Tiempo Argentino

Edición: 22 de Mayo de 2012 | Ediciones Anteriores

22 de Mayo de 2012

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Le rompió la muralla

cuarta victoria. China fue un rival durísimo para Las Leonas, que quebraron el cero con un nuevo córner corto de Barrionuevo y definieron el partido con otro golazo de Luciana Aymar. La Selección ya está en semifinales.

Por:
Natalia Florio

Vamos por el cuarto escalón", anunciaban las chicas antes del partido, como habían advertido antes del primero, del segundo y del tercero. Paso a paso, palo a palo se hizo el recorrido de Las Leonas en Rosario. Y así, al séptimo día de competencia, descansó en su gente y en el letal córner corto de Noel Barrionuevo para clasificarse, a una fecha del final de la fase de grupos, para las semifinales del Mundial.
La advertencia previa era propia, partía de la boca de las propias jugadoras argentinas: no había que confiarse, no había que confundirse por el flojo arranque de China en este Mundial, con dos derrotas y una victoria. La advertencia recorrió los propios cuerpos y provocó lo indispensable: una estrategia. Las Leonas debieron mantener la calma y jugar el penúltimo partido de la primera ronda con paciencia oriental, haciendo oídos sordos a la expectativa externa y desoyendo, también, la propia ansiedad por ir con todo al ataque para alegrar los corazones. Costó. La paridad en el juego y en el resultado generó enojos y broncas, protestas y algo inusual en el equipo argentino: dos tarjetas verdes -dos minutos fuera del campo por cada amonestación- para Luciana Aymar.
Sentada en el banco, Lucha multiplicaba su ansiedad. Y en cada reingreso se encendía como nunca, o como siempre. De todas maneras, no fue ella la que le dio la cuarta victoria al equipo argentino. Fue la solidez defensiva, la buena ubicación en los espacios libres para rotar la bocha y la capacidad de salir de la aymardependencia, ya que -como nunca en este Mundial-, la Maga tuvo una marcación no sólo áspera, sino multitudinaria.
Dos jugadoras chinas la siguieron cada vez que su palo se acecó a la redondita. Incansables, duras, recias, físicas, las asiáticas se empecinaron en no dejar jugar a la mejor del mundo. Apareció, entonces, Soledad García. Acompañó, pues, el equipo, la garra, la mística de unas Leonas que no dejan de sorprender, de generar emociones.
Almas no en pena. La multitud demostraba que los de afuera, en el hóckey, no son de palo. Jugaban, claro, encendían la esperanza. Los corners cortos no daban frutos, hasta que Noel Barrionuevo clavó uno en el ángulo y rompió la red. Necesitaron de una repetición en video para confirmar que había entrado, que ese agujero en el arco no era cuento chino. Realidad pura. Verdad argentina. Locura desatada.
Las chinas se soltaron, conscientes de que necesitaban de una victoria para seguir con chances. Se lanzaron al ataque, dejaron huecos, dejaron demasiado: Lucha acompañó la bocha con el revés, con la cara interna, con todo, con sus ganas y las de las 12 mil Leonas y Leones que estaban en las tribunas, y avanzó entre doce piernas para definir por abajo de la arquera rival, para festejar el 2-0 que hizo olvidar el frío y apagó, por un rato, todo el viento, antes de sentarse en el banco a recibir los abrazos de todos, los aplausos de todos, antes de descansar un rato más, a reírse de sus piruetas y a llorar -ella, todos- de la emoción. <