
Por:
Ivana Romero
La literatura no es un hecho individual sino colectivo. No sólo por las particulares relaciones entre escritores de todas las épocas y las geografías que se tejen a partir de que alguien abre un libro, sino también porque ahí, en la gente que lee en el subte, en el ruido de un motor, en el oficio de un zapatero, hay una voz a escuchar, el comienzo de una narración posible.
Estas ideas que alguna vez enunció Fabián Casas son algo que vienen a corroborar los escritores, editores y artistas que participan de Primavera Independiente. Se trata de un ciclo que se realiza hasta noviembre, de jueves a domingos, en Villa Ocampo (la histórica casa de San Isidro donde Victoria nucleó a escritores e intelectuales el siglo pasado). El eje central de Primavera Independiente es mostrar la producción cultural que surge, justamente, a partir de las editoriales independientes que han florecido desde la crisis de 2001 hasta ahora. Es que en general estas editoriales no son competidoras entre sí sino que tienen formas propias de cooperación ya que los editores suelen ser, además, escritores que aman sus oficios. Y amigos. Así, cada presentación de un nuevo título es la punta del iceberg que pone en escena, en bares, centros culturales o galerías de arte, todo un mundo que se mueve alrededor de gente que produce desde la pasión, a contrapelo de las restringidas reglas del mercado.
"La idea es mostrar parte de la vitalidad que implica la producción independiente de editoriales autogestionadas con perfil literario", explica el escritor, poeta y editor Damián Ríos, curador de esta actividad con su socio Mariano Blatt (juntos fundaron la empresa de servicios Recursos Editoriales) y Malena Rey, editora en Caja Negra y Katz. Ríos explica que, a partir de una inquietud de las autoridades de Villa Ocampo, los tres fueron convocados "para retomar el espíritu emprendedor de Victoria, que junto a otros artistas emergentes crearon un campo cultural distintivo y un público para esa propuesta".
Durante todo el mes, de jueves a domingos, desde el mediodía hasta las 19 se realizan reuniones, seminarios, exposición y venta de libros. "El desafío de las editoriales independientes tiene que ver con abrir un espacio. Allí donde el mercado se achica, dominado por figuras consagradas, nosotros proponemos autores emergentes que en algunos casos luego trabajan con editoriales más grandes o no, pero que siempre plantean nuevas formas de escribir y de hacer circular su trabajo", continúa Ríos. Entre las actividades habrá lecturas a cargo de Casas, Matías Capelli, Hernán Ronsino, Gabriela Cabezón Cámara, Inés Acevedo y Marina Mariasch, por citar algunos escritores. Además, las mesas debate proponen abordar temas que van desde el modo en que se distribuyen los libros en la Argentina (no siempre democrático) y la tradición editorial en nuestro país, hasta una indagación sobre los hermanos en la literatura (las Ocampo son un ejemplo paradigmático de ese vínculo complejo que abarca la fascinación mutua y los celos, y que en todo caso se ha traducido en obra contundente). Se recomienda prestar atención a una de las presentaciones el 5 de noviembre a las 16, la de Los chongos de Roa Bastos, una compilación de autores paraguayos (que toma el nombre de un libro de Cristino Bogado) hecha por Nicolás García Recoaro, Sergio Di Nucci y Alfredo Grieco.
La irrupción de los formatos digitales también es un tema de la agenda independiente. Habrá una mesa sobre revistas digitales y el 30 a las 17, luego de un workshop que aborda la edición de e-books, se presentará la editorial digital Determinado Rumor. Este proyecto, a cargo de Sebastián Morfes, propone nuevas formas de lectura y circulación de obra (en la página <www.determinadorumor.com.ar> ya se pueden descargar libros de Blatt, Horacio Fiebelkorn y Diego Carballar).
Además se proyectarán películas como Ocio de Alejandro Lingenti y Juan Villegas (filmada a partir de un relato de Casas); Hachazos, de Andrés Di Tella, un documental sobre Claudio Caldini, que con su cámara Super 8 propuso nuevos lenguajes estéticos desde inicios de los '60 hasta comienzos de la dictadura; o El artista, de Mariano Cohn y Gastón Duprat, con la dupla Sergio Pángaro-Alberto Laiseca llevando hasta el borde el interrogante sobre qué es el arte. Y también hay performances y recitales de música. Todo, supervisado por la señora Victoria, que a través de sus míticos anteojos de marco blanco podría andar por ahí, entusiasmada con las propuestas de la muchachada que se instaló en su casa para que las letras circulen con ingenio y libertad. <