
Por:
Tiempo Argentino
Por sus condiciones de pureza ecológica, su extraordinaria flora subtropical y diversa fauna, sus bahías y playas paradisíacas, y la abundante prodigalidad de inigualables paisajes, la Unesco declaró al archipiélago Patrimonio Natural de la Humanidad en el año 2001. El verde esmeralda de su mar contrasta con el azul de su cielo a lo largo de kilómetros. No hay un lugar en el mundo tan cuidado, tan protegido, tan salvaje como Fernando de Noronha. Sus aguas poco transitadas y casi nunca exploradas, con una visibilidad promedio de 45 metros y 29° C de temperatura, se volvieron una meca para el buceo deportivo mundial. Quizás por esa característica de exclusividad difícil de obtener hoy en día, viajar a Noronha siempre fue más costoso que viajar al Caribe.
Convertido en uno de los lugares más visitado de Brasil, ha pasado a ser un destino emergente de nivel internacional.
Tanto disfrutar de las playas como la práctica del buceo representan las preferencias de los turístas. Para aquellos que con alguna experiencia deseen hacerlo, en las profundidades de esas aguas de transparencia incomparable, se les aconseja, por razones de seguridad y para una buena elección del lugar, que lo hagan acudiendo a una agencia especializada, ya que además de impartir cursos teóricos y prácticos, alquilan equipos y traslados. Abundan lugares ideales para el buceo, como los arrecifes coralinos contiguos a las islas, que ofrecen además la presencia de restos de barcos naufragados.
Noronha tiene una gran cantidad de piscinas naturales que permiten el contacto directo con la variada y exótica fauna marina de la región. Ya en el mirador de la Baía dos Golfinhos (Bahía de los delfines), pueden observarse los delfines acróbatas en su ambiente natural.
Otras opciones son los recorridos en Buggy por las playas, lagunas de límpidas aguas, playas desiertas sólo habitadas por aves y tortugas marinas. Son igualmente recomendables los recorridos por las pequeñas islas del archipiélago en las barcas de pescadores, y las excursiones con ayuda de guías y pobladores para descubrir la increíble diversidad natural del interior isleño y los puntos estratégicos para la contemplación de sus maravillas paisajísticas.
Para arribar a Noronha, si bien es posible hacerlo por mar, lo más simple es tomar el avión en Natal, la ciudad más cercana, o en Fortaleza y Recife, con alojamiento concertado en una sencilla pero cómoda posada, ya que no hay grandes hoteles. También es posible alojarse en casas de lugareños que acepten huéspedes. La isla principal, que lleva el mismo nombre que la ciudad y es la más grande de todas, mide 17 km2, y es la única que está habitada. <