Tiempo Argentino

Edición: 20 de Abril de 2014 | Ediciones Anteriores

20 de Abril de 2014

+Buenos Aires

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Un crudo relato sin concesiones

Un ex combatiente de Malvinas es contratado por un empresario que quiere saber qué pasó con su hijo en la guerra. Dirigida por Alejandro Tantanian, se trata de una pieza explícitamente violenta que mezcla géneros y estilos.

Por:
Mercedes Méndez

Debería quedar un registro audiovisual de Las Islas. Tal vez en unas décadas, algún estudiante de literatura o teatro encuentre en una videoteca la reproducción de cómo fue la transposición al teatro de la famosa novela de 600 páginas que Carlos Gamerro publicó en 1998. Si esto sucede, la obra podría ayudar a entender el desarrollo de un nuevo pensamiento sobre la incoherencia que fue la guerra de las Malvinas. Pero no servirá sólo para pensar el conflicto bélico, sino también para discutir todas las conductas, categorías y lugares comunes que marcaron la historia argentina.
Esto tal vez pueda suceder en un futuro porque, por el momento, parece tan cercana la sangre derramada por los militares, la locura de las Malvinas y ni hablar de la alienación que dejó el menemismo como para asimilar, con cierta conciencia, la explosión de imágenes que propone este espectáculo. Las islas no es una obra fácil. No tiene un contrato de lectura que tranquilice al espectador, no hay un horizonte de expectativas que pueda calmar al público. Cuando se piensa que la obra apunta hacia una dirección, hay un giro radical y los actores y la trama van hacia otro lugar. En su adaptación al teatro, Tantanian respetó la mezcla de géneros y estilos que tiene la novela: se pasa del absurdo al realismo, de actuaciones grotescas a las naturalistas. Hay momentos surrealistas, imágenes que no se distinguen si son sueño o realidad, un universo que desborda.
Tal vez no se pueda contar de otra forma. ¿Cómo hablar del hambre de los chicos que estaban en Malvinas? ¿Cómo generar una narración realista de las violaciones de los militares? Alejandro Tantanian enfrenta al espectador con el desborde del pasado. Lo hace a través de un personaje, Felipe Félix (Diego Velázquez), un ex combatiente que perdió la memoria en Malvinas y se volvió hacker. Félix es contratado por Fausto Tamerlán (Luis Ziembrowski), un empresario alemán inescrupuloso que quiere saber qué pasó con su hijo favorito en Malvinas. Al mismo tiempo, aparece la historia de Gloria (Analía Couceyro), una mujer secuestrada y torturada durante la dictadura y que tuvo dos hijas con su torturador, de quien se enamoró. Por último, un absurdo grupo de ex combatientes que quieren regresar a las islas. Estos son los tres relatos que se intercalan en la obra, a través de géneros distintos y estilos diferentes de actuación. El espectador recorre todas las historias a través del personaje de Felipe Felix, quien funciona como un fantasma que mira, sin reaccionar, tanto grotesco nacional.
Los momentos más sangrientos de la historia argentina se transmiten en esta puesta con la misma brutalidad. Es valiente la apuesta de Tantanian y sus actores, ponerle el cuerpo al dolor, a través de una escena de tortura que hace explícita la violencia. No se evade el tema, no se hace una metáfora de la crueldad. Las Islas es una obra violenta y todos los artistas de este espectáculo están comprometidos en transmitir esa idea. Hay algo que tienen que decir sobre el "ser nacional".
Por eso, si el espectador se siente perdido en esta mezcla de recursos, debe descansar en las actuaciones porque todas, con estilos opuestos, hablan con verdad. Se puede confiar en la mirada al público de Luis Ziembrowski, en el relato intimista que hace Analía Couceyro de toda la violencia que experimentó, en el cuerpo cansado y desorbitado de Diego Velázquez. A través de ellos se puede acceder a la génesis de la violencia de la historia reciente de este país.  <