden ser legítimas en el campo de la política doméstica con el tratamiento de los grandes temas de la política exterior que los países suelen reservar a las tan demandadas políticas de Estado. Así, es un lugar común hablar de la Argentina aislada del mundo. Es algo que han "consensuado" los editorialistas, que retweetea el coro opositor sin realizar el más mínimo análisis, y que ha llevado a aquellos que del retweeteo han hecho su razón de ser, a incluso plantear en el Congreso de la Nación un repudio a la designación de un compatriota como Secretario General de la UNASUR. Tan ridículas han sido estas afirmaciones que el mismo Carlos Escudé, un experto en política internacional que nada tiene que lo vincule al gobierno actual, ha dicho refiriéndose a la política exterior de la Argentina que sólo merece sacarse el sombrero. Casualmente aquellos que plantean que la Argentina está aislada del mundo, lo afirman sin definir con claridad qué significa exactamente. La Argentina de los '90, inserta en el plano internacional mediante la subordinación a la potencia dominante, o en el lenguaje del canciller de aquel entonces a través del establecimiento de relaciones carnales con los EE UU, definía una forma clara y precisa de integrarnos al mundo: subordinados, a través de la extranjerización de nuestros recursos, ya sea las empresas de servicios públicos, ya sea el petróleo y el gas, ya sea por la venta de activos que los privados realizaban sin ningún sentido estratégico. No obstante lo anterior, aún se señala que existía un clima bussines-friendly, como gusta decir a los mercados. Esto sin mencionar una serie de lamentables actuaciones, por caso, nuestra participación en el conflicto del Golfo Pérsico, sin claridad respecto de cuáles eran los objetivos estratégicos de política exterior afectados allí; y, en segundo lugar, el tráfico de armas a Ecuador, que nos costaría años de enfriamiento en la relación con el Perú además de la perdida de credibilidad frente a todos nuestros vecinos. La Argentina de este siglo, supuestamente aislada del mundo, sin embargo es protagonista del momento más vibrante por el que haya pasado nuestra región. Procesos como el Mercosur, van firmemente alcanzando el nivel de madurez que las propuestas de los presidentes vienen sosteniendo. Así, la última cumbre realizada en San Juan fue señalada por Lula como la más importante desde Ouro Preto. Al mismo tiempo, Sudamérica se encuentra embarcada en un proceso de integración más ambicioso, la Unasur, que ha dado reiteradas muestras del nivel de madurez y autonomía política que hemos alcanzado, más allá de pequeñas fricciones que puedan aparecer. La resolución del conflicto entre Colombia y Venezuela es quizás el ejemplo más cabal de esta poderosa herramienta y de que la marcha de la integración es indetenible. La Argentina es protagonista de esta etapa. Lo es en el nombre de su presidenta que se presenta en los foros internacionales dejando en claro nuestras posiciones, y en oportunidades, la de la región toda, tal como ocurrió en la cumbre Unión Europea-América Latina y el Caribe. Actuando con rapidez y eficacia en la convocatoria a una reunión de la Unasur en el caso de las bases estadounidenses en Colombia, o durante el intento frustrado de secesión de ciertas regiones en la hermana República de Bolivia que derivó en la masacre de Pando. Esto sin contar nuestra participación en el G20, mesa en la que estamos por derecho propio y en la que, los mismos que plantean nuestro aislamiento del mundo, sostienen que pronto nos sacarán, mezclando intereses con expresión de deseos. Ahora, además, la Argentina es responsable de la gestión de la Secretaría General de la Unasur. Hemos puesto lo mejor que tenemos para acompañar a los doce presidentes en el proceso de construcción del sujeto sudamericano. La actuación del Secretario General, en forma y sustancia, ha sido lo que se espera de un referente político de primer nivel internacional. El resultado, el reestablecimiento de relaciones entre Colombia y Venezuela, no hace más que ratificar lo oportuna de la apuesta de nuestro país. Así, mientras la Argentina "inserta" en el mundo contribuía a acrecentar los conflictos, la Argentina "aislada" nos reivindica ayudando a la paz entre países hermanos. Repasando los hechos, ¿no es un una obligación, cuando alguien dice que la Argentina está aislada del mundo, que nos defina a qué se refiere? <