
Por:
Martín Piqué
Seguiré trabajando como siempre con el mayor de los compromisos, y les agradezco todo lo que puedan hacer por la Argentina. Les pido a todos ayuda, no para mí, sino para este país." En su primera aparición pública tras el anuncio oficial que informaba que el 4 de enero será operada de un carcinoma papilar en la tiroides, la presidenta Cristina Fernández agradeció las muestras de afecto y pidió responsabilidad ante la crisis económica internacional. El mensaje, en el que se la notó suelta y de buen humor, estuvo dirigido a los empresarios pero también a los sectores asalariados, a quienes les dedicó un largo párrafo. "Una sola persona no puede, aunque trabaje 24 horas, aunque ponga su salud al servicio del país", advirtió Cristina desde el atril del Salón de las Mujeres del Bicentenario, en el primer piso de la Casa Rosada.
En su primera actividad tras el comunicado que informaba sobre su dolencia y su licencia por enfermedad, la mandataria puso en funciones la nueva etapa del programa de desendeudamiento provincial (ver p. 4). También le puso presión al jefe de gobierno Mauricio Macri, a quien le reclamó que se "haga cargo" de la administración de los subtes a partir del 1º de enero (ver p. 6). Escoltada por 16 gobernadores y un representante de la provincia de Tierra del Fuego, como también por buena parte de su Gabinete, la jefa de Estado se mostró ante el auditorio rodeada de los dos miembros de la sucesión presidencial. Por supuesto, estaba Amado Boudou (el vice enrojeció cuando la mandataria, con una sonrisa, le dijo "guarda con lo que hacés"), pero también se sentó allí la presidenta provisional del Senado, la tucumana Beatriz Rojkés.
Antes de comenzar su discurso, Cristina escuchó en silencio el largo y sostenido aplauso que le dedicó el salón. A ambos costados la flanqueaban -aparte de Boudou y Rojkés- el ministro del Interior, Florencio Randazzo; el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina; el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, y el canciller Héctor Timerman. Los demás ministros -salvo Julio De Vido, ausente por razones personales-se habían ubicado atrás de los gobernadores. Tras la firma del acta de refinanciación, la presidenta se acercó al micrófono y comenzó a hablar de los servicios de deuda, como si nada hubiera sucedido en las horas previas.
En la primera fila la observaban los diputados Andrés Larroque, Eduardo "Wado" De Pedro, Carlos Heller, Carlos Kunkel y José María Díaz Bancalari; los senadores Miguel Pichetto y Marcelo Fuentes; el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray; la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, y el vicegobernador bonaerense, Gabriel Mariotto. En ese sitio de privilegio también se sentaron el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno; la secretaria de Comercio Exterior, Beatriz Paglieri; el viceministro de Economía, Axel Kicillof -en la previa se la pasó conversando con Marcó del Pont-; el jefe de asesores de la jefatura de Gabinete, Lucas Nejamkis, y el secretario de Justicia, Julián Álvarez.
A pesar del contexto particular del acto -todo el mundo estaba esperando que dijera algo sobre su salud, como finalmente hizo-, Cristina no se movió un centímetro de la agenda que viene planteando desde su reelección. Así volvió a hablar de "sintonía fina", planteó que había que preocuparse por garantizar "la sustentabilidad del modelo" y les exigió a gobernadores e intendentes que cumplan en informar la "totalidad de empleados provinciales y municipales" que tienen bajo relación de dependencia. Luego llegó el turno de uno de los temas más sensibles: la puja distributiva y su conflictivo desarrollo en un año signado por la crisis.
"Quiero pedirles a todos los argentinos, en este momento especial, colaboración. Y pido un poco de solidaridad a todos aquellos que han logrado tener buenos ingresos", comenzó la presidenta. Cristina mencionó entonces las diferencias que existen dentro de la clase trabajadora. Habló del 10% de los asalariados que perciben el 28% del total de la masa salarial, y enseguida advirtió que otro 10% recibe apenas el 1,3%. Su advertencia incluyó una crítica para aquellos "sectores laborales" que utilizan "la presión" para "obtener privilegios". "¿Están peleando por derechos o peleando por privilegios? Porque es bueno tener derechos pero no privilegios, porque así esos sectores se convierten en aristocracias", cargó.
Con el titular de la AFIP en primera fila, quien esta semana calificó un paro de cinco días de los trabajadores de su área como "una medida desproporcionada", la presidenta incluso detalló los montos que recibe el 10% mejor remunerado de la población trabajadora. "Son salarios que van desde un piso de 6500 pesos hasta un máximo de 40 mil", subrayó. Pero los planteos no fueron sólo para el sector asalariado. Cristina también dedicó una advertencia a los empresarios. Los acusó de apelar a mecanismos de presión para intentar llevarse "rentas extraordinarias". El párrafo al sector empresario incluyó además un fuerte cuestionamiento a los hombres de negocios del rubro energético: dijo que habían invertido poco, y que eso obligaba a importar combustible, lo cual resentía la balanza comercial.
Antes de despedirse, la mandataria instruyó a todos los presentes con una recomendación que despertó un aplauso generalizado. "Nosotros vamos a seguir como siempre lo hemos hecho. Haciéndonos cargo de las cosas. Porque a la gente no le interesa que le contemos los problemas, sino que los resolvamos", adoctrinó.<