
Por:
Martín Piqué
El rumor circuló en el mundo empresario a los pocos días de la cena que reunió a Héctor Magnetto con la cúpula del peronismo federal. Según esa versión, en el departamento del CEO del Grupo Clarín había quedado una silla vacía: la que estaba reservada para José Manuel de la Sota. El rumor aseguraba que el ex gobernador de Córdoba había sido invitado a la comida de la calle Arroyo. A último momento, y siempre según el comentario que recorrió las empresas de la construcción y el sector energético, el cordobés había desistido de asistir. El propio De la Sota se enteró de las versiones que se habían echado a rodar. No tardó en salir a desmentirlas. Hizo trascender que a Magnetto sólo lo había visto una vez en su vida, aunque reconoció tener bastante relación con Jorge Rendo, director de Relaciones Externas de Clarín. En cualquier caso, De la Sota no quiso hacer declaraciones. Su decisión es permanecer en silencio hasta fin de año. Recién entonces comenzará su campaña para competir por la candidatura a gobernador en las internas del peronismo cordobés.
El rumor sobre la invitación a De la Sota por parte de Magnetto tenía significación política. Según el comentario, la idea del CEO de Clarín había sido enviar un mensaje de fortaleza y al mismo tiempo desarticular la estrategia que Néstor Kirchner estaba ensayando para Córdoba. Esa provincia es una de las más esquivas para el oficialismo. A esta altura ya es un sinónimo del boom sojero. Aunque el gobierno nacional ha mejorado su imagen, el kirchnerismo que se identifica como tal sigue estando lejos de garantizar un triunfo en tierras cordobesas. Ante ese escenario, en la Casa Rosada comenzó a ganar terreno la alternativa de acordar con De la Sota. ¿De qué manera? Con el cordobés compitiendo por dentro de las internas del PJ.
Como esa estrategia ya había trascendido, una foto con De la Sota sentado en la mesa de Magnetto habría sido interpretada como una provocación dirigida a Kirchner. Pero la foto no se produjo. Aunque no hubo imágenes que retrataran el momento, la cena convocada por Magnetto contó con otros invitados: Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Francisco de Narváez, Mauricio Macri y Carlos Reutemann, o sea la plana mayor del peronismo disidente. De la Sota no estuvo. Y dejó trascender que no había sido invitado. El silencio del ex gobernador de Córdoba acaso sea una búsqueda de equilibrio: es una posición que le permite no arriesgar antes de tiempo. Cuando le preguntan por la actualidad del peronismo federal, De la Sota no esconde sus críticas. Dice que las figuras del PJ disidente, hoy, son un conjunto de precandidatos que no encuentran el método para definir quién los representará en las presidenciales.
De la Sota se mueve con independencia y criterio propio. Que deslice alguna crítica a Duhalde y compañía no significa que renuncie a un perfil diferenciado del kirchnerismo. Para comprobarlo basta con repasar sus últimas actividades, como su participación como docente de posgrado en la Escuela de Políticas Públicas de la Universidad del Salvador. Allí fue una de las caras visibles del seminario que organiza la Fundación Epoca, cuyo director es Roberto Dromi, ministro de Obras Públicas del menemismo y arquitecto legal de las privatizaciones de los años noventa.<