
Por:
Juan Carlos Herrero
En este momento, el grueso de la renta agraria se lo llevan los sectores más concentrados de la economía, como lo demuestran los pooles de siembra -algunos de los cuales siembran más de 350 mil hectáreas- que son prueba de una concentración que se agrava desde 2003 a la fecha, por efecto de los buenos precios internacionales de los granos.
Este crecimiento fue claramente favorecido por una política gubernamental que sólo mira el monto de lo producido y no quién lo produce.
El avance se dio sobre tierras que eran de pequeños y medianos productores que se transformaron primero en rentistas, pero luego debieron vender sus campos por no poder competir con las ventajas en precios de insumos, comercialización y seguros que poseen estas compañías.
Por caso, hoy hay sequía, pero los pooles no hablan de ella.
No porque no la sufran, sino porque sólo pierden el 10% de lo que producen sus 100 mil ha, y en realidad para ellos esto no significa una pérdida sino, a futuro, una inversión, porque de no haber políticas claras a favor de los pequeños y medianos productores, estos últimos en la próxima campaña de granos no podrán sembrar y deberán alquilar sus campos, que serán explotados por los pooles.
En esta situación, si este fuera un verdadero gobierno progresista, debería defender a los pueblos del interior, al arraigo de los jóvenes y permitir que los más débiles puedan seguir produciendo.
Tendría que asegurar su vida, permanencia y rentabilidad, a través de leyes de arrendamiento, de tenencia de tierra, impositivas -todas las que pedimos desde FAA- para demostrar que no sólo les importan los millones de toneladas producidas sino también el productor como sujeto agrario.