
Por:
Tiempo Argentino
Hay un libreto teatral, con una enorme cantidad de argumentos y de guiones, que se repite partido a partido cada vez que Tigre entra cualquier cancha y que permite armar una presentable conclusión: al equipo de Ricardo Caruso Lombardi no le gusta jugar con la pelota y sus fórmulas para ganar un partido parecen, a veces, indescifrables. Ayer, en Rosario y frente a Newell's, ninguna de las circunstancias varió lo cotidiano del club de Victoria y cayó frente a un rival al que no le hicieron falta demasiados esfuerzos para ganarle el partido y pasarlo por encima.
Desde cada uno de los puntos del campo de juego, Newell's propuso un monólogo basado en atacar constantemente. Por afuera, por adentro, por arriba y por abajo, el conjunto rosarino intentó jugar el partido siempre cerca del arco rival y, comandado por todos los talentos de un ya prometedor Mauro Formica, salió decidido a ganar el encuentro. Atragantado en su arco, a Tigre se le complicaron mucho más las cosas cuando expulsaron a Renzo Vera y se quedó con un jugador menos.
Newell's tuvo mala suerte, bastante mala suerte, y recién logró comenzar a definir el partido cuando, en el ocaso del primer tiempo, Rolando Schiavi puso la cabeza en el lugar justo y marcó el primer gol del partido.
A partir de allí, todo lo imaginado y lo esperado comenzó a pasar. Con un jugador menos, con las siempre mediocres intenciones planteadas de antemano, Tigre cayó en su propia trampa y nunca logró remontar.
El equipo de Rosario ganó por primera vez y comienza a acomodar su camino. Los de Caruso Lombardi empiezan a preocuparse por el descenso. En definitiva, cada uno va en busca de encontrarse con el destino que persigue. <