
Por:
Roberto Caballero Director.
Discutimos bastante en Tiempo Argentino esta decisión de salir a la calle con un póster de la Virgen en su día. Hay una cultura progresista y laica que identifica la religiosidad, aun la popular, con cierta defección en el camino a la redención humana. A los que suscriben a esta idea, la Iglesia-Estado les dio y les da argumentos permanentes para afirmarse en este prejuicio: la Inquisición, la complicidad de sus jerarquías con la última dictadura y hasta el intento constante de convertir sus dogmas -todos respetables- en los del conjunto de una sociedad integrada también por mayorías que apoyan el divorcio, el matrimonio igualitario y hasta la despenalización del aborto, son algunos de los más habituales. Sin embargo, tomar la parte por el todo es el camino más corto al error. La espiritualidad, sea cristiana, judía, musulmana o evangélica, existe más allá de todo en el corazón de los pueblos. El marxismo duro que le atribuía cualidades opiómanas terminó convertido en una teología tanto o más soporífera que la que criticaba. Y hasta Einstein reconoció que cada vez que la ciencia abría una puerta, detrás de ella aparecía Dios. Las revoluciones cubana, sandinista y también la bolivariana reconocieron en el cristianismo un aliado posible para construir sociedades más justas. Quizá, porque el Sermón de la Montaña resume las aspiraciones emancipatorias de toda la condición humana, con tanta belleza y hondura que enceguece, a la vez que ilumina. La idea de multiplicar panes y peces es la base de un humanismo ético que trasciende los templos, que se puede hallar en el guevarismo. El castigo divino a los mercaderes configura un tratado contra el egoísmo y la codicia, presente hasta en el anarquismo. Y compartir el pan y el vino es un amoroso acto simbólico de igualación social. Como se ve, no hay contradicción entre estos valores religiosos y las políticas incluyentes que este diario defiende. "Paz, Pan, Trabajo, el Fondo al carajo" fue la consigna de la CGT ubaldinista que se reunía en San Cayetano para resistir la injusticia social. Admonitoria, por cierto: la Argentina mejoró todos sus índices cuando dejó de seguir las recetas del FMI.
Les decía: discutimos bastante la decisión de homenajear a la Virgen desde nuestras páginas. Pero nosotros hacemos un diario raro. Distinto a todos. Queremos ser el diario de las mayorías sociales, a las que sabemos sepultureras del viejo orden conservador. Nos sentimos parte de esa pelea. Y creemos, por sobre todas las cosas, que la alianza entre los diferentes que se da por abajo es la que realmente define lo que va a pasar arriba. Tampoco subestimamos la historia nacional: el argentino es un pueblo mariano. San Martín hizo jurar al Ejército de los Andes ante la Virgen del Carmen. A ella se encomendó para iniciar el cruce de la Cordillera, llevando los aires de la revolución anticolonialista a Chile y Perú. La de Luján, la del Rosario, la del Valle, la de Schoenstatt, la Desatanudos, son sólo algunas de las que movilizan multitudes. Imposible resignarnos a no comprender estos fenómenos. Nos inclinamos respetuosamente, entonces, ante la convicción de lo sagrado de los millones que construyen, desde diferentes vertientes y creencias, una patria para todos o para nadie.
Claro que entre todas las vírgenes posibles, elegimos una en especial: la Virgen de la Memoria. La única que acepta que las Madres de Plaza de Mayo, de las que nos sentimos hijos, le pongan su pañuelo en la cabeza cuando van a misa. Es la María campesina, embarazada, ocre y rebelde de la Iglesia de la Santa Cruz, de los padres pasionistas, de la calle Estados Unidos 3150, en el barrio de San Cristóbal. Allí comenzaron las primeras reuniones de los resistentes a la dictadura. Allí también se infiltró el Judas Alfredo Astiz para señalar a sus futuras víctimas: un 8 de diciembre de 1977, fueron secuestradas Esther Ballestrino de Careaga, Mary Ponce de Bianco, Azucena Villaflor (fundadora de Madres) y las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon, entre otras. La historia se conoce como El calvario de la Santa Cruz. En esa iglesia, bajo la mirada de la Virgen de la Memoria, nacieron la APDH y el Movimiento Ecuménico de Derechos Humanos (MEDH). En 2005, fue declarado sitio histórico. La entonces senadora, actual presidenta, Cristina Kirchner, estuvo sentada en los bancos del fondo durante la emotiva ceremonia. Hoy, a las 18:30, se recordará a las víctimas con una ofrenda religiosa. Mañana podrán leer la crónica en Tiempo Argentino.
Hubo otra Iglesia que en los años del genocidio no fue cómplice. La que mantuvo un oído puesto en el pueblo y otro en el Evangelio, como pedía Monseñor Enrique Angelelli. La de Ponce de León y la de Carlos Mugica.
Por eso el póster. Humildísimo, pero lleno de sentido, a la Madre de Madres. Dedicado a los que creen -a los que creemos- que el Paraíso hay que buscarlo en la Tierra y no en el Cielo.
Bienaventurados, entonces, los que siguen amando al prójimo como a uno mismo.<