Tiempo Argentino

Edición: 17 de Mayo de 2012 | Ediciones Anteriores

17 de Mayo de 2012

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SIC BAJÓ AL PUNTERO. Sin derrotas como visitante, el Zanjero ganó en Don Torcuato, luego de tres años, y terminó con el invicto de Hindú.

Por:
Nacho Levy

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez. Ni un segundo más se demoró la hazaña. Unos venían chiquitos, después de dos derrotas. Otros venían gigantes, tetracampeones, invictos. SIC debía ganar, como tantas veces, pero para eso tenía que perder Hindú, justo Hindú, el mitológico elefante de la URBA que no caía en su casa desde el 22 de octubre de 2009. Y con ansias, se esperaba el clásico, el clásico festejo de Don Torcuato. Pero los zanjeros, obligados, soñaban. Y planificaban a conciencia la presión asfixiante sobre Francisco Bosch, el tryman del campeonato, improvisado como apertura en un puesto que no siente propio. Ni ajeno.
 Hambriento entonces, SIC salió como siempre, como nunca, dispuesto a jugar su final, sin regalar ni diez segundos. O sí, sólo diez. A los 11, cuando la ovalada no había hecho más que subir y bajar del cielo, López Mañan le tapó una patada al Cubano y se zambulló en el ingoal, para taparle también la calma y la confianza.
 No era un disparate la victoria. Ricas las historias de ambos clubes, se habían cruzado en tres semifinales y una final. Y aun herido, el tricolor podía vanagloriarse de contar con el goleador del torneo, Benjamín Madero. Y de su invicto como visitante, puesto que sus tres derrotas en esta temporada fueron en la Zanja. Pero su última victoria en Don Torcuato ya estaba amarillenta: junio de 2007.
 Fantasmas había de sobra, pero tackle también. Minuto a minuto, SIC atacó defendiendo, empujó aguantando, pudo queriendo, buena parte del primer tiempo. Hasta que las primeras carcajadas despertaron al Elefante. Con un line atrevido, que se robó 7 pelotas, Hindú metió ritmo y metió a Belisario Agulla en el ingoal, para que Senillosa se soleara con la amarilla de Artese, hasta igualar la historia.
 Quizás sólo había sido una ráfaga de emoción, un chorrito de adrenalina. Pero no: a la vuelta del descanso, SIC ya no descansó. Para el aire, entraron las manos limpias de Chinelli y Etchart. Y para el fuego, explotó la mente diabólica de Bruzzone y las piernas endiabladas de López Mañan.
 Soñando, resistió. Y a segundos del otro pitazo, Serra interceptó la pelota del sacrificio, para romper el maleficio y la línea de ventaja, en el cementerio de los elefantes. Ayer, les tocó llorar. A todos. <