
Por:
Rodolfo González Arzac
Francisco de Narváez tenía un plan. O dos. O tres. Pero hoy, agosto de 2010, todos están averiados y con pronóstico reservado. El gran ganador de las últimas elecciones, el empresario victorioso inesperado, el que se impuso en el distrito clave, no tiene ni consigue un candidato a presidente. En su búnker de Las Cañitas hay ejercicios de paciencia oriental para contrarrestar el escenario político de estas semanas. Y, sobre todas las cosas, bronca con los aliados del Peronismo Federal.
El miércoles por la noche, De Narváez no estuvo en la cumbre del peronismo disidente. No cenó ni con Adolfo Rodríguez Saá ni con Eduardo Duhalde ni con Felipe Solá ni con Mario Das Neves. El anuncio de Ramón Puerta, el vocero del grupo, después de la comida, cayó como una desgracia. El misionero dijo que los que habían participado eran los candidatos a presidente que tiene el espacio. De Narváez no está de acuerdo: cree que los únicos dos dirigentes a la altura de las circunstancias son Carlos Reutemann y Mauricio Macri.
Eduardo Duhalde es, por ahora, para todos los encuestadores, el dirigente que mejor mide de los supuestos cuatro candidatos a presidente que oficializó Puerta. Y, según todos los sondeos, mira desde lejos a Néstor Kircher y al candidato radical, sea Ricardo Alfonsín o Julio Cobos. "No arranca", resume un asesor del empresario que heredó los negocios de la tienda Casa Tía. "Con Duhalde no vamos ni locos", juramenta otro de sus operadores. La opinión no es unánime, pero sí mayoritaria. A nadie se le escapa que nunca un espacio cuyo candidato a presidente quedó tercero en la general haya consiguido ganar la provincia de Buenos Aires.
"Es cierto, no tenemos candidato a presidente. Pero el Peronismo Federal no tiene sólo cuatro candidatos. Tiene que cumplir con su vocación frentista para enfrentar al kirchnerismo", dice Gustavo Ferrari, diputado nacional y mano derecha de De Narváez.
En la mesa chica de "El Colorado" siempre apostaron a que si él no podía ser candidato a presidente -porque la Constitución se lo prohíbe- intentaría ser gobernador de Buenos Aires. Y que la boleta estaría encabezada por Macri. Pero el jefe del gobierno porteño anda de mal en peor. Está procesado, con una encerrona política en la Legislatura, y todas las semanas le surge un nuevo problema. En estos días, el inconveniente fue nada menos que la muerte de tres personas por el derrumbe que causó una obra que algunos creen que debería haber sido clausurada.
Las heridas del ex presidente de Boca y el silencio de Carlos Reutemann, preocupan. Y se mastica con rabia los datos ciertos de la coyuntura política. "Está claro que Néstor Kirchner ha mejorado.Y que también mejoró Daniel Scioli. Y que la intención de voto de Scioli mejoró más que la de Kirchner. Pero nuestro escenario recién se va a resolver hacia fin de año", advierte Emilio Monzó, el ex ministro de Asuntos Agrarios de Scioli, y actual miembro de la mesa chica de De Narváez.
Jorge Macri, por si faltaran pesares, agrega, por estos días, su zumbido. Pide que le den lugares y que lo tengan en cuenta. Y si no: amenaza con presentarse para gobernador. Dice que es capaz de sacar cinco puntos sólo por portar el mismo apellido que su primo. El entorno de "El Colorado" todavía no le prestó mucha atención. Pero todos saben que va a ser una elección difícil: que no se pueden dar ventajas.
Sobre ese mapa, la estrategia made in Las Cañitas es que "El Colorado" recorra la provincia. Que no pierda su instalación bonaerense (un poco en baja tras el intento por catapultarlo a la Casa Rosada). Y esperar. "Porque hay tipos que hoy están en la cresta de la ola y en unos meses van a estar en el fondo del mar", calculan.
Por eso es que De Narváez, en sintonía con las amenazas de Mario Das Neves, tampoco descarta disputar la primaria dentro del Partido Justicialista. "Lo vamos a decidir en el momento en que tengamos claras las reglas de juego", promete uno de sus hombres de confianza. La curiosidad es que todo podría terminar con la fórmula: Kirchner presidente-De Narváez gobernador. Pero de eso no se habla. Y de la reunión de hace unos días con Héctor Magnetto, jefe del Grupo Clarín, tampoco.<