Tiempo Argentino

Edición: 22 de Febrero de 2012

22 de Febrero de 2012

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Un ensayo teatral que conduce al ahogo

Con una dirección dinámica y potentes actuaciones, la obra de Ciro Zorzoli retrata la soledad del actor mediante una historia donde un grupo de empleados instruyen a intérpretes de remplazo para las obras que están en cartel.

Por:
Mercedes Méndez

No importa que funcione todo el sistema de ventilación del Teatro Sarmiento: cuando el espectador se dispone a ver el personaje que la actriz Paola Barrientos interpreta en Estado de ira será inevitable que sienta calor. Un calor que se traduce en sofocones y opresión. Aparece la protagonista, acorralada contra una pared con tres hombres que le dan indicaciones a los gritos. Ella usa un vestido de gamuza color mostaza y un cuello de tortuga que le llega hasta el mentón. La escena se pone tensa y ofrece la sensación de que esa persona, en esta sala, ya no puede respirar.   
Lo maravilloso de la puesta de Ciro Zorzoli es que para transmitir este estado de dominación no necesita hablar de una traición o de la venganza, tampoco retrata una revuelta popular, la historia de un justiciero o un crimen impune. Para este director, el ahogo se puede representar en lo que sería un típico ensayo de una obra de teatro. Así, el público vive la experiencia de ponerse en el lugar del actor, de entender lo que significa aquella entrega que deben realizar los intérpretes, de ofrecer sus propios cuerpos y mentes a un conflicto que no les pertenece, pero que en algún momento ese drama logra apropiarse de las personas, en medio de tanta representación.  
Estado de ira ha sido una de las obras más convocantes del Complejo Teatral de Buenos Aires y logró varias veces colgar con orgullo el cartel de localidades agotadas en la boletería del Teatro Sarmiento, una de las salas más grandes del complejo. La pieza alcanzó tanto éxito por su equilibrada mezcla de actuaciones poderosas, esas que parecen libres y naturales, producto de toda la experimentación que se propone Zorzoli, y una dirección dinámica, que presenta un texto en constante movimiento y conflicto y que obliga al público a no abandonar nunca la trama y lo que sucede en el escenario.
La historia transcurre en una dependencia pública donde un grupo de empleados prepara a una gran actriz que tiene que hacer de Hedda Gabler en la obra homónima de Ibsen. Los empleados son actores que entienden su trabajo al estilo estereotipado de un empleado municipal: quieren hacer lo suyo rápido y cumplir su horario para irse a casa. Por eso, cuando llega esta actriz de renombre a la que deben enseñarle nada menos que el personaje principal, lo que comienza como una falsa simpatía y admiración deriva en autoritarismo, celos y fricciones. Mientras tanto, el público no podrá perderse de nada: ni de los problemas de este grupo de actores frustrados frente a la gran actriz, ni de la obra clásica de Ibsen que intentan representar. Zorzoli logró un auténtico caso de metateatro y una investigación sofocante sobre la soledad del actor.  <