
Por:
Natalia Paez
Que se sienta como en su casa", dice dulcemente Benjamín Carpanchay, miembro de la comunidad San Luis de los Valles Calchaquíes, cuando pide un deseo para sus huéspedes. Es la frase que resume la esencia del turismo comunitario. Que el que llegue se sienta cómodo viviendo por unos días la vida de otro. Un otro campesino, un otro que vive como sus ancestros. Ayudando a cocinar, compartiendo la mesa, dejándose agasajar. Si hay que pastorear cabras, pues levantarse al alba, y si hay que preparar el pan, arremangarse y meter las manos en la masa. Y también disfrutar, porque de eso se trata. Porque no hay turismo sin placer.
El turismo comunitario se resguarda bajo el paraguas de la economía social, del respeto por la naturaleza y de la valoración del patrimonio de las comunidades receptoras: patrimonio intangible de la cultura viva.
Collas, diaguitas, mapuches, wichis se abren al turismo sustentable como una forma de autogestión y alternativa para reavivar sus economías domésticas. Las estadías con estas comunidades ofrecen alojamiento en casas de familia o posadas, comidas, bebidas y una artesanía. También se proponen actividades como caminatas, paseos a caballo o avistaje de animales y paisajes con guías idóneos de la comunidad. Cuestan entre 110 y 150 pesos por día.
En la Argentina esta forma de viajar está avanzando lentamente hacia su desarrollo formal, del que se espera traiga rédito para locales y visitantes. Las comunidades aborígenes que lo conforman están siendo captadas y organizadas en la Red Argentina de Turismo Rural Comunitario, que depende del Ministerio de Turismo de la Nación. "Involucrarse con la cosmovisión de los pueblos originarios y compartir ceremonias ancestrales es aprender sobre la misma historia de nuestra tierra, que cautiva cada vez más a turistas extranjeros, pero también a locales que llegan para llevarse esta experiencia única de intercambio cultural con la impronta del compromiso social", dijo Valeria Pelliza, responsable del área. La red está compuesta por 33 pueblos de las distintas regiones geográficas del Noroeste, Litoral, Cuyo y Patagonia, y si bien no en todos está funcionando la modalidad, algunos de ellos están en proceso de hacerlo, poniéndose a punto para hospedar al turista. En Salta, una red ya ofrece sus servicios en los Valles Calchaquíes <www.turismocampesino.org>. Se trata de una cooperativa agropecuaria y artesanal, administrada por 50 familias que pertenecen a 12 comunidades. Ofrecen alojamiento en viviendas familiares de hasta 6 plazas. Gastronomía regional, circuitos de senderismo en ambientes naturales y paseos a caballo. También guías por senderos arqueológicos y degustación de vinos caseros.
"Se hicieron inspecciones provinciales a todos los alojamientos de la oferta turística de red para verificar que cumplan las condiciones para recibir turistas, dispuestas en cada normativa. También se está avanzando hacia la formalización de los servicios registrando a los prestadores en cooperativas", explicó Cecilia Rolón, del equipo que trabaja en Turismo.
En Jujuy una comunidad adaptó una hostería para recibir a los viajeros. Se trata de La Hornada, de la localidad San Francisco de Alfarcito, departamento de Cochinoca. El lugar está habitado por 200 pobladores de la comunidad colla, que reciben a los viajeros.
Para más información, el email es <turismocomunitario@turismo.gov.ar>. <