
Por:
Eduardo de la Serna
Un nuevo muerto nos enluta. Es algo revulsivo y lamentable. Nada vale lo que vale una vida. Pero frente a este hecho absolutamente lamentable, y del que espero que se haga justicia, me surgen unas preguntas:
Joaquín Morales Solá parecía "desear" un muerto entre los periodistas, para poder mostrar cómo este gobierno persigue a tan egregia e inmaculada profesión.
La izquierda, como siempre, grita, protesta, y se levanta, buscando muertos por los que después "llorar" y reclamar levantando también ellos sus banderas. Obvio: "el muerto" queda allí, en el medio, mientras los impolutos reclaman justicia y exigen que se calme el dolor interminable de los muertos que ellos mismos -quizás- provocaron.
Hay un muerto (y hubo muchos otros, y seguramente habrá más). Mi pregunta es si lo que se reclama es "justicia" realmente, o si lo que se reclama es cuestionar a este gobierno (al anterior o al que venga), sin que en el fondo nos importen Fuentealba, Kosteki y Santillán, Ferreyra o Montoto, porque lo que nos interesa verdaderamente es que este (o el otro) gobierno mate, o poder achacarle a este (u otro) gobierno sus muertes, para tener razones que levantar.
En lo personal, lamento totalmente la muerte de Ferreyra y espero que se haga justicia real y los responsables terminen en la cárcel; pero por otro lado, estando el PO en el medio, lamento creer que el PO está celebrando, y que Ferreyra fue un peón del ajedrez que entregaron (como las tomas en la facultad de Sociales) mientras "juegan a la política, antes de tener su próxima tarjeta de American Express y ser gerentes de multinacionales".