
Por:
Alberto Daneri Periodista y escritor.
Fue inspiradora la actitud de la presidenta. Todos vivimos, a cualquier edad, una crisis constante en la que debemos decidir si crecemos o perecemos. Ella la sufrió hace poco más de un año y salió. Luego, en un mundo donde un líder tiene que ocultar cualquier conjetura de debilidad, expuso su enfermedad y se operó. Si bien ya lo había hecho Chávez (quizás obligado, al elegir aplicarse la quimioterapia en Cuba), otros líderes (Mitterrand, Fidel Castro) actuaron con ambigüedad, encubriendo sus males en una nebulosa para no reducir su poder. Cristina "a más de un gil dejó de a pie", como canta Tita Merello. Y relegados por su franqueza, los medios hegemónicos decidieron vituperar a sus médicos. Quisieron echarla a los leones, pero con una leve verónica taurina -mostrar su cuello- los hizo pasar de largo y fueron ellos los que cayeron a un pozo negro. Pero las magras seseras de sus escribas y los loros insistentes de la tele idearán algo nuevo, hundida su revelación divina de que los Kirchner se iban en 2009.
La votaron porque tiene una obra para exhibir y un modelo para acrecentar. La cacofonía declarativa entre la oposición y los medios monopólicos es notoria. Sin embargo, ningún malintencionado va a cerrar la puerta de la esperanza que abrió su reelección. Su visible capital político fue y es decir la verdad: estamos saliendo del pantano, no fuera de él. Su capacidad irrita a los restauradores del proyecto vendepatria de los '90. Y perdida ya toda dignidad, cada día bajan un peldaño más. Los agita la envidia, el deseo de hacer daño. Se quedaron con las ganas de brindar "¡Viva el cáncer!", como en 1952 con Evita. Qué duro para esa gente rica que tiene tristeza, según la definió su máximo obsecuente. Les duele que la presidenta sintonice con las necesidades populares, como antes lo hizo Kirchner, sin rebajar los estándares sobre Derechos Humanos o de trabajadores. ¿El secreto? Obras. Si sobre 76 mil obras públicas Perón realizó 70 mil en el interior del país, ella también revivió a las provincias. De allí su 54 por ciento.
Los reptiles nunca retraen sus colmillos. Tiraron su mordedura a la operación presidencial y se quedaron danzando ridículos en el aire. Para ellos, o Cristina compra carteras o exhibe impúdica su herida. Nada los conforma. Menos aún, que encubra con hidalguía las cicatrices de su alma, al vivir sin su compañero. Decía Shakespeare: "El tiempo no puede hacer falso lo que antes era verdad." Porque la verdad nunca es vieja, y de un modo u otro siempre sale a flote: la operación resultó necesaria. Por supuesto, un líder lo es de la cabeza hasta los dedos de sus pies, apetece el poder. Pero si es hábil, no lo busca a costa de la verdad. El alud de previsiones económicas negativas ("fin de un ciclo") lleva nueve años. Juegan con dos mazos de naipes: criticar al gobierno y defender a las corporaciones. Pero el mundo exterior revela un neoliberalismo impiadoso.
Mientras España tuvo en 2011 un déficit del -8% y se predice para el 2012 un -7, la Argentina gozó un superávit del 8,9% y el desempleo bajó al 6,7 por ciento. ¿Algún multimedios lo mencionó? No hubo patrióticos alaridos de alegría. Siguen alertando que vamos camino al abismo. Señores: si esto es un abismo el resto de Europa ya se despeñó en el Cañón del Colorado. Ustedes continúan describiendo otra película. Ese cansino martillear querría helenizar a la Argentina, aunque los vaticinios agoreros se marchitarán en su garganta. La recesión sojuzga al planeta y seguirá. Rajoy insiste en España en un déficit cero para el 2020. No lo logrará; menos con nueve años de hambre y huelgas. Podría haber un coletazo local si no crecemos el 6% en 2012, si bien en la Unión Europea darían un brazo por ese superávit, pues varios no tendrán ninguno. Se decretó en la UE que su déficit fiscal no podrá superar el 0,5% del PBI y esa ley deberá incorporarse a la Constitución. Adiós a la soberanía. Quien no lo cumpla sufrirá sanciones: el 0,1% de su PBI para incrementar el fondo común. Una evidente cláusula erigida por el FMI y esa hegemonía bancaria y financiera que hoy gobierna el mundo globalizado y desoye el reparto igualitario de los bienes. ¿No será hora de desglobalizarlo?
Ningún político inteligente formularía una política sólo para los obreros, los empresarios o la clase media. Eso desuniría. A menudo, en ámbitos propios y ajenos, algunos seudoexpertos lo postulan. Persisten en plantear temas errados y en discutir problemas irreales. Y conflictos mal planteados hallan soluciones inútiles. Argentina exporta carne, soja, granos, vinos. La meta es el superávit e incluir. Y algunos no conciben que, pese a tanta buena vecindad, ciertos países cercanos estarían felices de hallar la ruta para su desarrollo, aunque esto afecte a nuestro país. Tampoco a los EE UU les interesa que todos los países logren el mismo nivel de progreso. Ya designó como socio a Brasil. Lo pernicioso es no entender que, para cuidar cierto piso de inclusión, todos deben ceder algo. De allí se parte hacia arriba. El riesgo del discurso agresivo del sindicalismo (aunque tenga razón) es que excluye negociar. Para desterrar las relaciones carnales y que EE UU planifique (como aquí hasta 2002 y ahora en la UE) el futuro de naciones que no le pertenecen, son ineludibles las alianzas internas.
A los Kirchner no se les perdona que amenazaran la forma de dirigir las cosas de los poderes concentrados. Los dueños de esas palancas del poder tiemblan. En el nido de culebras de la política (abarca a opositores y a parte del modelo), las intrigas para ganar posiciones de avaros golosos de mando y dinero están a la orden del día. Los opositores buscan subir la tensión anunciando tarifazos (que interiormente aplauden), y suplican beneficios para la doliente patronal. Otros, jurando apoyar este proyecto, olvidan las relaciones de fuerza y exigen aumentos para su quintita sin mirar el contexto. La presidenta no les enseñará la otra mejilla a los que desean apretarla. El lema debe ser: nos salvamos todos o ninguno. La batalla con las sempiternas fieras que sólo piensan en su bolsillo será ardua. Y para vencer regirá una tesis de Mao: "Luchar, fracasar, volver a luchar, fracasar de nuevo y luchar hasta la victoria." Deberían recapitular que Cristina, cuando la creían derrotada en 2009, escribió su propia Odisea, ese gran libro de Homero que relata un largo viaje de regreso. Y retornó triunfal.
No es inusual oír en un negocio alusiones de ambos sexos a "la yegua". Quien esto escribe los invita a respetar a la Mujer. Lo hace utilizando un refrán de su abuela siciliana: "Habiendo niñas en la cuna, no hablar mal de ninguna." Más de uno se calla, avergonzado. Es que tenemos en cuenta a Hamlet: "Guárdate de entrar en querella, pero una vez en ella, haz que tu rival se guarde de ti." Y sonriendo evocamos Romeo y Julieta, donde dice Shakespeare: "Como blanca paloma que camina entre cuervos, así se distingue esta dama. Ella les enseña a las antorchas a brillar." ¿Alguna vez sus enemigos lo admitirán? Lo dudamos.<