Tiempo Argentino

Edición: 16 de Abril de 2014 | Ediciones Anteriores

16 de Abril de 2014

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Imágenes en tiempo presente de personas y lugares del pasado

Cuando se estaban por cumplir 150 años de la invención de la fotografía, el reconocido fotógrafo decidió encarar su propia investigación. Su trabajo, realizado antes de la existencia de la cámara digital, fue reunido en Gente en su Casa.

Por:
Ivana Romero

Los vemos. Nos dicen: aquí estoy. Esta es mi casa. Este es mi televisor, mi heladera, mi mueble. Esta es mi blusa más nueva. Ahí arriba está la foto de mis padres. Elegir ese lugar, esos zapatos, esa camisa. Elegirse y quedarse quietos, muy quietos durante un tiempo tan fugaz como interminable. Eso hacen estos retratos fotográficos. No hay relajación ni envaramiento. El tiempo alcanza para confirmarlos. Están allí, son ellos. Para siempre",  escribe Aída Bortnik en el comienzo de Gente en su Casa.
Se trata de un libro de fotografías que Andy Goldstein (fotógrafo, diseñador gráfico, docente) tomó hace 25 años y que sólo se expusieron una vez, en la fotogalería del Teatro San Martín, que por entonces dirigía Sara Facio.
En su libro, Goldstein cuenta que en 1984, cuando se estaban por cumplir 150 años de la invención de la foto -en 1839 Louis Daguerre había dado a conocer la técnica que denominó "daguerrotipo"  para la obtención de imágenes sobre una superficie de plata pulida, que revolucionó la técnica fotográfica en ese momento? decidió encarar su propia investigación.
Entonces trató de imaginar lo que debió haber supuesto para la gente, en las primeras épocas de la fotografía, la posibilidad de ser retratada. Tomando el concepto de aura del filósofo Walter Benjamin (esa experiencia de distancia que, según el pensador alemán, se resignificaba ante los avances técnicos de un capitalismo que permitía reproducir todo aquello que hasta entonces había sido único, como las obras de arte) y la obra del antropólogo social Erwin Goffman, Goldstein se preguntó unas cuantas cosas. ¿De qué modo se "presentarían" hoy (bueno, entonces, a mediados de los '80) las personas ante la cámara, si el fotógrafo intentara no alterar la escena? ¿Cuál sería la estética social, cuáles las costumbres que se pondrían al descubierto? ¿Mostraría cada grupo un patrón común? ¿Existiría un mandato cultural específico que lo llevara a presentarse ante la cámara de tal o cual forma? Estas fueron algunas de las preguntas que el fotógrafo se planteó. Así es como eligió fotografiar a gente de distintos grupos: entre ellos, a víctimas de una inundación en Santa Fe, a psicoanalistas, a porteros de Palermo Chico y a bailarines.
Además, estableció como acuerdo que el modelo elegía dónde y cómo posar y cuándo el fotógrafo debía accionar el obturador;  también que la pose debía durar más de un segundo, pero que el  fotógrafo elegía el punto de vista. El resultado quedó, tras la exposición en el San Martín, guardado entre sus archivos personales. Sin embargo, hace un par de años comenzó a escanearlos. En el medio pasaron modas, tecnologías, costumbres, crisis económicas, gobiernos,  técnicas fotográficas que incorporaron lo digital y así, también, reconfiguraron los modos de mirar e, inclusive, los modos de tomar una foto.
El libro, editado por La Marca, comienza con una dedicatoria curiosa: "A mis modelos, quienes hace 25 años aceptaron generosamente posar para este libro, sin saber cuánto iba a tardar en editarse." Han pasado muchos años de gente. La trompa de un Renault estacionado en la puerta y vislumbrado tras una cortina, las carpetas tejidas al crochet, unas cajas PAN apiladas en el fondo constituyen, ahora, vestigios de una época que ya no es del todo. Y junto a esos detalles conviven otros  (un perro, las fotos de un hijo, un crucifijo) que probablemente seguirían ahí, si las fotos hubiesen sido tomadas estos días. Y es que en todos los tiempos las personas quieren contar quiénes son, y buscan el lenguaje apropiado para hacerlo, que no siempre son las palabras.
Ahí están, también, las asimetrías sociales, los contrastes entre una pequeña empleada doméstica de 12 años que vive entre chapas y un analista que posa entre helechos y adornos de plata. Los fotografiados tomaron muchas decisiones sobre lo que querían contar de sí mismos y, sin embargo, algo que hace valioso este trabajo es, además de su calidad estética, el registro de aquello que está fuera de control, esos gestos incidentales que revelan tanto de una persona como el entorno del lugar donde vive.  <