Tiempo Argentino

Edición: 22 de Febrero de 2012

22 de Febrero de 2012

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La herencia de los militares en la información

Un día antes de dejar el gobierno, Pinochet salvó de la quiebra a los dos holdings que hoy controlan el 98% del mercado del país.

Por:
Claudio Mardones

Cualquier visitante extranjero desprevenido se puede sorprender cuando llega a Chile: la mayoría de su población está hiperconectada, usa celulares de última tecnología, aprovecha todas las bondades de una Web 2.0 a punto de envejecer, exprime su Facebook y Twitter, explota su Ipod y consume tecnologías que todavía no han llegado a otros lugares del continente. Sin embargo, su sistema de medios se encuentra tan blindado como su democracia tutelada, regida todavía por la Constitución política de 1980, autopromulgada por el dictador Augusto Pinochet.
Desde el derrocamiento del presidente constitucional Salvador Allende, han pasado 17 años de dictadura y más de dos décadas de transición. Sin embargo, el sistema de medios chileno encierra una de las concentraciones empresariales más desiguales del continente, controlada por un oligopolio que pertenece, en su totalidad, a los sectores más conservadores del país, es decir, a los grupos empresariales que sostuvieron económicamente a la dictadura, se beneficiaron con ella, y luego, con el retorno democrático, invirtieron todo lo necesario para garantizar que la nueva democracia avanzara sin sobresaltos para las fuerzas armadas de Chile.
La prueba más irrefutable está en su prensa escrita y televisiva chilenas. El 98% de la circulación de los diarios está en manos de Copesa y El Mercurio, los dos conglomerados de medios que estaban virtualmente quebrados a fines de los '80 y que fueron salvados financieramente por la dictadura, 24 horas antes que La Moneda volviera a ser ocupada por un presidente elegido por el voto de los chilenos. 
En la actualidad, Copesa controla los matutinos La Tercera y La Cuarta, mientras que la empresa El Mercurio SAP edita La Segunda, Las Últimas Noticias y El Mercurio, el diario conservador más antiguo de América Latina. Hasta la llegada de Sebastián Piñera a La Moneda, el Estado chileno editaba La Nación, que finalmente cerró el año pasado y quedó reducido a una página web que cumple las funciones de una agencia de noticias, un sistema mayorista de información que no existe en Chile. En su lugar, la agenda diaria de noticias es generada por los principales portales informativos del oligopolio y por seis canales de televisión abierta, cuyos propietarios revelan la verdadera geografía política de los medios más importantes al otro lado de los Andes. Los canales 13 y 5 pertenecen a la Iglesia católica y el 4 pertenece a Remigio Ángel González, el magnate azteca que compró en 2007 el Canal 9 de Buenos Aires al "entrepreneur" del menemismo Daniel Hadad. Con esa inversión, Hadad creó la señal de cable C5N. Pero la grilla chilena de tele no termina ahí: el canal 9, Chilevisión, conocido en los '60 como la Corporación de Televisión de la Universidad de Chile, fue controlado por el fallecido empresario ultraconservador Ricardo Claro, y entre 2005 y 2010 perteneció a Sebastián Piñera, el actual presidente, que tuvo que vender la empresa por incompatibilidades con su función. Luego de una tormenta de críticas, lo vendió después de calzarse la banda presidencial tricolor y tras varios años de haber utilizado ese medio para construir su candidatura.
Hoy el canal es controlado por el conglomerado Time Warner, aunque estuvo a punto de ser adquirido por otro célebre conservador: Álvaro Sahieh, dueño de Copesa. Los traspasos no lo dejaron a Piñera sin medios: hoy tiene bajo su mando a Televisión Nacional (TVN), el histórico canal estatal que enfrenta una dura crisis de credibilidad, por no reflejar la dinámica de la crisis estudiantil que ha puesto a su gobierno contra las cuerdas.   <