
Por:
Ivana Romero
Cherribi era un afgano que huyó de los talibanes y terminó en un centro de refugiados en Bélgica esperando un visado improbable. Allí lo encontró el escritor Dimitri Verhulst antes de que Cherribi se metiera en el contenedor de un barco con la esperanza de llegar a Inglaterra. Eso, si sobrevivía a la falta de oxígeno, al hacinamiento junto a otros desesperados como él y si tenía la suerte remota de pasar los estrictos controles inmigratorios ingleses. Los días pasaban. El boletín de la BBC anunció que habían interceptado un contenedor con ocho personas muertas adentro. Hasta que sonó un celular. Era Cherribi. Había sobrevivido, sólo que no estaba en Inglaterra sino en España. Es que se había metido en el contenedor equivocado.
Esta es una de las historias que Verhulst, nacido en 1972 en un suburbio belga de la ciudad de Aalst, escribió en Hotel Problemski (Lengua de Trapo). Se trata de su primera novela traducida al español, que además lo trajo a Buenos Aires en el marco del Festival Internacional de Literatura.
En ese libro, el fotógrafo Bipul Masli, llegado de un país tercermundista de nombre difuso, relata en primera persona (con un sentido del humor alejado de posturas políticamente correctas) la convivencia forzada con personajes corridos de sus países de origen por hambre o guerras. Como Maqsood, de Cachemira, que intenta sin suerte casarse con una belga para obtener su ciudadanía. O como Asia, que escapó de África para no padecer la ablación de su clítoris, según marcan las costumbres de su región. O como Stipe, un niño que hace dibujos hermosos, demasiado rojos quizás, y que huyó de su país luego de que una bomba le desfigurase la cara.
"Toda esa gente existe", afirma Verhulst, quien los conoció durante una temporada que pasó en un centro de acogida para solicitantes de asilo en la ciudad belga de Arendonk. "La directora del centro se dio cuenta de que la gente de ese pueblito pequeño, seguro y maravilloso, estaba muy enojada con la irrupción de cientos de negros y musulmanes", cuenta Verhulst. "Ella consideró que el problema era que la gente no se conocía entre sí y le propuso a un grupo de escritores dar cuenta de la situación de los refugiados. Ahí es donde aparecí yo. Nunca antes nadie había encontrado a una persona tan segura de que la literatura sirviera para algo como ella. Fue conmovedor." Durante cuatro días, en diciembre de 2001, Verhulst se instaló en el lugar. Como resultado, publicó un artículo en la revista literaria Deus Ex Machina y la novela.
¿Por qué una ficción en vez de una investigación periodística? "Porque quise mostrar las emociones que me atravesaron al estar allí, más que los datos objetivos", dice Verhulst. Y hace una pausa antes de agregar: "Las emociones te obligan, además, a escribir de un modo honesto. Apenas conocí estas historias supe que no había otro modo de contarlas. Si hacés eso, te exponés, dejás claro que no sos un ser maravilloso y adorable sino incómodo. Pero es mejor hablar con honestidad a no contar el dolor que vive esta gente por años, hasta que en general es deportada."
Se crió en las calles y en hogares de tránsito a partir de los 14 años, luego de que su madre lo abandonase y su padre muriese por problemas con el alcohol. Los únicos tres libros que había en su casa eran uno de pornografía (escrito por Louis Paul Boon, que se convirtió en uno de los preferidos de Velhurst), otro sobre la historia de la monarquía belga y una biografía de Elvis Presley. Trabajó como pizzero, como guía turístico, como limpiador de pisos en las iglesias. Así aprendió que la literatura no es sólo un asunto intelectual.
"Maqsood no dormía para no soñar con los policías que le abrieron el estómago a machetazos. Así que jugaba un deporte de raqueta llamado bádminton. Me pasé dos noches jugando con él. Era invierno, hacía frío pero era preferible eso a estar en la misma habitación que Igor, un ucraniano ex boxeador profesional, cuya calma te hacía temer lo peor." El pedido de Igor de ser residente belga fue rechazado con una carta que el grandote no entendió porque nadie le enseñó a hablar neerlandés.
Velhurst también es autor de cuentos breves y poemas. Hotel Problemski será llevada al cine como otro libro suyo, La desgracia de las cosas. Adora a Nick Cave, a Tom Waits, a Johnny Cash. Se confiesa un compulsivo del trabajo de escritura. Cuenta que su próximo libro está basado en un cuadro de James Ensor llamado La llegada de Cristo a Bruselas. "Al fin alguien a quien se le abren las puertas", bromea. Con esa misma mezcla de mordacidad y ternura habla de personajes en diáspora obligada, permanente. <