
Por:
Ana Belluscio
Los mendocinos realizan distintas acciones para intentar revertir los procesos de degradación de las tierras y la desertificación. En una provincia donde más del 90% del territorio es seco, estos proyectos son no sólo una forma de recuperar la capacidad productiva del suelo, sino que ayudan a los habitantes a mejorar las condiciones económicas.
El desierto de Lavalle está ubicado al noreste de la provincia y abarca casi un millón de hectáreas que presentan algún signo de desertificación. La gran mayoría de los habitantes está por debajo de la media provincial de necesidades básicas insatisfechas y maneja una economía de subsistencia basada principalmente en la cría de cabras.
"Esas tierras secas han visto disminuir a lo largo del tiempo su capacidad productiva por usos equivocados de la tierra que tienen que ver con sobrepastoreo, deforestación y fundamentalmente con un mal manejo del agua en todo el territorio provincial", explica María Elena Abraham, directora del Instituto Argentino de Investigaciones de las Zonas Áridas (IADIZA), de Mendoza. Como parte de una iniciativa conjunta con los gobiernos nacional, provincial y el CONICET, el IADIZA montó en el desierto un centro piloto donde se desarrollan distintos programas de recuperación de tierras y aumento de la productividad. A través de la mejora genética y selección de los animales fue posible no sólo comenzar a aprovechar la leche, que antes se descartaba porque las cabras tenían brucelosis, sino que además se redujo la mortalidad de los cabritos al mejorar las condiciones sanitarias del ganado. Con este modelo una sola cabra provee al productor las mismas ganancias que 20 en el viejo esquema y contribuye a la recuperación de los pastizales, degradados por el sobrepastoreo.
El centro piloto fue desarrollado en un área de estudio de 5 mil hectáreas y el siguiente paso es encontrar financiamiento para implementar una unidad de servicios. "La idea es tratar de replicar esto en todo el territorio. Si se logra, habremos ganado un millón de hectáreas, dándole a la población la capacidad de recibir un ingreso totalmente diferente al que tienen en este momento", asegura Abraham. Los productores locales formaron ya una cooperativa, y de ponerse en funcionamiento la unidad de servicios podrían comercializar la leche y otros productos a través de una marca, algo impensable para ellos hasta ahora.
Un segundo programa del instituto fomenta la reforestación, en un intento de recuperar los bosques que solía tener Mendoza. En la misma sintonía, desde la Secretaría de Ambiente de la Nación se financian programas de reconversión energética que fomentan el remplazo de leña para cocinar o calefaccionar por energía solar.
Pero la mayoría de los pobladores no poseen los títulos de propiedad sobre las tierras que trabajan y terminan, en algunos casos, abandonándolas. Según Diego Fernández, director de Ordenamiento Ambiental y Desarrollo Urbano de la provincia, las acciones que el gobierno encara en estas zonas desérticas "están vinculadas a la falta de la tenencia de la tierra, que permite realizar acciones concretas que lleven a que el propietario quiera vivir de ella".
Con la regularización de la tenencia pueden no sólo conseguir créditos para mejorar la productividad, sino que se reafirman los derechos de los pobladores, en su mayoría descendientes de pueblos originarios, sobre las tierras que siempre habitaron.
En materia de convenios, la provincia suscribió en agosto último un acuerdo de lucha contra la desertificación con el Estado de Ceará, nordeste de Brasil. Ambos tienen aproximadamente la misma superficie y sus suelos, características similares de desertificación. El convenio contempla trabajar en conjunto "en áreas naturales protegidas, en ordenamiento territorial, en manejo de residuos sólidos y educación ambiental", comenta Fernández. Junto al gobierno nacional y las provincias que forman Nuevo Cuyo ?La Rioja, San Juan y San Luis? preparan, además, material para presentar ante el Global Environment Facility (GEF), uno de los fondos de inversión para el ambiente más importante del mundo, con el objetivo de implementar programas de lucha contra la desertificación.
"El único modelo de desarrollo no es el de las tierras irrigadas", enfatiza Abraham. En las tierras con características áridas es posible implementar otras opciones productivas, que respeten la calidad del suelo y preserven sus recursos. <