Tiempo Argentino

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24 de Abril de 2014

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Construir una agenda política desde el debate

Las campañas presidenciales en la Argentina, no han servido para discutir las metas que debemos alcanzar en nuestra estrategia de desarrollo y mucho menos los caminos que mejor garantizarían esos objetivos.

Por:
Fernando Straface Director ejecutivo de CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento).  

 
Las elecciones presidenciales movilizan al conjunto del sistema político y elevan el interés de la ciudadanía por las propuestas de políticas de los candidatos. Además de movilizar de manera directa al sistema político, es en los procesos electorales donde se definen (al menos a grandes rasgos) los consensos que han de gobernar el país y la agenda pública estratégica de estos gobiernos. Por eso, la calidad de un proceso electoral va más allá de su transparencia y de su nivel de participación.
Una elección presidencial constituye una oportunidad capital para visibilizar el debate de las políticas clave de un país. Pero para que esto ocurra, el debate político debe centrarse en las metas estratégicas del país, las políticas y los programas para alcanzarlas.
Y es allí, justamente, donde los procesos electorales argentinos encuentran una gran falencia. La política argentina discute mucho la historia, las "verdaderas intenciones personales" y los fracasos del presente. Sin embargo, demasiado poco se conocen y debaten los objetivos de país, las mejores políticas para lograrlos y la calidad de la acción de gobierno en cada área del Estado, según la mirada de cada candidato. Mientras el debate político continúe centrándose en las características personales de los candidatos, la historia que "avala o desacredita", o las "intenciones no reveladas" frente a cada posicionamiento público, nos alejamos de las políticas que sellan alianzas y aumentan el stock de gobernabilidad. Las campañas presidenciales en la Argentina, desde el retorno de la democracia en 1983, no han servido para debatir los temas estratégicos de una agenda-país, las metas que debemos alcanzar en nuestra estrategia de desarrollo y mucho menos las políticas (los caminos) que mejor garantizarían esos objetivos.
Varios países de la región, en cambio, han encontrado en los debates presidenciales un espacio para catalizar la discusión sobre la agenda política prioritaria del futuro gobierno. Sirviéndose de las herramientas que caracterizan a esta era de la comunicación, varias naciones han sabido construir espacios que posibilitan una discusión clara, concreta y madura de las diferentes opciones de gobierno.
Vale la pena resaltar el caso de Colombia durante las recientes elecciones presidenciales. Desde una iniciativa promovida por uno de los principales think tanks de ese país, los candidatos presidenciales concurrieron a más de una decena de debates televisados y radiales, e incluso formaron parte de un debate digital donde se discutieron  propuestas de políticas concretas, mostrando a las claras las prioridades de gobierno de cada uno. Otro ejemplo interesante es Chile, que encaró un proceso similar de la mano de la Asociación Nacional de Televisión (ANATEL). Durante el proceso de campaña para las elecciones presidenciales 2009-2010, ANATEL organizó cuatro debates entre los candidatos a presidente. Lo mismo hizo Perú en sus últimas elecciones en 2006, sumándose a la larga lista de naciones latinoamericanas que han encontrado en los debates presidenciales un instrumento útil para favorecer la discusión política: Ecuador, México, Brasil, Panamá, Paraguay, Guatemala y Nicaragua, por citar sólo algunos.
Las naciones latinoamericanas han recorrido caminos relativamente paralelos en la configuración política de sus Estados y desde hace unas décadas estos se dirigen a reforzar los sistemas democráticos. El desafío de plantear a los procesos electorales como un espacio público de debate, donde se discutan las prioridades de políticas públicas de los posibles gobiernos, se percibe como una tendencia en auge que fortalece la consolidación de las democracias latinoamericanas, y de la cual no debería ser ajena la Argentina.
El desarrollo de estos debates en medio de las campañas electorales ha despertado un intenso interés por parte de candidatos, ciudadanos, medios, empresarios y académicos. Además de fomentar una discusión política con altura, los debates presidenciales han permitido hacer más accesibles al electorado las medidas concretas que cada partido propone como bandera política y promueven un piso de pronunciamientos sobre los cuales el candidato ganador debe rendir cuentas durante su gestión. Nuestro país necesita de espacios de debate centrados no sólo en las características personales de los candidatos, sino en programas concretos de gobierno y alternativas viables de implementación. Estos espacios deben construirse desde el trabajo interno de cada fuerza política de la Argentina, en el proceso de formación de sus cuadros de gobierno y en la discusión de una agenda de gobierno que exprese un ideario programático de cada partido. Estos cuadros de gobierno partidarios han de ser quienes traduzcan en propuestas de políticas concretas, en medidas claras, sus inclinaciones políticas.
Desde la sociedad civil, los medios de comunicación, las universidades y el sector de la producción pueden impulsarse y demandarse espacios de diálogo que contribuyan a construir algunos consensos básicos y, sobre todo, a administrar los disensos de una forma democrática.
Los países de la región representan un ejemplo para la Argentina respecto de la construcción de espacios públicos de debate donde se discutan las prioridades de políticas públicas de los gobiernos. Pero para poder llegar a un debate de políticas estratégicas con contenido sustancial, los partidos deben ser capaces de consolidar sus posiciones en un ideario coherente de visión de gobierno, capaz de ser transmitido a la ciudadanía y debatido con otras fuerzas políticas. Desde organizaciones como CIPPEC podemos contribuir a la construcción de una agenda de prioridades políticas que consolide un rumbo de crecimiento con equidad. Las próximas elecciones presidenciales presentan una oportunidad única para trabajar en este tipo de iniciativas.  <