Tiempo Argentino

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1 de Agosto de 2014

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La justicia investiga el suicidio de una agente del Servicio Penitenciario

Silvana Verbauvede trabajaba en la Unidad 47 de San Martín y estaba separada. Entró uniformada con otros tres guardias a la casa de su ex pareja y se llevó a su hija a punta de escopeta. Luego apareció ahorcada en Moreno.

Por:
Juan Diego Britos

El lunes 25 de julio el fuerte temporal había dejado sin luz al Barrio Las Catonas de Moreno, al oeste del Gran Buenos Aires. A oscuras, Pablo Gordano -camionero, de 26 años- abrazó a su hija Alma, de cuatro, para que la nena se tranquilizara. Trataban de dormir cuando el muchacho escuchó la frenada de un auto que patinó en la puerta de la casa de Plutarco 5752, donde se había mudado luego de su separación. Pablo se levantó para ver qué ocurría, pero antes de que pudiera abrir la puerta, alguien entró y lo apuntó con una escopeta: era Silvana Verbauvede, su ex pareja, que escoltada por un compañero de trabajo, comenzó a insultarlo a los gritos.
"Dame la nena", dijo Silvana, vestida con el uniforme del Servicio Penitenciario Bonaerense.
Pablo intentó alzar a su hija pero fue reducido por un segundo agente, al que se sumaron otros dos uniformados, que entraron a la habitación con armas largas y con violencia.
"Intenté defenderme -recuerda Pablo, con las manos llenas de grasa en el living de la casa de Patricia, su madre- pero me empujaron al piso y me rociaron con gas pimienta."
La escena la completaba el móvil del SPB -patente HYW 819-, que media hora antes había partido desde la Unidad 47 de San Martín, donde los cuatro guardias cumplían funciones. A ese auto subieron a la pequeña Alma, que no entendía lo que pasaba con sus padres ni con los hombres que llevaban escopetas.
Alma iba con su madre, Silvana, rumbo a la Comisaría 8ª de Moreno.
Sin comprender qué motivó a su ex pareja para secuestrar a su hija de su casa, Pablo se visitó rápido, tomó su auto y siguió a su hija, que viajaba en el asiento trasero de un móvil preparado para el traslado de detenidos, no de una menor envuelta en un conflicto intrafamiliar, testigo involuntaria de una escena propia de otras épocas, cuando los miembros de las fuerzas de seguridad del Estado entraban a las casas sin autorización judicial para secuestrar a los militantes políticos en tiempos de la dictadura militar.
"Los perseguí -añade Pablo- hasta la comisaría. Cuando llegué, dos de los compañeros de Silvana estaban en la puerta con las escopetas y ella adentro con la nena. Los policías no podían creer lo que pasaba."
Pablo hizo la denuncia y aportó el número de teléfono (4729-5163), del cual había recibido una amenaza dos horas antes del brutal ataque.
"Cornudo entregá la nena -le había dicho una voz masculina- que te vamos a caer ahí, gato."
En la comisaría, los agentes de la Bonaerense trataban de explicarles a los penitenciarios que la irrupción en la casa donde Pablo intentaba de dormir junto a Alma había sido ilegal. Pero uno de los guardicárceles, teléfono celular en mano, estaba preocupado en impedir una investigación.
"Si llaman de la comisaría -repetía el guardia sin importarle que lo escucharan- no atiendan y que digan que el móvil está ahí y que cubran la zona."
Pablo estaba desesperado. Golpeado y sin ánimo de enturbiar aun más la situación que perturbaba a su hija, decidió dejar partir a su ex mujer. Después regresó a ordenar la casa y se acostó a dormir. Pero no pudo pegar un ojo en toda la noche.
 ACOSO TEXTUAL. Los días siguientes al ataque, Pablo trató de tranquilizarse pero la relación con Silvana se había tornado imposible desde la entrada de la chica al SPB.
"Se volvió violenta -confiesa el camionero- y retaba a los nenes como si fueran presos. Creía que se llevaba el mundo por delante y tuvimos problemas porque me golpeaba."
Patricia conocía a su nuera desde que la joven tenía 14 años. Siempre trató de que la relación entre su hijo y Silvana fuera buena por sus nietos pero la joven tenía un carácter difícil y era complicado tratar con ella.
"Cuando me enteré lo que había pasado -repite Patricia con los ojos llenos de lágrimas y la voz a punto de quebrarse- fui a la cárcel para hablar con los jefes. No podía creer que un móvil saliera con cuatro agentes y que nadie hiciera nada. Fui el martes 26 de julio y me atendió el prefecto Roberto Arancibia, subdirector de Asistencia y Tratamiento de la Unidad Nº 47 de San Martín".
Según Patricia, Arancibia era el amante de Silvana y quien autorizó la salida del móvil con el que los cuatro penitenciarios fueron a la casa donde Pablo vivía luego de su separación, cuando le dejó su casa a Silvana para que ella no tuviera que irse junto a los dos hijos de la pareja.
"Les dije -recuerda la mujer- que las cosas no iban a quedar así. Y que el Ministerio de Seguridad se iba a tener que hacer cargo del daño psicológico causado a la nena, a mi hijo y a toda la familia. No podía creer que estos tipos hicieran lo que quisieran y nadie los levantara en peso."
Pero la respuesta, que no tardó en aparecer, fue la menos esperada. Silvana comenzó a mandarle mensajes de texto a Pablo pidiendo que retirara la denuncia porque sus jefes habían comenzado a presionarla. Con el escándalo en puerta, las autoridades penitenciarias cortaron la cadena de responsabilidades por el eslabón más delgado: el miércoles 27 de julio, Silvana fue separada de su cargo, mientras que sus tres cómplices -identificados como Chazarreta, "El Chavo" Chávez y Madariaga- siguieron trabajando.
"La separaron sólo a ella -se lamenta Pablo- y no la protegieron. Jamás tendrían que haber dejado que saliera en el móvil e hiciera lo que hizo. Los otros guardias seguían trabajando como si nada, mientras ella me perseguía para que levantara la denuncia. Pero no lo hice porque lo que había hecho era demasiado grave."
 
