Tiempo Argentino

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22 de Mayo de 2012

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El manejo de la información: Dios los cría y Zvorykin los amontona

Clarín y el medio que fuere tienen todo el derecho de evaluar como quieran a tal o cual gobierno. Lo que no pueden hacer es disfrazar su propio criterio editorial de noticia o información, porque de esa forma violan un derecho consagrado por la teoría y el cuerpo jurídico internacionales.

Por:
escritor y profesor universitario., Víctor Ego Ducrot Periodista

Qué semana difícil esta para decidirse por un tema que le dé vida y alma a mi texto de los miércoles! Lo confieso: no fue el frío el responsable de la incertidumbre; lo fueron sí la indoblegable persistencia de quienes día a día nos someten con sus títulos y peroratas televisivas, y los conocidos de siempre, que pueden proclamarse políticos de oposición gracias a una palabra que usó por primera vez Constantin Perski, allá por 1900, y se hizo realidad tangible tal cual la entendemos hoy por obra y gracia de un invento adjudicado al ruso Vladímir Kozmich Zvorykin.
Pero me demoraré unos párrafos antes de entrar en tema, sepan disculparme. Las prácticas periodísticas del Grupo Clarín siguen caminando por la cornisa de la ilegalidad. Fíjense por ejemplo el título de primera plana del diario del domingo pasado, primer día de este agosto que comenzó con aires gélidos provenientes de la Antártida: "La Rural criticó el autoritarismo y la soberbia oficial".
Si la intención de Clarín hubiese sido informar a sus lectores, las posibilidades semánticas eran varias. Por ejemplo, La Rural acusó al gobierno de autoritario y soberbio; o Para Biolcati el gobierno es autoritario y soberbio; o simplemente Duras críticas de la Rural contra el gobierno. Las variantes sobraban y de hecho le sobran a cualquier medio que pretenda informar a sus usuarios acerca de la realidad que elije como narrable, a la vez que ejercer el legítimo derecho de valorarla o calificarla, proceso que algunos denominamos de carga o intencionalidad editorial.
Sin embargo, Clarín no tiene ningún interés en informar. Simplemente utiliza los enormes recursos empresariales de que dispone para cumplir con un único objetivo: imponer al conjunto de la sociedad su propia lectura de la realidad, por supuesto funcional a los intereses económicos, financieros y políticos del grupo corporativo; y para ello disfraza a la opinión simple y llana  con ropajes de información.
Decíamos recién que los medios de comunicación tienen todo el derecho del mundo a adoptar posicionamientos políticos; postular lo contrario no sólo sería antidemocrático sino proponedor de lo imposible, porque no existe práctica comunicacional alguna, no se conoce acto humano alguno, que sea imparcial, que no tome partido por tal cual opción, por tal o cual valor. El problema radica en el encubrimiento, en el sigilo y en la nocturnidad -los mismos métodos empleados por el terrorismo de Estado para asesinar, torturar y desaparecer- con que los medios hegemónicos desarrollan sus actividades: el título de Clarín que nos ocupa no informa sobre lo que dijo Biolcati del gobierno, sino que presupone la aceptación de sus adjetivos como "verdad", a la vez que se hace cargo de los mismos, y los comparte.
Y reiteramos, Clarín y el medio que fuere tienen todo el derecho del mundo de evaluar como quieran a tal o cual gobierno; lo que no pueden hacer es disfrazar su propio criterio editorial de noticia o información, porque de esa forma violan un derecho consagrado por la teoría y el cuerpo jurídico internacionales: el de todas y todos los ciudadanos, y de todas las sociedades como tales, a informar y ser informados.
Y cuando se viola un derecho, el  violador cruza la frontera de la legalidad, como lo hizo otro medio del Noble Grupo, el canal de noticias TN, a lo largo y a lo ancho de su cobertura de la famosa "crisis del campo", con que las patronales agropecuarias intentaron destituir al gobierno de Cristina Fernández. En aquella oportunidad, el Observatorio de Medios de Argentina, dependiente de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), elaboró un informe según el cual TN equiparaba los discursos de las cámaras empresariales con las voces oficiales de Estado, proponiendo así la deslegitimación del mismo. Como decíamos, se trata de corporaciones muy duchas en transgredir la ley y cometer delitos contra la Constitución Nacional, pues ni siquiera pestañean ante al concepto de lesa humanidad.
Pero, como dicen los pibes, me parece que me fui de mambo, o por lo menos de tema. Porque hoy quería referirme a los políticos nominados por Constantin Perski, el primero en utilizar la palabra televisión, y puestos en acto por Vladímir Kozmich Zvorykin, el inventor del tubo de rayos catódicos, es decir de la tele.
¿Habrán sabido esos señores que gracias a la todopoderosa TV -y a otro abanico de condiciones históricas que sería un exceso tratar en esta misma edición-, que de alguna y última manera, gracias a ellos los argentinos sufrimos la existencia de políticos que tienen mucha menos existencia real que un tubo de dentífrico, que un jabón para lavar la ropa, que un paquete de fideos, que un teléfono celular o que una cuenta bancaria, por solo citar algunos de los productos de mercado que en los últimos días constaté entre los más anunciados por medio  de nuestras pantallas de televisión?  Me imagino que no, que no lo sabían; que Perski y Zvorykin debieron ser buenos tipos, que ni idea tuvieron del mal que nos acarrearían sus inventos.
Atribulado por considerar que las coberturas periodísticas de la guerra de Vietnam habían contribuido al "resquebrajamiento moral del frente interno" estadounidense, lo que a su entender motivó la derrota de Washington, Henry Kissinger inauguró eso de convocar a intelectuales y académicos neoconservadores y progres postmodernos por igual, con el fin de que estudiasen y propusiesen líneas de acción para disciplinar a las organizaciones políticas y a los medios oligopolizados en orden a los intereses económicos corporativos, la perversa Trinidad de la que hablaba el periodista Mauricio Funes, actual presidente de El Salvador, de cara a los nuevos escenarios políticos que se avecinaban en el mundo.
Los políticos de la perversa Trinidad deberían apropiarse de los partidos con tradición popular (toda invocación al menemismo no es casualidad) o ser creados por el aparato mediático, de la misma forma que son estimulados el deseo y la necesidad de tal o cual pasta dentífrica, de tal o cual celular, de tal o cual banco o de tal o cual jabón para lavar la ropa. Deberían ser partidos y dirigentes sin partido ni dirigidos, sólo dispondrían de teledirigidos; descalificarían las prácticas enraizadas en las respectivas tradiciones políticas concretas, y para ello contarían con los minutos que fuesen necesarios en las pantallas de le tele hegemónica.
Y pregunto. ¿Se imaginan que sería de Carrió, de Macri, de Francisco de Narváez y de los tantos otros y otras que andan por ahí en cuanto canal de televisión tienen a mano, sin la vigencia de esa concepción kissingeriana? Será por eso que tales personajes rinden semejante pleitesía a la Rural, la gran descalificadora de las prácticas democráticas de la historia argentina. Ellos y ellas sabrán por qué. Nosotros también. <