
Por:
Eduardo Anguita
Daniel Sabsay, el hombre que ocupó la centralidad de la foto de los doce apóstoles una semana atrás en el predio ferial de Palermo, suele presentarse como constitucionalista. Así lo hizo entonces para decirles a los sojeros que esperen hasta el 25 de agosto, porque habrá una contrarrevolución en la granja. A partir de ese día, el voraz Estado dejará de percibir -de acuerdo a su temeraria interpretación- las retenciones a la soja.
"Si el Congreso no resuelve lo contrario, el 24 de agosto próximo, las retenciones vuelven a cero", repite Sabsay en cuanto micrófono tiene cerca. Según él, los cerca de 9000 millones de dólares anuales en concepto de gravámenes a las exportaciones, que sirven para financiar programas de diversa índole, quedarán en manos de los grandes propietarios y arrendatarios de soja y otros productos primarios. Está en juego una cifra demasiado jugosa para preguntarse quién es y por qué Sabsay defiende al sector más concentrado de la economía.
Lo extraño es que este abogado es presidente del Consejo de Administración de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales, una ONG que se presenta diciendo: "Te necesitamos para seguir luchando por un ambiente sano y sustentable." Curiosa paradoja: en FARN hay especialistas para temas vitales como la contaminación del Riachuelo, la minería a cielo abierto o los glaciares, pero no hay ningún renglón dedicado a la contaminación del glifosato. Pregunta: ¿Sabsay alienta las retenciones cero con la esperanza de que eso mejore el medio ambiente? Sería subestimar demasiado a este dirigente radical si partimos de la base de que no hizo cálculos. Es decir, la llamada frontera agropecuaria del monocultivo crecería aun más ante las ganancias exorbitantes que dejarían la soja y otros productos de exportación. Por ende, Monsanto vendería más glifosato y las avionetas no sólo lo esparcirían en los bordes de los pueblos sino que fumigarían los jardines de las casas.
La FARN no tiene una sola página dedicada al juicio "Peralta, Viviana vs. Municipalidad de San Jorge", que en la provincia de Santa Fe logró en marzo pasado un fallo histórico. En efecto, la sala II de la Cámara en lo Civil y Comercial se animó con Monsanto, y la FARN lo oculta. Decidió que "se prohíba volver a fumigar en los campos de propiedad de Gustavo N. Gaillard y Durando Facino, en esa campaña agrícola y para el futuro, a menos de 800 metros -para fumigaciones terrestres- y a1500 metros -para fumigaciones aéreas-. Ambos como mínimo, a contar del límite del ejido urbano (Barrio Urquiza) con ningún tipo de agroquímicos" por "las características tóxicas y los efectos nocivos que generan los productos utilizados para las fumigaciones (Roundup y/u otros) en perjuicio del medio ambiente, la salud de los seres humanos y los animales". El Roundup es el producto estrella de la multinacional Monsanto.
El principal promotor de FARN es la Fundación Avina, que se presenta como una organización para líderes empresariales interesados en el desarrollo "sostenible". En Argentina tiene una alianza estratégica con las fundaciones Noble -Clarín- y La Nación, las dueñas -literalmente- de la Expoagro. En el caso de La Nación, además, los directivos de Avina Argentina participaron activamente en el salvataje financiero a ese medio que permitió un remozamiento de sus directivos. Avina contaba entre sus filas a Agostino Rocca, presidente de Techint y probablemente el empresario más poderoso de la Argentina. Rocca tenía una relación estrechísima con Germán Sopeña, seguro remplazante de Claudio Escribano, al frente de los contenidos periodísticos del diario. El accidente de aviación que terminó con la vida de ambos en abril de 2001 dejó el lugar al joven Julio Saguier para hacerse cargo de los abultados pasivos del matutino. Con el apoyo de Paolo Rocca -hermano y sucesor de Agostino al frente de Techint-, de Carlos Miguens -de Quilmes, en manos brasileras y belgas- y de Stephan Schmidheiny -multimillonario suizo, fundador y por entonces presidente de Avina-.
EL ESCENARIO DE LA PATRIA. Esas vinculaciones de Avina, FARN, Sabsay y La Nación no pretenden una interpretación conspirativa de la foto de los doce apóstoles pidiendo retenciones cero. Pero es un ejercicio imprescindible tratar de entender quiénes son los voceros -dentro del radicalismo- de la Patria Sojera. Está claro que Ricardo Alfonsín no podía prestarse a integrar esa mesa. Por el solo recuerdo de la valentía de su padre, el ex presidente Raúl Alfonsín, cuando fue chiflado en la inauguración de la Rural hace 22 años. Pero Sabsay fue uno de los jóvenes alfonsinistas y no es ajeno al espacio que quieren compartir Elisa Carrió -presente en esa foto- y Alfonsín hijo.
¿Qué tienen en común Sabsay y Carrió con, por ejemplo, el diputado salteño Alfredo Olmedo? Olmedo es el mayor terrateniente sojero, financió su campaña al Congreso y se da el gusto de argumentar contra el matrimonio entre personas del mismo sexo diciendo que no es maricón y que prefiere ir "con la cola cerrada". Olmedo cierra filas con Hugo Biolcati -presidente de la Sociedad Rural y verdadera figura opositora al gobierno- en la certeza de que "el gatopardismo del gobierno" consiste en evaluar la posibilidad de segmentar las alícuotas de las retenciones conforme a una serie de variables de extensión de terreno, propiedad o arrendamiento y distancia de puertos, entre otras variables. Biolcati dijo que "de ningún modo hay que diferenciar entre grandes y pequeños". Se trata de un ejercicio del autoritarismo que le achaca al gobierno pero también de estupidez. La Federación Agraria Argentina, con Eduardo Buzzi de presidente, estaría dispuesta a cruzar el charco de la Mesa de Desenlace y sentarse con los técnicos y las autoridades del Ministerio de Agricultura para diseccionar el poderoso mundo sojero. Un paso que daría mucho oxígeno a la democracia.
No caben dudas de que Biolcati, Clarín y La Nación, con voceros como Sabsay, van a machacar hasta el 24 de agosto con que un mundo sin retenciones es lo que favorecería a la Patria. Pero la cordura debería estar presente entre algunos de quienes, por despecho o por puro antikirchnerismo, se suman al coro sojero. Pasaron ya dos años del voto no positivo de Julio Cobos, y la Argentina consolida un camino sólido. Es increíble que las voces de la Rural se quejen de que las exportaciones son bajas. Por el contrario, no sólo continúan en franco avance sino que, a pesar de las retenciones, las superganancias de los sojeros se mantienen altísimas.
Así como el ex presidente Eduardo Duhalde y su escudero, el titular del Sindicato de Peones Rurales, Jerónimo Venegas, están del lado de la Rural, muchos otros referentes opositores corren el riesgo de quedar pegados al grito de combate de Biolcati. Pero, esta vez, a diferencia de dos años atrás, navegando en la soledad de los pooles y las corporaciones. Falta apenas un año para las elecciones internas obligatorias. No es tanto. O, mejor dicho, en términos políticos es mañana mismo. No parece que una porción significativa de los argentinos se vuelva enemiga de las políticas sociales de corte universal -como la Asignación por Hijo entre otras tantas- o de la recuperación del poder adquisitivo del salario y de la industria nacional para volcarse a las rutas en defensa de la renta sojera. Más bien, las encuestas y la calle muestran que la sociedad quiere otro país, más digno y más inclusivo. Probablemente como el que está en marcha desde hace siete años.<