
Por:
Jimena Segura
Los residuos agrícolas, urbanos e industriales pueden existir en diferentes períodos y etapas del desarrollo económico. Sin embargo, la explotación intensiva de los cultivos, la concentración demográfica, y la brusca expansión del consumo y la producción son fenómenos propios de la economía moderna que van adquiriendo, con el correr de los años, dimensiones significativas. Los efectos "residuales" de la producción bien pueden ser por un tiempo barridos bajo la alfombra, hasta que como ocurrió la semana pasada con la saturación del relleno sanitario de Punta Lara, la montaña de basura pide permiso y se impone como un nuevo personaje de la sociedad.
El efecto negativo principal de la alta concentración residual es la contaminación ambiental. La descomposición de los residuos urbanos en rellenos sanitarios genera gases tóxicos como el metano y el dióxido de carbono y la posibilidad de la filtración de los llamados líquidos lixiviados a las napas de agua. A modo ilustrativo, en el Área Metropolitana de la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano Bonaerense, se generó en el año 2009 algo más de 5,6 millones de toneladas de basura según datos del CEAMSE. Si se toman como referencia las estadísticas de la Secretaría de Ambiente, se trata de aproximadamente el 36% de los residuos originados a escala nacional, lo que permite estimar que más de 15 millones de toneladas es el volumen de producción nacional anual de residuos sólidos. La secretaría estima que más de la mitad de los basurales del país son a cielo abierto, lo que potencia sobremanera los efectos contaminantes y las transmisiones de pestes.
Los residuos agrícolas en la Argentina, también presentan focos problemáticos para el ecosistema, como ser el estiércol de la producción avícola de las provincias de Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires; la vinaza de la caña de azúcar para la producción de bioetanol en Tucumán; el estiércol de vaca generado por la producción en feed lots y el suero de leche de los tambos de las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe; el orujo de la uva de Mendoza o la cascarilla del arroz en Entre Ríos.
La ciencia económica adopta este tipo de problemática y le pone un nombre: "externalidades". Es decir, los costos que genera un tipo de producción o consumo y que se proyectan hacia afuera de la unidad que los genera, sin expresarse de forma directa en el precio del producto. La contaminación es considerada por la teoría como un ejemplo de externalidad, en tanto genera un costo social -que en definitiva estaría asociado al deterioro en las capacidades productivas de la población o de otras ramas de la producción- que nadie paga. Los especialistas en el tema se centran cada vez más en el estudio que permita que este costo social pueda ser transformado, mediante una inversión, en un insumo productivo. En este caso, con el respaldo del alto precio de los hidrocarburos, y el progresivo agotamiento de las fuentes energéticas no renovables, las investigaciones apuntan a que los residuos sean una fuente de abastecimiento de energía eléctrica que origine, cual flor de loto que nace del barro, algo vital a partir del desecho.
NADA SE PIERDE, TODO SE TRANSFORMA. En junio pasado, ingenieros del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) visitaron plantas de generación de electricidad a partir de residuos sólidos en Alemania, España y Holanda. El ingeniero Alberto Anesini, uno de los enviados, comentó a Tiempo Argentino la necesidad de un tratamiento integral de los desechos urbanos que en principio apunte a la posibilidad del reciclaje, donde la venta de los materiales recuperados no siempre cubre el costo de la selección, por lo que en ciertas ocasiones sería necesaria una subvención. Posteriormente la incineración, explica Anesini, consistiría en la quema de residuos que sólo sería justificable en tanto se aproveche la energía térmica liberada para producir energía eléctrica. Y por último la metanización, que consiste en la creación de biogás a partir de la descomposición anaeróbica de los residuos orgánicos, lo que permite que el metano tóxico liberado no contamine y se transforme en una fuente energética, a la vez que el subproducto de este proceso puede ser utilizado como abono. En cuanto a los costos, Anesini comentó que la planta de incineración que visitaron en la ciudad de Ámsterdam tiene un costo de 200 millones de euros, y procesa más de 4000 toneladas de residuos al día, lo que genera aproximadamente 125 MW/h. De esta forma, tres plantas podrían procesar la basura que se genera en el área metropolitana porteña, proveyendo cerca de 440 MW/h. Esta generación podría abastecer, según el consumo medio residencial de la región, cerca del 8% de los hogares de capital y el conurbano. El especialista del INTI afirma que este índice, en localidades más pequeñas del interior, puede ascender a un máximo del 30% del consumo de la energía eléctrica local.
En cuanto a los residuos agrícolas, existe un importante potencial de creación de biogás a partir del procesamiento de los desechos de la actividad agrícolo-ganadera argentina. Frente a ello, el INTI junto a otros organismos desarrolla diversos proyectos de evaluación de instalación de biodigestores en diferentes localidades del país. Según un estudio realizado en 2009 por la Secretaria de Energía y Fundación Bariloche, en Entre Ríos existe la posibilidad de generación de 60 MW/h a partir de la cascarilla de arroz, de 52 MW/h en Mendoza con el orujo de la uva, y de producir con el estiércol seco del ganado el equivalente al consumo de 1,5 garrafas de 10 kg por mes en 3,8 millones de hogares. En este contexto, a través del programa GENREN la Secretaría de Energía llamó a licitación la producción de energía eléctrica por 120MW de los residuos sólidos urbanos y por 20 MW a partir del biogás. No se trata solamente de comparar los costos de las plantas de procesamientos o biodigestores contra el del relleno sanitario, sino también con el ahorro en electricidad y combustible, así como también la reducción del costo social contaminante de los vertederos. También entra en juego la comparación con otro tipo de biocombustibles: en tanto se trata de un desecho, no reduce la oferta alimenticia ni resta nutrientes del suelo. Sin embargo, queda pendiente la primera de las tres erres ecologistas (Reducir-Reciclar-Reutilizar) lo cual disminuye todos estos costos. En definitiva, se trata de hurgar en la cotidiana basura que no miramos. <