Tiempo Argentino

Edición: 17 de Mayo de 2012 | Ediciones Anteriores

17 de Mayo de 2012

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La comunicación pública de la ciencia

Tenemos todavía un gran desafío: articular el sistema científico tecnológico con el desarrollo industrial de nuestro país y con el bienestar de nuestros conciudadanos.

Por:
Daniel Barraco

La ciencia y la tecnología nunca existen en el vacío: se desenvuelven e interaccionan con un contexto político, social, cultural, histórico definido. Históricamente la Argentina fue un país con bajo nivel de inversión en ciencia y tecnología, escasos recursos humanos y un sistema nacional de innovación débil y poco articulado. A pesar de estas condiciones de contexto, logró ser el único país latinoamericano con tres premios Nobel, que domina (y exporta) desde hace décadas la estratégica tecnología nuclear, y desarrolla satélites conjuntamente con la NASA, por citar algunas actividades significativas.
Justo es reconocer los cambios de contexto favorables a la actividad científica en los últimos años, así y todo tenemos todavía un gran desafío: articular el sistema científico tecnológico con el desarrollo industrial de nuestro país y con el bienestar de nuestros conciudadanos.
Ahora bien, en el actual contexto de fuerte centralidad de la comunicación ?tanto los medios masivos tradicionales, como la irrupción de fenómenos novedosos como las comunidades virtuales, los blogs y hasta la televisión digital? es imprescindible potenciar el desarrollo de la comunicación pública de la ciencia.
Para ello es necesario que los investigadores puedan poner en valor las tareas de divulgación científica que realizan. Y es una fuerte deuda del sistema de evaluación de la carrera del investigador, que el sistema se centre exclusivamente en la bibliometría: publicar muchos papers en revistas de los países centrales, desalentando por cierto las actividades de transferencia directa del conocimiento producido a la sociedad, si bien hay que reconocer que en el área de transferencias ha habido en los últimos años acciones positivas como lo es por ejemplo la figura de investigadores del CONICET en empresas.
Por otra parte, en la primera década del siglo XXI debemos lograr mecanismos aggiornados para que la sociedad pueda apoyarse en la ciencia y no solamente apoyar la ciencia. Se debe incentivar el emprendedorismo en los miembros de la comunidad científica tanto graduados como estudiantes e igualmente se debe aumentar el apoyo de las empresas privadas a los investigadores que deseen hacer innovación tecnológica. Nuestro país tiene muy poca inversión privada en investigación aplicada.
  A pesar de los estereotipos de científicos abstraídos y desinteresados del mundo, no hay neutralidad en la ciencia. Y por supuesto tampoco en su divulgación. Hay autores que dicen que lo que caracteriza al capitalismo contemporáneo, no es la propiedad privada de los medios de producción, de los bienes físicos, sino la propiedad privada del conocimiento.
Por eso debemos apuntar a que los ciudadanos puedan ser parte de las decisiones de los proyectos científicos y tecnológicos, ante esto surge la necesidad de refundar la divulgación científica como el motor que logrará incrementar la cultura científica de la sociedad e incluir a más sectores en debates científicos críticos.
A su vez, por el lado de los más jóvenes se vive una crisis severa de vocaciones científicas. Resulta crítico comunicar más y mejor la ciencia, para estimular las vocaciones científicas: en el área de las ciencias duras o tecnológicas. A comienzos de 1970, de cada 100 estudiantes que entraban a la universidad 30 iban a nuestras áreas, actualmente sólo 10. La principal causa de este desinterés reside en que los propios estudiantes se consideran incompetentes en materias como matemática y les despreocupa las ciencias básicas. Paradójicamente, este desinterés está enfrentado con la percepción positiva que la mayoría de la sociedad tiene de la ciencia y la tecnología. El único camino que nos queda frente esta realidad es el siguiente: o la revertimos o nos quedamos afuera de la sociedad del conocimiento. Por ello debemos encarar un cambio de paradigma en la alfabetización científica, para que desde el jardín de infantes nuestros jóvenes tengan una formación en matemáticas y que aprendan a pensar y resolver problemas. Esto solo será posible si la sociedad tiene como modelos, no a quienes ejercen más viveza criolla, sino a quienes más se esfuerzan y piensan de modo más innovador.

PROYECTOS EN MARCHA. Córdoba es desde siempre un centro de producción científica y tecnológica. En las instituciones académicas se producen y circulan los saberes que necesita aplicar el país para su desarrollo independiente. Ya nadie discute el valor estratégico del conocimiento como el principal factor productivo. Es por eso que comenzamos a incrementar la vinculación entre investigación y empresas de base tecnológica, que son las de más alto valor agregado. Aparte de la transferencia a través de estas empresas spin off y las incubadas, hemos desarrollado innovadoras herramientas tecnológicas en la facultad. Hemos creado una incubadora de empresas, y también estamos equipando un centro de metrológica al servicio de las industrias.
En el área de divulgación científica creamos, junto con la Escuela de Ciencias de la Información, una carrera de especialización en periodismo científico, tanto para comunicadores sociales como para quienes trabajan en investigación en ciencias. A su vez también hemos creado un Centro de Divulgación que contará con el primer planetario de la ciudad de Córdoba, el cual fue donado por la ciudad francesa de Nantes. En el marco de este centro de divulgación científica comenzaremos a producir programas televisivos y documentales basados en tecnología multimedial.
Finalmente, frente a este desafío de vincular ciencia y sociedad, llevamos a la práctica una idea central: ir a las cosas, tal como nos señaló Ortega y Gasset. <