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Tiempo Argentino
El Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego (INRHMN) realizó ayer un homenaje en el aniversario del fusilamiento del militar, político y periodista argentino, referente del federalismo nacional. Dorrego, nacido en 1787 y fusilado el 13 de diciembre de 1828, fue "el gran prócer argentino, primer jefe popular, coronel del pueblo y mentor de la democracia argentina", dijo el presidente del Instituto, Pacho O'Donnell, en una declaración escrita. El ensayista y escritor, junto al secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, puso una ofrenda floral en el monumento que Dorrego tiene en la plazoleta ubicada en la esquina de las calles Suipacha y Viamonte, en el porteño barrio de San Nicolás.
Además de O'Donnell y Duhalde, estuvieron presentes los vicepresidentes del INRHMN, Víctor Ramos y Araceli Bellota; su secretario, Luis Launay, y los escritores e historiadores Pablo Hernández, Hugo Chumbita y Luis Alen Lascano, entre otros.
En diálogo con Tiempo Argentino, O'Donnell subrayó la necesidad de reivindicar la figura de uno de los principales referentes del federalismo rioplatense, que gobernó la provincia de Buenos Aires en dos oportunidades: en 1820, como gobernador interino, y en 1827, hasta su asesinato ocurrido un año después. "Cuando ciertos relatos históricos se equivocan, es necesario hacer las correcciones necesarias. Eso sucede con la figura de Dorrego, que defendió a los sectores humildes y provinciales del despotismo de la oligarquía porteña y unitaria. En esa tensión radica una de las razones por las que su figura permaneció en el olvido mucho tiempo", dijo.
El autor de La gran epopeya también aludió a José Artigas, otro gran defensor de los intereses federales, cuyo liderazgo fue particularmente fuerte entre los sectores rurales; a diferencia de Dorrego, que también tuvo gran influencia en la incipiente población urbana. También aludió a las implicancias políticas de su asesinato, ordenado por Juan Lavalle, antiguo compañero de armas en el Ejército y a quien Dorrego había recomendado en su momento para un ascenso.
"De todos modos, Lavalle no es el único responsable del asesinato. También estuvieron implicados Salvador María del Carril, asesor de Lavalle al momento de planificar el crimen; el sacerdote unitario Juan Segundo Agüero, Martín Rodríguez (que fue gobernador en 1820 con apoyo de las clases altas tras una elección donde el otro candidato había sido Dorrego, justamente) e inclusive Bernardino Rivadavia, a través de su representante Varaigne", continuó O'Donnell. Y agregó: "Su influencia era tan grande que cuando Guillermo Brown ordenó que trajeran el cuerpo a Buenos Aires, los complotados le dijeron a Lavalle que no lo hiciera por temor a represalias por parte de los sectores populares".
Entre sus características, O'Donnell señaló que, por ejemplo, Dorrego propuso que para aceptar su designación como gobernador votaran todos los habitantes de Buenos Aires sin excepción en un antecedente del voto universal, secreto y obligatorio. También fue un impulsor de la unión americana "ya que tuvo un estrecho contacto personal con (el venezolano) Simón Bolívar" que escribió una conmovedora carta al conocer el asesinato de su amigo.
"A la muerte de Dorrego siguió un genocidio planificado del gauchaje federal, haciendo que ese año fuese el único de nuestra historia en que las muertes superaron a los nacimientos", señaló O'Donnell finalmente. <