
Por:
Felipe Yapur
La media sanción del proyecto que lleva las jubilaciones al 82% del salario mínimo vital y móvil llegó después de 13 horas de debate. Los diputados de la oposición se salían de la vaina por correr hacia el Salón de Pasos Perdidos. Las cámaras de TV los esperaban, y allí -con forzada convicción- dieron cuenta del logro obtenido.
Es que habían conseguido aprobar un proyecto que implica millones de pesos de erogación sin molestarse en definir de dónde saldrán los fondos. Ahora la batalla se traslada al Senado, donde el panorama de la oposición está complicado.
El debate se había desarrollado sin sobresaltos. Más bien había un clima de abulia, fruto de la gran cantidad de discursos leídos -en contra de lo que prevé el reglamento-, que quita dinamismo y espontaneidad a las exposiciones. Pero eso a la oposición no le importaba. Los números le sonreían y a las tres de la mañana, el tablero les dio la razón cuando mostró que se impuso por 136 votos contra 89 del Frente para la Victoria y 17 abstenciones de los aliados K y el frente Proyecto Sur.
El Grupo A había llegado dividido al recinto. LA UCR, el PRO, la Coalición Cívica y el PJ corporativo habían pergeñado el dictamen de mayoría que no definía de dónde se obtendrían los fondos para sustentar el incremento jubilatorio. Sus socios de centroizquierda (Proyecto Sur, el socialismo y el GEN de Margarita Stolbizer) impulsaban su dictamen de minoría que preveía la restitución de los aportes patronales (reducidos en los '90), como fuente de financiamiento. Sin embargo, los socialistas y los "margaritos" cambiaron de opinión y anunciaron que respaldaban el dictamen de mayoría y que intentarían, en un rapto de ingenuidad política, incorporar las modificaciones en el debate de los artículos. Claudio Lozano, de Proyecto Sur, masculló bronca durante toda la sesión.
Hubo dos momentos en que los diputados se espabilaron y fue por discursos de legisladores del oficialismo.
El primero sucedió cuando el mendocino Guillermo Pereyra, de extracción sindical, les gritó que cada vez que "la oposición estuvo en el gobierno amputó a la familia argentina. Amputó a los jubilados con el 13%, privatizó la jubilación y precarizó el trabajo." No contento, los provocó aun más: "¿Por qué no restituyen los aportes patronales? ¿Por qué no se lo dicen a la Sociedad Rural y a Clarín? ¿No saben que el campo es también de los trabajadores y no de Biolcati o Buzzi? De cada cuatro trabajadores, a tres los tienen en negro."
El radical Oscar Aguad intentó acicatear al decir que "el modelo previsional K fracasó" porque "el 48% de los trabajadores está en negro". En cuanto al origen de los fondos para sostener el incremento previsional, el cordobés sostuvo que surgirá del presupuesto, y no dijo más nada.
El otro momento intenso lo provocó Agustín Rossi. El jefe del FPV defendió la gestión del gobierno nacional en el plano previsional, la ley de movilidad jubilatoria y la reestatización de las AFJP. Los opositores lo interrumpían diciendo que el menemismo había privatizado el sistema: "¡No me hago cargo un carajo de Menem! Nunca fui menemista. Los que están en el Grupo A son los menemistas", les gritó, señalando el sector donde se sientan Felipe Solá y Francisco de Narváez. Luego, con una sonrisa, les pidió a ellos que "cuando se reúnan con (Héctor) Magnetto le pidan que pague el 10% que le corresponde al pueblo argentino". Se refería a las acciones del Grupo Clarín que están en manos del Estado tras la estatización de las AFJP y por las que el grupo no paga el porcentaje de ganancias que corresponde.
La frase disparó aplausos del oficialismo pero no fueron suficientes para cambiar el resultado de la votación. <