TRÁGICO FINAL. El jueves 28 de julio una noticia sacudió a la familia Gordano: Silvana se había suicidado en su casa, ahorcándose con una soga, agobiada por la situación laboral que atravesaba. Según Pablo, un preso escuchó cuando los jefes le decían a la chica los problemas que iba a tener si su marido no levantaba la denuncia.   
"Esa manga de sinvergüenzas -denuncia Patricia a los jefes de la Unidad Nº 47- son los culpables. Mi nuera no estaba bien (NdR: Silvana había tenido dos intentos de suicidio anteriores), pero estos tipos no hicieron nada para ayudarla: ¿Mirá si la chica se va a robar un auto y llevarse a tres superiores con ella? Desde que se metió en esa mierda de trabajo la arruinaron y dejaron a mis nietos sin madre. No los voy a perdonar."
La causa quedó a cargo de la Fiscalía Nº 9 de Moreno, a cargo de Mariano Navarro, que abrió dos expedientes: uno por el suicidio de Silvana, caratulado Averiguación de causales de muerte, y otro para investigar la actuación del personal del SPB. El próximo martes van a declarar los testigos que vieron cómo los guardias entraron a la fuerza a la casa donde Pablo estaba junto a su hija.
Silvana, una morocha linda, de ojos aindiados y pelo lacio, había conocido a Pablo a los 14 años. A los 19 quedó embarazada de Rafael, su hijo más grande; luego llegó Alma Loreley pero la relación conyugal se había quebrado. Ella jamás permitió que él reconociera a los chicos. Por eso la familia Gordano inició una causa por filiación. Hace un mes que Pablo no ve a sus hijos, que además de perder a su madre, no visitan a sus abuelos paternos. <